martes, 22 de noviembre de 2022

Del mundo de la criminalidad, en realidad, sabemos muy poco - El extraño caso de Hermann Klein. Serie Steinberg. Javier Quirce, escritor.

 

El trabajo de comercial vitivinícola llevó a Javier Quirce por medio mundo. Viajes y experiencias que constituyen buena parte del material de su escritura. Fascinado por las grandes ciudades, cree que ellas son el escenario idóneo para ambientar el género negro. La tercera novela de la serie, tras El extraño caso de Hermann Klein, y La sombra sobre Shanghai, titulado El sueño de Akira Kimura lleva a su protagonista, el detective Juan Steinberg a Japón. "Del mundo de la criminalidad sabemos muy poco", afirma en su canal de Youtube, "quizá lo conozcan mejor algunos atrevidos y los periodistas de investigación, nosotros sólo podemos vislumbrarlo a través de algunas lecturas".  


La novela negra, último refugio de la narración o la mejor manera de hacer crítica social.

La novela negra era sin duda la forma más eficaz, sincera y honesta, dentro de sus giros, sus tramas retorcidas y sus frases lapidarias, la mejor forma que tenía de desarrollar lo que tenía pensado escribir, en dónde por supuesto abunda la crítica social, además de reflexiones morales y políticas.


Has planteado una serie completa y llevas tres escritas. Una forma de asegurarte que el lector continúe.

La tercera estará publicada muy pronto y se van sabiendo más cosas sobre el detective protagonista Juan Steinberg, lo que genera expectación en el lector.


Hong Kong fue el detonante pero la columna vertebral son las megalópolis. 

Me atraen las grandes ciudades porque las veo apasionantes y llenas de misterio y de ambientaciones de novela negra.



La promoción es el nuevo desafío para un autor.

Sin duda, tanto o más como escribir y absolutamente necesario para darse a conocer en los tiempos actuales. 


Qué sorprende a tus lectores. 

Novela negra con tintes paranormales y las ambientaciones llaman mucho la atención.


Recomiéndanos algún autor español de novela negra.

Manuel Vázquez Moltalbán padre del género en España, luego le seguimos los demás.


La Serie Steinberg se encuentra en la plataforma Kobo. 




miércoles, 16 de noviembre de 2022

Las cicatrices del alma no hay quien las borre - Delirio, Natalia M. Alcalde, escritora

 

Los elogios se suceden en las redes sociales a propósito de la primera novela de la escritora mexicana, Natalia M. Alcalde: Delirio. Alcalde había publicado anteriormente cuentos y artículos de investigación en las revistas Ágora, Colegio de México (COLMEX), Uffizi Magazine y Double Clic de la Fundación Juan March pero esta es su primera publicación de largo aliento. "Una apabullante novela negra en la que violencia, crítica social y realismo mágico se mezclan con maestría", en palabras de su editorial. Los lectores, por su parte, saben que las grandes potencias literarias en lengua española son actualmente Colombia, Argentina y México, todo lo que sus autores escriben merece una atención especial.


Primera novela y género negro, por qué en este género.

Pienso poco en el género cuando estoy escribiendo. Para mí antes viene la historia. Con Delirio, primero aparecieron los personajes y tuve que pasarme un rato conociéndolos, luego se fue desarrollando la historia que ellos querían contar. Finalmente, cuando tenía la novela escrita de principio a fin, la leí y me pregunté ¿Esto qué es? Descubrí que se trataba de una novela negra. Me gusta trabajar así, sin someter mi imaginación a las limitaciones del género. 

Ya después, cuando lees y descubres tu obra en papel es cuando entiendes ciertas cosas. Te entiendes a ti misma (es como si fuera un proceso terapéutico). Hoy, viendo en retrospectiva, comprendo que Delirio formó parte de un momento muy específico de mi vida. Lo escribí cuando volví a España después de haber pasado un año en México, regresé enojada, sintiendo muchísima impotencia y desesperación ante la situación de violencia que se vive en el país; los índices de impunidad son tremendos, la inseguridad que viven las mujeres es apabullante, y nadie en el gobierno parece querer hacer nada para cambiarlo. Ese enojo se vio transferido a mi literatura y, naturalmente, surgió una novela negra. 


Un hito reciente en el género han sido las mujeres escritoras. 

Yo no veo eso de ser mujer y escribir novela negra como algo raro. 

Las mujeres siempre hemos estado presentes en el género negro. No podemos pensar en la historia de la novela negra sin nombrar a Patricia Highsmith, y ¿qué me dices de Joyce Carol Oates? Y más recientemente Gillian Flynn, que es genial y está muy loca. No podemos dejar fuera a Agatha Christie, que es la escritora más conocida del género policiaco y del thriller.  

Por cierto, Agatha Christie ha sido clave en mi vida, por una cuestión de familia. Mi abuela materna tenía todos los libros de esta autora (heredó ese amor por la novela de misterio, policiaca y de terror de su madre). Yo me acuerdo mucho de ir a su casa y encontrarla leyendo y releyendo libros de Agatha Christie o de Stephen King; ella se sabía el desenlace de cada historia de memoria. En sus últimos días olvidó el nombre de sus familiares, pero seguía conociendo bien quién había sido el asesino de cada uno de los libros de Agatha. Quizá habrá sido por eso que, a mí, la idea de ser mujer y escribir o leer novela negra, no me parece una contradicción, todo lo contrario, es algo natural, es la literatura que he tenido cerca desde niña y, muchas veces, escrita por una mujer. 

Por otro lado, creo las mujeres en Latinoamérica, a lo largo de la historia, hemos tenido una condición más de testigo que de actor social. La historia ha pertenecido a los hombres (y en gran medida les sigue perteneciendo) y no porque nosotras queramos que sea así, sino porque nos hemos visto relegadas al hogar y silenciadas. Entonces observamos, somos testigos de la forma en que el género opuesto ha creado, desarrollado contratos sociales, políticos, judiciales, que son protegidos por ellos mismos a través de instituciones, empresas. Nosotras hemos sido testigos de la historia, testigos de la forma en que se han erigido sociedades, testigos de las guerras, casi siempre lideradas por varones. En el caso de México, somos testigos de la violencia ejercida por los cárteles, encabezados por varones. Aunque cada vez estemos más involucradas en la acción social, lo cierto es que sabemos ser testigos. La mirada del testigo, de quien ve desde fuera, suele ser inmensamente valiosa y objetiva. 

En el caso de Delirio, Renata representa ese papel del testigo que lo observa todo desde cerca, pero se ve maniatada, silenciada y no tiene forma de solucionar la situación, a ella no le queda más remedio que escribir. 


Un buen puñado de billetes, ¿compra una nueva vida?

No sé si compre una nueva vida o no. En la historia, Kika buscaba salir a como dé lugar de la prisión en la que terminó viviendo, escapó de ahí con un bolso púrpura en el que cargaba fajos de billetes. Ella buscaba dar reset a su vida y empezar de nuevo, lejos del sufrimiento gris que le robó el optimismo. 

De haberlo logrado, hubiese sido capaz de edificar un nuevo hogar junto a su madre, de vivir tranquila, en Oaxaca, su estado natal. Sin embargo, hay cosas que se quedan en la memoria y que no hay cómo suprimir. De haber logrado escapar, probablemente, ya al caer la noche, incluso en ese nuevo hogar, se sentiría abrumada por el trauma. Las cicatrices del alma, esas no hay quién las borre, y a Kika la lastimaron mucho. 


Parece que se ha renovado el interés por el tarot.

¿Será una nueva tendencia hacia el rechazo de la ciencia? ¿La caída de los dogmas religiosos? ¿La necesidad de tener certezas en este mundo cada vez más incierto? Probablemente sean todas estas cosas o ninguna de ellas, no lo sé.  

Para mí, el tarot no es algo tan enrevesado o extraño, es un lenguaje simbólico (visual). Tiene esa aura mística que hace que mucha gente lo mire con aprehensión y lo juzgue, no hay nada que descalificar o temer. Cada una de las cartas en el mazo refleja momentos típicos de la vida de toda persona. De hecho, los arcanos mayores en orden narran a la perfección la secuencia del “Viaje del héroe” que Joseph Campbell describe en su libro El héroe de las mil caras. O sea, la estructura que seguimos casi de forma inconsciente para relatar cualquier fábula, historia o mito, está también reflejada de forma visual en el tarot. 

Además, yo digo mucho que la versión Rider-Waite ilustrada por Pamela Colman Smith, que es el típico tarot que más se conoce, es una enciclopedia de símbolos. Símbolos que si estudias, después vas al Prado, o a otros museos, y te los encuentras por todos lados. 

Como anécdota, yo no viajo a ningún lugar sin mi tarot. Y en los aeropuertos cuando paso seguridad, por alguna razón siempre me detienen por el mazo de cartas y las revisan. Es muy curioso cómo cuando me pasa eso en España los oficiales se ríen y casi que me piden que les tire las cartas, en México, al contrario, se asustan muchísimo. Yo en ambos casos disfruto. 

En fin, es que me puedo pasar días hablando sobre Tarot, pero lo que quiero comunicar es que sirve para varias cosas, es un lenguaje visual, una herramienta terapéutica o meditativa, y hasta te ayuda a saber más en términos histórico artísticos. Como dice Jorge Drexler en una de sus canciones: “La máquina la hace el hombre y es lo que el hombre haga con ella”. No hay que tenerle miedo a las cosas, sino a la forma en que las personas usan esas cosas. 


Recomiéndanos algún autor de género negro, también en lengua española. 

Tengo una debilidad por la literatura latinoamericana, creo que tenemos mucho que contar. Me encanta el descaro con que los escritores latinoamericanos se divierten rompiendo convenciones del lenguaje.  

Así que recomendaré a una autora, ya que hablamos sobre la mujer escribiendo negra, que escribe de una forma casi imposible, ella sí que se salta todos los tratados del español con su literatura y el resultado es siempre exquisito, maravilloso, es una de mis favoritas: Los divinos de Laura Restrepo.


Delirio 
Natalia M. Alcalde 
Editorial Cuadernos del Laberinto




jueves, 10 de noviembre de 2022

La historia ha de ser el anclaje pero la ficción debe prevalecer siempre - La ciudad de las vanidades, Francisco López Porcal, escritor

 


Francisco López Porcal es autor de La ciudad de las vanidades. López Porcal de formación filólogo, es miembro de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios y en esta entrevista reflexiona acerca de si La ciudad de las vanidades puede ser considerada una novela histórica o más bien novela de época. En la Valencia de principios del siglo XX, la familia Llombart se ve inmersa en los cambios que una pequeña ciudad experimentará hasta convertirse en una metrópoli moderna y diversa. López Porcal había publicado con anterioridad, Atrapados en el umbral también en la editorial Sargantana y es autor del ensayo, La Valencia literaria desde el espacio narrativo. "Valencia es una ciudad muy literaria, con mucho imaginario, explicaba en una entrevista reciente, y hay todavía mucho material para narrar".


La ciudad de las vanidades es tu última novela y trata sobre una familia valenciana que a principios del siglo XX ha de adaptarse, junto a su ciudad, a la modernidad. Cuáles serían las peculiaridades valencianas frente a las que también experimentaron Bilbao o Madrid en ese mismo proceso de modernización.  

Las similitudes de Valencia con otras ciudades españolas son grandes. Madrid por ser capital de España, tuvo la influencia directa de Carlos III y de Isabel II. Si bien, la Gran Vía se convirtió posteriormente en la reforma necesaria para derribar callejuelas estrechas y antihigiénicas. Bilbao con su Ensanche, la canalización de la ría y las obras del puerto exterior inició su crecimiento más allá de la ciudad antigua de las Siete Calles. Si Sevilla aprovechó la Exposición Iberoamericana de 1929 para modernizarse dado su atraso en servicios básicos, Barcelona tuvo su desarrollo urbano entre dos Exposiciones Universales, la de 1888 y la de 1929. Lo refleja muy bien Eduardo Mendoza en su novela La ciudad de los prodigios.

De igual modo, Valencia encontró en la Exposición Regional de 1909 y Nacional de 1910 su gran ocasión para entrar en la modernidad, reclamando ante el Estado una visión de futuro para igualarse a Madrid y Barcelona, y a otras ciudades europeas. La capital del Turia necesitaba abandonar su imagen decimonónica y rural y abrazar las nuevas corrientes del nuevo siglo XX. La modernista calle de la Paz y la nueva plaza de San Francisco, hoy del Ayuntamiento, nacida de los derribos del barrio de pescadores, nido de prostitución y proxenetas, son un claro ejemplo de ello. Negarse a la modernidad, era sucumbir a lo obsoleto, como le ocurrió al industrial sedero Daniel Llombart, protagonista principal de La ciudad de las vanidades.


Atrapados en el umbral fue tu primera novela. Al escribir la segunda, La ciudad de las vanidades a qué nuevo desafío te enfrentaste. 

El mayor desafío era crear una trama ágil, como creo que así ha sido a juzgar por los lectores. La anterior Atrapados en el umbral es en el fondo una novelización de un ensayo, concretamente del capítulo cuarto de mi Tesis doctoral, cuya versión reducida fue publicada por la UNED-Valencia en 2018 bajo el título de La Valencia literaria desde el espacio narrativo. Atrapados en el umbral sería una novela de tesis, nunca mejor dicho, con numerosas digresiones que quizá pueden oscurecer el hilo narrativo. No ocurre así en La ciudad de las vanidades, con unos personajes bien dibujados, donde la historia del relato fluye de manera intrigante y sobre todo bien definida.



La novela histórica ha de guardar un equilibrio entre documentación y una trama no ahogada por los datos. Cuál sería el buen hacer del escritor en este sentido.

La ciudad de las vanidades está catalogada dentro del género histórico, aunque tiene elementos costumbristas, por lo que puede calificarse también de época. La novela comienza en una especie de realismo mágico, dado que los dos personajes que introducen el relato, verdadero corpus de la novela, la historia de la familia Llombart, pertenecen a épocas distintas. Su diálogo se convierte en algo maravilloso que convive con lo cotidiano. Ambos personajes, Maurice Clichy, contemporáneo, y doña Manuela, siglo  XIX, iniciarán el relato para desaparecer y volver al final. Una novela dentro de otra novela.

El buen hacer del escritor es procurar que la historia sea solo el anclaje, para que la ficción prevalezca siempre. De lo contrario estamos cayendo en un manual de historia y ese no es el objetivo.


De todos los personajes de La ciudad de las vanidades, cuál ha impactado más al lector. 

El más impactante ha sido Daniel Llombart. Su vanidad y su soberbia irritan al lector. Por otra parte, destaca, la sensatez y la nobleza de su hijo Pablo, antítesis de su padre. También me ha sorprendido el impacto que ha tenido la figura de Carlos Palanca, un personaje hecho así mismo. Hijo de una familia de huertanos que aprovecha las oportunidades que le brinda la vida y asciende socialmente. Su habilidad y sus dotes empresariales superan a las de su suegro Daniel Llombart, quien solo le dedicó un desprecio tras otro porque su linaje no estaba a la altura del estatus familiar de los Llombart. La eterna desavenencia entre la ciudad y el campo, la burguesía y el campesinado, dos maneras diferentes de entender la vida.


Al trabajar un tema desde el ensayo o desde la ficción, qué hay que decidir, por así decir, a la hora de sentarse a escribir. 

Que uno no interfiera en el otro. Son dos ámbitos distintos.


Blasco Ibáñez es, quizá, el escritor valenciano más universal.

Siempre he dicho que más allá de Blasco Ibáñez hay vida. El carácter universal y popular del autor de Cañas y barro ha oscurecido a muchos escritores todavía invisibles para el gran público, tanto en castellano como en valenciano. Tampoco es muy conocida la narrativa valenciana más allá de nuestras fronteras regionales, incluso para los propios oriundos. Pero merecen atención escritores de la talla de Manuel Vicent, Miguel Herráez, Carlos Aimeur, Marta Querol, María García-Lliberós, Javier Alandes, María Beneyto, Juan Gil-Albert y una larga nómina en castellano. Pero también, Joan F. Mira, Ferran Torrent, Vicent Josep Escartí, Josep Lozano, Rafa Lahuerta, Frederic Martí Guillamón y otros. Todos ellos y muchos más han creado una visión caleidoscópica del amplio como desconocido imaginario de la Valencia de todos los tiempos. Una ciudad de grandes contrastes, extrovertida, festiva y mediterránea, individualista y enfrentada, pero también con episodios oscuros y tenebrosos en su evolución social y política.


Francisco López Porcal
Editorial Sargantana





lunes, 24 de octubre de 2022

2 de noviembre, presentación de Flores. El esplendor de la tierra en la Librería Juan Rulfo de Madrid

 




"Las flores nos enseñan que hemos de florecer - a pesar de que el esplendor será breve-, nos invitan a a hacer cosas maravillosas, nos consuelan y dan alegría a nuestro corazón".

El próximo 2 de noviembre presenté en la Librería Juan Rulfo de Madrid, mi libro Flores. El esplendor de la Tierra. Estuve acompañada del escritor y paisajista Manual Gómez Anuarbe y de la editora, Alicia Ares.

Puedes ver el evento grabado aquí:  https://www.facebook.com/LibreriaJuanRulfo/videos/1560277301138618                                              

Puedes escuchar una entrevista en KissFM https://www.kissfm.es/2022/11/10/flores-el-esplendor-de-la-tierra/

Puedes leer en la revista El Asombrario una referencia sobre Flores. 

Librería Juan Rulfo


domingo, 16 de octubre de 2022

La poesía es la búsqueda de la belleza - Tratado de Dióptrica de Alberto Wagner y Pedro Lecanda

 


Alberto Wagner Moll y Pedro Pedro Lecanda Jiménez-Alfaro han escrito un poemario al alimón, Tratado de Dióptrica. El lector, como se explica en esta entrevista, no sabrá al leer los poemas la autoría individual de los mismos. La obra es conjunta y se presenta con este desafío a quienes se acerquen a ella. La entrevista se realiza a uno de los dos autores de este composición singular, Alberto Wagner Moll que había publicado con anterioridad el poemario Jaima (Ars Poética, 2018) y es colaborador en la revista Trépano, de la editorial Ojos de Sol. Wagner fue, además, galardonado con el segundo premio del certamen literario «Florencio Segura», 2018. Pedro Lecanda, por su parte, ha publicado Artes escritas en la Toscana (Sapere Aude, 2021), el poemario De Gravedad y Gracia (Ars Poética, 2018). 

Ambos son colaboradores habituales en medios digitales como Fil&co, ElCuaderno o Epojé. Ambos convocaron a otros artistas, los fotógrafos que ilustran los poemas. 


¿Qué va a encontrar el lector en Tratado de dióptrica? Un título que puede llevar a confusión y que esconde un poemario y un álbum de fotografías.

En Tratado de dióptrica el lector va a encontrar, sobre todo, una propuesta artística que gira en torno a la reinterpretación y la influencia. La dióptrica es el estudio de la refracción de la luz, es decir, la ciencia que observa cómo la luz se fragmenta en los objetos. Así pues, nos parecía que podíamos encontrar una similitud entre la refracción de la luz y la partición del arte en multiplicidad de objetos diversos. Los poemas se construyen a partir de las imágenes, las cuales, a su vez, se escogen a partir de textos. El juego es constante, como ocurre con la luz. Al llamarlo “Tratado” buscábamos recordar a las obras de la edad moderna, que, además de obras científicas, eran piezas artísticas y teológicas. La luz siempre se ha identificado con el elemento material más cercano al espíritu, por lo que también parece apropiado asimilarla al arte. 


Un libro colaborativo, en el que habéis participado dos poetas y cinco fotógrafos. ¿Cómo surgió el proyecto y cómo se hizo posible?

Lo curioso del caso es que, realmente, solo Alberto mantiene una relación personal con todos los artistas que han colaborado en el libro. Creemos que en el arte se establecen relaciones que van más allá de lo personal o individual. Por este motivo, la dinámica de influencias no tiene por qué identificarse con dinámicas existentes en la vida cotidiana. 

Por otro lado, esta obra nace a partir de una colaboración primaria entre Alberto y Pablo Estrada. Empecé a escribir textos breves a modo de pies de página a sus fotos y, viendo que el resultado era bueno, comencé a extenderlo a otros artistas. La incorporación de Pedro fue posterior y sirvió para arrancar de cuajo la asimilación que podía darse entre poesía y Alberto, cosa que queríamos evitar.


Los dos habéis publicado poesía con anterioridad pero en Tratado de dióptrica  el autor individual cede su lugar en favor de la obra. El lector no sabe qué poemas son de uno o de otro, ¿a qué se debe esta invisibilidad?

La intención de anonimizar el texto es, en primer lugar, la de estimular una valoración más despersonalizada por parte del público. Cuando sabemos quién es el autor que ha escrito el texto tendemos a establecer un prejuicio valorativo, ya sea positivo o negativo. Eso, en cierto modo, contamina a la poesía como tal. Nosotros queríamos evitar eso y depuramos la autoría con el objetivo de que únicamente se apreciara la poesía que había dentro.       


   

Habéis definido Tratado de dióptrica como un rizoma que busca infinitamente una nueva versión de su belleza. 

El rizoma es un concepto que empleó Deleuze para hablar de realidades que no se desarrollaban uniformemente, siguiendo un patrón prestablecido, sino que crecían y aumentaban rompiendo los esquemas prefigurados. El arte es, por esencia, ruptura. Incluso el arte imitativo, cuando es bueno, supera a su referente, le añade nuevas notas o recoloca las ya presentes. Como al hablar, que podemos prever, pero nunca adivinar, qué quiere decir la otra persona, cuando dos obras de artes se influencian entre sí el resultado no puede ser nunca presupuesto. Eso es lo que queríamos significar al hablar de rizoma.


¿Cómo definirías la poesía?

La definición de la poesía, como la del arte, es una tarea inacabable e infinita. Sin embargo, creo que su base fundamental, su nota característica, es que la poesía es la búsqueda lingüística de belleza. Aunque haya cambiado el concepto de lo bello con el paso de los siglos, sigue permaneciendo esa atracción que genera. La belleza es la impresión atractiva que genera un objeto en nosotros. La poesía es la búsqueda de esa impresión a través de las palabras.


Últimamente parece que la poesía goza de muy buena salud, ¿a qué crees que es debido?

Creo que la poesía, por su brevedad y su atención a los sentimientos humanos, encaja mejor con una generación más proclive al consumo masivo de obras y más centrada en su individualidad. Este impulso puede deberse, curiosamente, a una egolatría de fondo; adoración de la vida propia en de la realidad circundante. Sin embargo, la poesía alcanza sus cotas más altas cuando, a partir de esa concreción particular, interpela a un público universal. El relanzamiento de la poesía, debido a motivos egoístas, podría ser el punto de partida de una nueva empresa poética que, justamente, señale el camino para sobrepasar el individualismo.


¿A qué poetas admiras?

Si tuviera que quedarme con unos pocos poetas, creo que señalaría a Bécquer, como estímulo primario, a Jorge Riechmann por el acercamiento a la poesía actual y Antonio Gamoneda, por ser, para mi, la cota máxima de la poesía actual.


Alberto Wagner y Pedro Lecanda 
Editorial Cuadernos del Laberinto




domingo, 9 de octubre de 2022

Mis colaboraciones en otros medios de comunicación

 





        





                                                                   El Asombrario, médicos poeta  Puedes leerlo aquí



                                                    El Asombrario, mercados de esclavos Puedes leerlo aquí 



                                      El Asombrario, club de lectura medioambiental. Puedes leerlo aquí





Sección "El libro de mi vida" 


Vida Nueva. Excentricidades para la contemplación. Puedes leerlo aquí.







jueves, 6 de octubre de 2022

Club Lectura Parque Conde de Orgaz - Temporada otoño-invierno 2022

 


El Club de Lectura Parque Conde de Orgaz comienza nueva temporada.

El horario de la mañana es de 10h. a 12h. 

 Lecturas anteriores de la temporada mayo y junio.

 Puedes leer aquí un resumen de todas las reuniones anteriores del grupo de mañana

 Puede leer aquí un resumen de todas las reunionesdel grupo de tarde



17 de noviembre, La carretera de Cormac McCarthy. Un poema de José Antonio Muñoz Rojas. 

En nuestra última reunión del mes de noviembre, leemos La carretera, una novela breve de uno de los grandes escritores norteamericanos vivos. La carretera es una distopía de un mundo arrasado y muerto en el que un padre y su hijo pequeño viajan en busca de un lugar cálido en el que por fin poder vivir mejor.

Durante nuestro encuentro, nos dividimos entre quienes creen que no existe tal mundo al que llegar y refugiarse y quienes creen que sí, que el viaje de ambos tiene algún destino mejor al que llegar.

En general, coincidimos en que el final, por así decir feliz, es demasiado abrupto y que el escritor no ha tenido el cuidado, como sí ha venido haciendo con otros aspectos como la enfermedad del padre, de dar alguna pista que indicara que podía acabar con cierta esperanza para el niño.

Nos preguntamos si era necesaria, a pesar de que es una novela de apenas doscientas páginas, tanta repetición de situaciones en las que se nos muestra cómo acampan al aire libre, cómo arrastran un carrito de acá para allá o la lluvia y la ceniza que acompañan todo el tiempo a los personajes.

Leemos en voz alta algunos párrafos que consideramos casi poéticos, como el de las truchas que cierra la narración y especulamos acerca de si el anciano que encuentran por el camino está construido a imagen del profeta Elías, aquel que llevaba el fuego y dieron de comer los cuervos. Elías anunciaba la llegada de un mesías y quizá esa nueva oportunidad la represente el niño de esta novela.

En este infierno por el que deambulan un hombre y su hijo, nos impresionan la violencia y el salvajismo desatados y la advertencia de cuánto tenemos que perder si este mundo nuestro deriva al espanto que se nos describe en La Carretera. 

Un detalle nos llama la atención, quizá para ubicar la narración y es que encuentran una lata de cocacola que el niño prueba por primera vez como si fuera una golosina. La pesadilla, puede decirse, de La Carretera sería una gran pesadilla americana. 

Para finalizar leemos un poema de Antonio Muñoz Rojas, del que en nuestra reunión anterior habíamos leído otro poema.



Señor que me has perdido las gafas,
por qué no me las encuentras?
Me paso la vida buscándomelas
y tú siempre perdiéndomelas,
me has traído al mundo para esto,
para pasarme la vida buscando unas gafas,
que siempre están perdiéndoseme?
Para que aparezca este tonto
que está siempre perdiendo sus gafas,
porque tú eres, Señor, el que me las pierdes
y me haces ir por la vida a trompicones,
y nos das los ojos y nos pierdes las gafas,
y así vamos por el mundo con unas gafas
que nos pierdes y unos ojos que nos das,
dando trompicones, buscando unas gafas
que nos pierdes y unos ojos que no nos sirven.
Y no vemos, Señor, no vemos,
no vemos Señor.


De Objetos perdidos (1998).






3 de noviembre, Infiel de Joyce Carol Oates y Pan y Lusus Naturae de Margaret Atwood. Un poema de José Antonio Muñoz Rojas. 

En nuestra primera reunión del mes de noviembre ponemos en común dos cuentos que definen bien el universo de escritura de cada una de sus autoras. El primero de ellos, Infiel de Joyce Carol Oates es nuestro preferido y destacamos en él, la manera en la que Oates juega con el lector dándole pistas que conducen a posibles diferentes finales. Sólo al conocer el desenlace, sabemos cuáles conectan con él y cuáles se suceden con doble sentido para mostrarnos que hubo una "verdad" para las niñas protagonistas y el pueblo, y lo que ocurrió realmente y que nadie supo, excepto el marido y su víctima.

¿Qué podía haber hecho una mujer atrapada en un matrimonio violento en la América profunda de los años 20? Es una pregunta que nos hacemos en la reunión. ¿Qué hubiera cambiado en la vida de las hijas si poco antes de fallecer todo lo que creían que había ocurrido con su madre, cuando ellas eran muy pequeña, fue una mentira organizada por su padre?

Leemos algunos párrafos en voz alta en donde destacan la maestría de Oates, una escritora que parece tener un caudal inagotable de personajes e historias y que ha publicado una obra abundantísima. 

De nuestra segunda autora, Margaret Atwood conocemos El cuento de la criada que varios asistentes han leído o también la serie de televisión basada en él y que tanto éxito le ha dado. De Atwood leemos dos relatos: Pan y Lusus Naturae que definen su universo, episodios siniestros con toques de humor, víctimas de la irracionalidad, utopías sociales inquietantes. 

Nuestra protagonista, una niña con algún tipo de enfermedad rara, es una víctima de las supersticiones y el miedo de su propia familia y el pueblo en el que vive. Incluso el sacerdote ejerce como una figura a corriente de lo que una comunidad atemorizada cree que es poco menos que un enviado del demonio, en lugar de apelar a la razón y a la compasión en sus fieles.

Este relato, más conectado con lo sobrenatural o la magia, que desata una caza de brujas contra una niña nos lleva a reflexionar sobre la vigencia en nosotros de la creencia en  fenómenos fantásticos al margen de la razón. Si son posibles estos comportamientos en nuestras sociedades hipertecnificadas y si lo que ha escrito Atwood es el proceso de creación de leyendas sobre de vampiros, hombres lobo, brujas, etc. cuando no existía la ciencia para llamar a la cordura entre la gente. 

Para finalizar leemos un poema de José Antonio Muñoz Rojas.




La dicha, qué es la dicha? (La palabra
no me hace feliz, dicho de paso). Yo diría
que es sencillamente ir contigo de la mano,
detenerse un momento porque un olor nos llama,
una luz nos recorre, algo que nos calienta
por dentro, que nos hace pensar que no es la vida,
la que nos lleva, sino que nosotros somos
la vida, que vivir es eso, sencillamente eso.

20 de octubre - La amaba de Anna Gavalda y un poema de Gioconda Belli. 

En octubre, nuestra segunda reunión del mes está dedicada esta temporada, a una novela breve y en esta ocasión a La amaba de la escritora francesa Anna Gavalda, un éxito que alcanzó el número uno en ventas en más de veinte países y que la dio fama internacional. Gavalda fue conocida en todo el mundo gracias a esta narración acerca de las separaciones, las oportunidades perdidas y las pequeñas heroicidades en nuestra vida cotidiana.

Coincidimos en que, aunque creíble, llama la atención como lectores que sea el suegro y no los padres por ejemplo, la figura que brinda consuelo a nuestra protagonista cuando es abandonada por su marido por una mujer más joven. ¿El suegro quizá esté prendado de ella? Al principio de la novela pudo parecernos así pero concluimos que no, que sólo le parece una mujer de gran valía pero no está enamorado de ella.

Acerca de cómo se narra esta pequeña tragedia doméstica, elogiamos los diálogos y la sencillez con la que Gavalda describe los diferentes altibajos emocionales de la protagonista y algunas situaciones que nos hacen simpatizar de inmediato con esta joven madre. Chloé llora, habla con ironía o es incapaz de creer lo que le ha sucedido, ella que no sospechaba nada. 

En general, también nos parece que La amaba no tiene en su centro la separación de Chloé sino un hecho del pasado: un hombre que también tuvo una amante a la que quiso pero que abandonó por no atreverse a dar el paso de separarse. Su suegro. 

Leemos en voz alta algunas de las microhistorias que se hallan en la trama principal, un joven que muere sin ser correspondido por su enamorada, una empleada cuyo marido la abandona pero que encuentra tiempo después otro compañero sentimental. 

En la casa de campo en la que transcurre nuestra novela, hay chimeneas y copas de vino que quizá ayuden a la conversación y a las confidencias. ¿La amante de su suegro además de ser muy guapa y ser diez años más joven, qué otras cualidades tiene para que él se enamore de ella? ¿Es sólo la novedad? ¿Es la clandestinidad y lo esporádico? 

Para finalizar, leemos las líneas en las que su amante decide abandonarlo, cuando embarazada, él le pregunta de quién es el niño. 

Para finalizar leemos un poema de Gioconda Belli.


Desafío a la vejez

Cuando yo llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.

Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará -rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.


6 de octubre - La velocidad de los jardines de Eloy Tizón y Mi hermana Elba de Cristina Fernández Cubas. - Un poema de Andrés Neuman.  

En nuestra primera reunión de la temporada otoño-invierno del Club de Lectura Parque Conde de Orgaz ponemos en común dos cuentos emblemáticos, La velocidad de los jardines de Eloy Tizón y Mi hermana Elba de Cristina Fernández Cubas. 

En general, nos ha gustado más el primero que el segundo y comentamos que ninguno encaja en lo que podría denominarse cuento o relato clásico. Esta definición, cuento o relato, nos da pie a preguntarnos sobre las diferencias. Si bien un cuento aludía al género de ficción y un relato se ocupa de hechos verídicos, se puede decir que se emplean indistintamente.

Repasamos también lo que el propio Eloy Tizón ha denominado postcuento, un intento de renovación del género para romper el molde que le encorsetaba hasta impedir su renovación. El cuento  clásico aspiraba a lograr una elaboración perfecta, un final sorprendente, a suprimir todo elemento innecesario. El postcuento se plantea que no hay causa-efecto, que elementos sin importancia pueden incluirse también y que la psicología de un personaje puede reducirse al mínimo. Que quizá crear ambientes es el objetivo por encima de cualquier otra consideración y que los finales pueden ser abiertos o la narración dejar misterios en los significados sin una conclusión definida.  

De La velocidad de los jardines destacamos la atmósfera que es capaz de recrear Eloy Tizón y que para la mayoría de nosotros es familiar: aquel curso, aquel momento, durante los estudios en los que definitivamente pasamos a ser adultos. 

Itinerarios por materias, decidir qué camino escoger con vistas al futuro laboral, comienzan los enamoramientos, nos sometemos a exámenes cada vez más exigentes y vemos a nuestros docentes de manera más compleja, más allá de su profesión. 

La profesora de inglés da a luz a trillizos, el director espera con parsimonia que se desaloje el centro por una amenaza de bomba. El alumno que no es aplicado destaca al fin en algo, aunque sea por apoyar a la alumna expulsada que está enamorada de él. Pequeños acontecimientos que a esa edad lo son todo.

Leemos algunos párrafos en voz alta y destacamos cómo se intercala Platón o las matemáticas en lo que verdaderamente importa a chicos y chicas de dieciséis años: sus compañeros, sus relaciones, los resultados de los exámenes.

A continuación, abordamos Mi hermana Elba de Cristina Fernández Cubas que a diferencia del primero nos parece un cuento que progresivamente se va oscureciendo hasta casi convertirse en algo siniestro. Leemos algunos párrafos en voz alta y discrepamos acerca de si los escondites de las niñas son reales, fruto de su imaginación o metafóricos, si no son vistas porque los adultos simplemente, las ignoran.

El final nos sobrecoge y una narración que había comenzado con un hecho anodino, padres separados que envían a sus hijas a un internado se transforma en una tragedia en la que la pequeña Elba es por así decir, sacrificada.

Para finalizar leemos un poema de Andrés Neuman 

El columpio

Ponte en pie, Sebastián,
dame la mano
y estira bien las piernas.
Serás alto, sin duda,
como yo no lo soy.

Mira: esto es un roble
y sabe crecer fuerte si lo cuidan.

Mira: esos columpios
sirven para volar como los pájaros,
pronto vas a poder montar en ellos.

Mira, hijo, la hierba: ahí duermen a veces
unos hombres cansados que han perdido su casa.

¿Ves que balón precioso de colores?

A esto lo llamamos paseo los adultos.

Detente, Sebastián, descansa un rato,
¡has trabajado tanto esta mañana!

Es difícil, ¿verdad?, permanecer de pie,
uno acaba cayendo de rodillas.

Lo mismo nos ocurre a los adultos.

Pero no seas tu quien llore,
Sebastián, ponte en pie, tenemos tiempo.