lunes, 25 de enero de 2021

Sólo la chacona encierra la vida bona - Miguel de Cervantes y Lope de Vega - Prohibiendo bailar en la Europa del Barroco

 


El poder, ya se sabe, cuando no consigue que el súbdito se avenga a sus razones, recurre, palo en alto a enmudecerlo, a inmovilizarlo. En la Europa barroca, dos danzas traían de cabeza a la autoridad, la chacona y la folía. "Solo la chacona encierra la vida bona", escribía Cervantes en La Ilustre fregona y en El amante agradecido, Lope de Vega explicaba que esta danza  "que ofende el decoroso silencio de las damas", había venido desde las Indias a Sevilla por la posta. Foto: Lully, Chaconne

Sebastián de Covarrubias en el siglo XVII, en su Tesoro de la lengua española admitía que en sí no hay nada malo en bailar y que es necesario para tomar calor y brío... y ya que tomaba la pluma aplastaba algún demonio: es conocido, admitía resignado, que el carácter de las mujeres las incita al baile. Qué le bailaría Salomé a Herodías, se preguntaba estremecido el gramático y capellán de Felipe II, que aquello acabó con la cabeza de un hombre en una bandeja. 

Cuando el poder, ya se sabe, quiere propaganda de lo bien que trata a sus súbditos y lo contentos que están en su reino, se complace en mostrarlos bailando entusiastas.

La chacona en origen, explicaba el crítico musical Stefanno Russomanno procedía de México y al llegar a España se irradió al resto de Europa: "quizá era una danza que bailaba una mujer o una pareja y su coreografía se consideraba muy sensual". Pero allí estaban el catolicismo y el poder absolutista para que la diversión tuviera sus límites. Ya nos divertiremos suficiente en el Cielo, era su mensaje. Pero el danzarín pueblo no entendía por qué no podía divertirse aquí y Allí. 

La incredulidad del argumento de un gran baile celestial a tantos años vista, no surtía efecto y los súbditos ya estaban acostumbrados a que de vez en cuando, les aguaran la fiesta: en 1583, la alegre zarabanda estaba penada con 200 azotes, 6 años de galera para los hombres y destierro para las mujeres. Y esto lo promulgaron los alcaldes, porque el poder según desciende en su escala, como es sabido, es aún más servil y meapilas. 

En 1615, Felipe III suprime la chacona y eso la hizo más popular. En 1626 ya estaba en Francia a través de la literatura para guitarra y en cada migración, explicó Russomanno en el marco de las conferencias que la Fundación Juan March dedicó a estas músicas degeneradas, adquiere connotaciones nuevas. Y estas mutaciones hacen que se adapte a cualquier contexto. De bailada en la calle a la corte aristocrática, de contoneo barriobajero al gusto versallesco.

Sergio Pagán, conductor de Música antigua en Radio Nacional de España, ha dedicado numerosos programas a danzas a las que, aquellos hombres y mujeres que vivían en siglos de epidemias, hambrunas, soberanos de poderes brutales, mentalidades sojuzgadas por el hierro mental del catolicismo y una vida de una dureza física inimaginable; se entregaban con alegría.  

"La chacona", reflexionaba el musicólogo al final de su conferencia, "está de moda. Ha habido una suerte de recuperación con discos y conciertos. Quizá porque es directa, pegadiza, de procedimientos sencillos. Hay algo de chacona, y folía, en el jazz, en la música popular e incluso en el rock con sus giros armónicos repetidos, obsesivos".

"De alguna manera, estas danzas barrocas siguen encarnando nuestras pulsiones y obsesiones que traducimos en sonidos de manera directa y lo hacen con una carga de entusiasmo, son una invitación al disfrute. Creo que podría suscribir aquello que ya escribió Cervantes: el baile de la chacona encierra la vida bona".

jueves, 31 de diciembre de 2020

Parar un mundo - El corazón de los libros, objetos encontrados - Casa del Lector, Segovia

 

Es un desierto circular el mundo,

el cielo está cerrado y el infierno vacío.

          Elegía interrumpida, Octavio Paz.

En Segovia hay una librería atendida por voluntarios, Aida Books que es un proyecto con el que obtiene fondos la ONG Aida. Los libreros son lectores y este pequeño local al lado del Acueducto se convierte en un lugar en el que comentar cómo va la celebración del año Delibes, la vida de María Zambrano en Segovia o si el ebook aventaja al papel. En resumen, se puede charlar con otros lectores cara a cara que como tantas otras cosas reales, se ha convertido en una rareza.  

Los libros donados llegan a veces tan deteriorados que este año decidieron hacer algo con los que son imposibles de vender y se pidió a tres artistas que idearan una exposición con ellos. Hay un gigantesco corazón, libros como pájaros sobrevolando el techo, perfiles de ciudades, un bodegón y grandes collage con los objetos que a modo de marcapáginas los lectores olvidaron dentro.


Mientras Ivanhoe se debate por recuperar su buen nombre, suena el teléfono y el lector detiene el mundo con una vieja fotografía de bordes serrados para atender a un teleoperador que quiere venderle un seguro; en el momento en que Julián Sorel decide que si esa misma noche no toma la mano de la señora Renal se pegará un tiro, el billete de autobús le interrumpe con determinación.

Una hoja de un vulgar almanaque es capaz de hacer que un lector salga a tomar aire fresco huyendo del amoral mundo de Ripley, un anuncio de levadura puede alejarnos sin conmiseración de las súplicas de Anna Karenina para que le permitan ver a su hijo. 

A propósito de los toscos objetos olvidados a modo de marcapáginas, podría organizarse una exposición de mundos interrumpidos. Una muestra en la que, la pura vida imaginada hubo de ser abandonada in media res: la hermosa Sara atravesando los prados para encontrarse con el esclavo polaco Josefov en la montaña, Martin Eden salvando al rico Joseph Morse. 

La Rusia zarista, la Polonia medieval o la Francia elegante quedan a la espera por llamadas de teléfono, paradas de tren, la comida quemándose, la entrega de un paquete o la hora de la cena y como cualquier tiranía, les impone silencio con trozos de periódico, tarjetas de visita, fotografías anodinas, recordatorios cursis de comunión, pedazos de papel basto, servilletas de bar.


La palabra es una poderosa soberana

con un cuerpo pequeñísimo

y del todo invisible

ejecuta las obras más divinas:

quitar el miedo

desvanecer el dolor

infundir alegría 

y aumentar la compasión.

   Gorgias, s. V a C. 



El corazón de los libros

Casa del Lector, Segovia 

Hasta el 24 de enero. Gratuita

 

 

lunes, 28 de diciembre de 2020

Relatos de Navidad - Club Lectura Centro de Arte Alcobendas: Paz Gallego, Cristina Díez, Marcela Meyorín, Marga Olivero y María Díaz


En la última sesión del Club de Lectura de Centro de Arte de Alcobendas nos animamos a compartir relatos navideños y aquí están algunos de ellos.

Una vuelta a los orígenes - Paz Gallego de la Houssaye


Todavía recuerdo una de las ultimas navidades con mi abuela. Un mes, o antes, como todos los años, empezábamos las dos a decorar todos los rincones de la casa, a ella le encantaba la navidad, y me transmitió ese amor desde casi la cuna. Pero a partir de los 8 ó 9 años noté algo diferente en su manera de ver la navidad. 

Es cierto que los adornos , el árbol, etc. eran como en otras casa o en las tiendas, pero había algo mas; a parte de la típica celebración, mi abuela hacia cosas extrañas y decía unas palabras bastante extrañas y desconocidas para mi. 

Cuando quise preguntarle, me respondió que algún día me lo explicaría y lo entendería todo. Y hasta que ese día llegara el olor a velas, plantas e inciensos, y el murmullo de palabras extrañas pero bellas a la vez, me acompañaron durante cuatro años mas, hasta que cumplí  los 13 años, edad a la que dejé de ser niña.

 Solo entonces tuve derecho a saber que las mujeres de mi familia materna procedían de una ancestral estirpe de mujeres sagradas descendientes de los antiguos celtas; cuando todo se regia por los ciclos del sol y dela luna, el pasar de las estaciones y las cosechas. 

Al igual que nosotros, tenían sus fiestas, y la navidad no podía faltar. Claro está que lo celebraban a su manera. Parte de esta festividad la tomaron a su vez de los pueblos nórdicos. Me contó mi abuela que daban inicio desde el festejo del Solsticio  de Invierno, la noche mas larga del año. 

De ellos heredamos el reunirnos en familia en torno a una mesa, los juegos y los bailes; nuestro pastel del tronco de navidad, colocar y adornar un árbol dentro de las casas ¡ y hasta la figura de Santa Claus !. También decoraban los hogares con muérdago y acebo , que según mi abuela traían prosperidad y fertilidad al poblado. 

Al terminar mi abuela de contarme todo esto, entendí muchas cosas, y esta vez pude ayudarla mejor con los preparativos de las fiestas. 

Con la casa llena de velas, adornos y escuchando y cantando villancicos, dimos comienzo a la navidad mas especial de mi vida. 

Desde entonces, cada año, uníamos ambas tradiciones; la cristiana de mi padre y la pagana de mi madre, festejándolas con amor y respeto. 

Ahora que ya no están, siempre será una bonita forma de honrar a mi abuela, a mis padres  y de continuar la tradición con mis hijos.  


 

Des-Cuento de Navidad- Cristina Díez Pulido

 
-¡Ánimo señora!, algo así y a este precio no lo va a encontrar muchas veces.

-No sé, dije entre un mar de dudas. Es que es algo que yo no suelo comprar.

-Esto es canelita en rama, como decía mi abuela. Sabe usted, el bicho este que está en el aire ha hecho que unos productos suban y otros que bajen. Y este es de los que han bajado. Además no hay nada que una más a una familia y ayude más a la comunicación. Se lo digo yo que llevo muchos años en el oficio. Y no me dirá que en este año de sinsabores no lo necesitamos más que nunca…

-Bueno, bueno, contesté empezando a esta más convencida. Es cierto que es un año muy malo y necesitamos un poco de alegría. 

-Se lo pongo, ya verá como no se arrepiente y le cambia el sabor a esta Navidad. Ya me contará como le ha ido con él.

Y a pesar del frío, de la niebla de las gafas, de la asfixia de la mascarilla y el chorro de gel, salí contenta de la tienda con mi jamón en el carrito lista para celebrar la Navidad.

                            


        Contarlo ya es un Cuento…  Marcela Meyorín Lorenzo


Ahora, que lo cuento si que parece un Cuento de Navidad…

La semana antes de la Navidad, el profesor del taller de escritura creativa pidió que escribiéramos un Cuento de Navidad para la semana siguiente… leí todos los apuntes y luego los cuentos que nos envío… alguno de los apuntes decía “todo buen escritor ha escrito un Cuento de Navidad en su vida” …

Yo nunca escribí un Cuento de Navidad, nunca antes…  a medida que pasaban los días y se acercaba el momento, menos inspiración venía a mí… se me habían ocurrido un par de estructuras, ideas inconexas y ninguna me gustaba lo suficiente para sentarme a escribirla. Me senté un día, otro y otro frente al ordenador, llovía, nevaba ahí afuera, pero no lograba escribir nada parecido a un Cuento de Navidad…

No se me ocurría nada… nada de nada… o mejor, se me ocurría que no me gustan los Cuentos de Navidad, que no me gustan las personas sean sólo buenas un día o una semana y no el resto del año.

Que no creo en la magia de la Navidad que no creo en los milagros, que no suelo hacer casi nada de lo que la mayoría hace en Navidad.

Que nunca ganaré la Lotería porque no juego, excepto ese día en qué quedaba una décima del número del bar y lo compré casi de compromiso mientras todos me miraban.

Y que gané sólo una vez esa Navidad, una pedrea y en Reyes otra y alcanzo para comprar sólo un regalo, fue lindo esa vez ganar, por una vez sólo una vez.

Que no me gusta armar el árbol el día 8 cómo marca la tradición y prefiero tenerlo armado todo el año, ese pequeño árbol que me dieron hace tiempo unos amigos esta siempre en la habitación que escribo.

Que prefiero comer verduras, frutas o higos en Navidad… ya no como carnes rojas, ni blancas… y me gusta prepararme algo de comer de lo que preparaban de pequeña en casa…

Que me gusta hacer regalos, elegirlos pensando en los demás… aunque sean cosas que me gustan a mí también.

Que no me gustan las cenas multitudinarias con cuñados, tíos, tías, primas… cuándo los que están ahí no quieren estar.

Que hace años que no voy a mi casa para Navidad, que siento nostalgias de esos días y muchos otros, lejos de la casa en que nací.

Que no creo en los “buenos deseos” de Navidad, que sólo creo en los “deseos” que nos marcan la vida.

Escribí un cuento que hablaba de eso… de deseos… no pude escribir más, el miércoles en el curso todos lo criticaron y dijeron que no era ni siquiera un “cuento” … no llega ni a cuento.

Lo guardé en un cajón, nueve meses después leí de un concurso de “Cuentos de Navidad” que daba la posibilidad de ganar una beca en New York… había que enviar un “Cuento de Navidad”  y ahí fue mi cuento, perdón mi "no Cuento de Navidad”, lo envíe a regañadientes, sabiendo de antemano que no seré nunca un buen escritor porqué no escribo “Cuentos de Navidad”, nunca he escrito un “Cuento de Navidad”. Jamás.

Quince días más tarde, un email en mi casilla de correo, me da la enhorabuena he ganado el concurso y también, la beca… les ha encantado mi “no Cuento de Navidad” creen que tengo potencial, que puedo ser el escritor que siempre quise ser porqué escribo unos "Cuentos de Navidad" maravillosos.

Mañana vuelo a New York por un año, tal vez, pueda ser escritor, aunque no escriba “Cuentos de Navidad”.

 


        Christmas en el Ecuador - Marga Olivero  

 

¡Por fin llegó Nochevieja! 

Mamá nos ha prometido ir a la playa de Bata en el jeep hasta el embarcadero y luego en la lancha por el rio Senye, si nos tomamos la quinina semanal sin protestar y sin quitarnos el gorro para el sol en ningún momento.

Vivimos en el poblado de Akonangi con otras familias, cada familia en una casa. A nosotros nos cuida el boy Uka, no conseguimos hablar pichinglish pero nos entendemos bien con él.

Esta mañana los otros boys salieron a cazar un antílope, pescar miguas y recoger piñas para la cena especial de esta noche. Será a la luz de los petromán, ya que la luz la apagarán a las 6 de la tarde como todos los días.

Un compi de papá a las 12 dará las campanadas golpeando una sartén con un cucharón. Los mayores tomarán doce almendras garrapiñadas y los peques tendremos doce pasas para no atragantarnos.

Mañana, como premio, cuando nos levantemos evitando el amanecer por el mosquito jenjen, nos llevará papá a Casa Grande donde vive el dueño de la factoría a ver el chimpancé que está en una jaula en el porche.

Chema, mi hermano mediano, no podrá llevar a su titi que siempre lleva colgado en el pecho porque se ponen muy nerviosos tanto el titi como el chimpancé.

Papá nos ha dicho que tiene que ir a la capital en una semana cuando llegue el barco que viene una vez al mes, ya que probablemente los Reyes Magos nos envíen algo. Chema y Alfre han pedido unos helicópteros

teledirigidos y yo un carrito para pasear a las muñecas. Quiero también una muñeca negrita, pero no sé si me la traerán porque mamá dice que ya tengo muchas, pero es que son todas rubias.

Creo que son las últimas Navidades con papá, mamá y los chicos pues para el verano me mandan a España a estudiar con Charo, mi abuelita.

Voy a intentar pasar estas Navidades lo mejor posible con todos mis amiguitos de aquí ya que las siguientes estaré sola con la abuela en Madrid, echando mucho de menos a los que se quedan aquí. 



Progresa Adecuadamente - María Díaz 

 

Dos cosas tenía  claras: Un día sería de fiesta y el 13 moriría  mi padre.

El hombre que inventó diciembre me explicó que necesitaba un muerto. No hay Navidad  que se precie sin uno.. ¿Navidad, qué es eso?, le pregunté. Qué curiosa eres. Para que tengan rigor, las fiestas tienne que ser bautizadas y la palabra Navidad me suena a eternidad. ¡Y termina igual! El muerto también  debe ser único. Lo mismo da que sea cuchillero o infiel. Guapo o solo padre y como  el tuyo  lo era todo. No entendí bien esa parte. Estoy segura de que mi padre era lo justo de ese todo. Del oficio de padre aún estaba en progresa adecuadamente. Esta afirmación no le hizo mella. Siguió con su razonamiento: Navidad y un cadáver. Le dije que mi padre no era un cadáver demasiado cadáver. Había muerto deprisa y así no se puede morir.  Déjate de monsergas, acaso no fue un gran muerto. Con la  mirada tan cerrada que parecía que estaba haciendo el amor.  Antes de poder contradecirle, la amante de segunda  de mi padre,  tomó  vela en el entierro. Acaso no le aguanté que solo fuera tu padre. La respuesta  y otro acaso se quedaron  en mi lengua.

El hombre que inventó diciembre, paró el cuento y nos dejó allí. Cada una regañando por su muerto y la Navidad.

martes, 22 de diciembre de 2020

Durante toda la noche, el fuego no ha cesado - La Cruz del Valle, edición facsímil - Gustavo Adolfo Bécquer, 150 aniversario

 

"A menudo ha ocurrido, reflexionaba el escritor italiano Alessandro Baricco, que hemos generado sistemas mentales sin tener la capacidad inmediata de sostenerlos: la Ilustración y su reivindicación de la libertad que en ese momento no fueron capaces de gestionar y el Romanticismo que puso al alcance de la mano, una sensibilidad que gran parte de los seres humanos no podían soportar físicamente".

Hoy, 22 de noviembre, fallecía hace 150 años, Gustavo Adolfo Bécquer  y además de exposiciones y rutas guiadas, se han realizado nuevas ediciones de su obra. Bécquer no sólo fue poeta, se dedicó profesionalmente al periodismo y escribió libretos de zarzuela, además de comedias, artículos de costumbres y leyendas.

En Madrid, al que llegó para triunfar literariamente en 1854, bullían las novedades y con ellas las oportunidades para jóvenes como él; afirmaba Jesús Rubio Jiménez, catedrático de literatura en la Universidad de Zaragoza en un ciclo de conferencias impartido en la Fundación Juan March.

"Le interesaba hacer libretos de zarzuela porque era una industria, daba dinero. La imprenta se había modernizado con las nuevas máquinas, se podía imprimir ilustraciones de mucha calidad y más baratas. La gente iba al teatro y a la zarzuela y compraban los libretos para leerlos en casa".  

"La musicalidad de las rimas, continúa Rubio Jiménez, las trabajó Bécquer en sus libretos de zarzuela".

"Ya clareando 

va la mañana

ya el toque alegre de la diana

los mansos vientos

rasgando va". 

 


 

La Cruz del Valle, al que pertenecen estos versos, es uno de estos libretos que el poeta escribió junto a Luis García Luna y se edita de nuevo en edición facsímil a modo de conmemoración. En ella han colaborado Luis Alberto de Cuenca, Pedro Amorós y Alicia Ares. 

"Bécquer fue un gran aficionado a la música", escribe Pedro Amorós a modo de prólogo de esta edición y en un detalle biográfico más, se enamoró de Julia Espín, cuya familia estaba vinculada a la música. 

En Madrid logró lo que su Sevilla natal no hubiera podido darle, hizo carrera política y burocrática, se introdujo en la bohemia literaria y artística. El mito de Bécquer pobretón, insiste Amorós, no es más que eso, una invención. Quiso, incluso, comprar San Juan de Duero en Soria que se usaba para guardar ovejas, para convertirlo en lo que es ahora, monumento nacional. 

"Es el padre de la poesía española contemporánea, afirma Luis Alberto de Cuenca, es nuestro padre espiritual". Y por si esto fuera poco, acercó la leyenda, un género viejo, al relato y cambió la literatura de viajes en España: con él cobró importancia lo que el viajero experimentaba y no una lista de datos, de exhibición erudita sobre los lugares que se visitaban.

En su tercera epístola de Cartas desde mi celda (1864), continúa Rubio Jiménez, escrita en uno de sus reposos obligados por la tuberculosis que padecía, echa una una mirada atrás y "acepta los límites de su existencia". 

Esto significa, en línea con lo expresado por Baricco, la negación del más sagrado anhelo de la sensibilidad romántica: el deseo de lo sublime.

  «Cuando hay desazón por lo real y acostumbrado y se buscan salidas, cambios y posibilidades de superación, casi siempre entra en juego lo romántico». Rüdiger Safranski.

Bécquer falleció a los 34 años de tuberculosis, que fue llamada dolencia de los poetas:  "Yo soñaba una vida independiente y dichosa, semejante a la del pájaro que nace para cantar y Dios le procura de comer; soñaba esa vida tranquila del poeta que irradia con suave luz de una en otra generación", Cartas desde mi celda. 



miércoles, 16 de diciembre de 2020

La extraña belleza de los guardianes del mar - Breve atlas de los faros del fin del mundo: Un pasaporte para viajeros románticos - Gonzalez Macías, Ediciones Menguantes

"Hay algo hermoso y salvaje en estas arquitecturas imposibles", afirma José Luis González Macías autor de un libro cautivador, Breve atlas de los faros del fin del mundo de Ediciones Menguantes. Esta pequeña editorial conforma poco a poco, un catálogo exquisito con joyas como Iceberg Nations que reseñé también en esta página.

"Para este trabajo se requieren nervios de acero", advertía un anuncio para reclutar fareros en Grip en el Mar de Noruega. "La vida de todos ellos, explicaba González Macías en una entrevista, ha sido intensa y está repleta de historias curiosas". Durante más de dos años, este escritor y diseñador recopiló decenas de historias, datos e imágenes: "fui tropezando con ellos en mi trabajo", para elaborar "un libro que es un pasaporte para viajeros románticos". Fue difícil decidir qué dejaba fuera y fue difícil encontrar información sobre algunos faros, los de África y Asia porque su historia está poco documentada, añade.

Hubo un esfuerzo consciente por encontrar mujeres fareras y por aunar una ilustración evocadora de estos seres agonizantes: los barcos no necesitan ya de su luz para orientarse; con un texto dramático y una serie de datos simples como la altura, el tipo de luz o el año de construcción.

Los faros gustan a la gente, emiten luz, te guían, son un símbolo de esperanza y de que alguien te cuida. 

Bell Rock, el faro más antiguo levantado sobre mar abierto que permanece en pie, puede leerse en Breve atlas de los faros del fin del mundo es fruto del empeño de Robert Stevenson, el abuelo del escritor, Robert Louis Stevenson. Aquel hombre logró sacarlo adelante con una seguridad casi arrogante, escribe González Macías. Los trabajos fueron extenuantes y peligrosos. En la última fase, más de dos mil quinientas piedras fueron talladas como un rompecabezas y sentaron la base de una edificación que se inspiró en otra anterior levantada en la costa Sur de Inglaterra: John Smeaton dibujó su estructura tras presenciar como un viejo roble permanecía erguido, sin doblegarse en mitad de una fuerte tormenta.

Este libro extraordinario, que bien merece un premio a su cuidada edición, es con toda probabilidad una de los proyectos editoriales más significativos de este año singular que es 2020.  


martes, 15 de diciembre de 2020

Tanta locura y ni pizca de arrebato - Sergio Colina Martín, escritor y poeta

Sergio Colina Martín publica su segundo poemario, Las guerras frías. Diplomático de profesión, ha sido co-director del proyecto editorial La Valija Diplomática y fundador de la revista 2384. En la actualidad sigue colaborando en proyectos de gestión cultural de diferente ámbito. "Tanta locura, dice uno de sus poemas, y ni pizca de arrebato". 

Recibiste el accésit del Premio Injuve de Poesía en 2010 por La agonía de Cronos. Diez años después, ¿cuál es tu recorrido como poeta?

Muchas cosas ocurrieron después de aquel premio y de que el Injuve publicara mi primer poemario: en 2011 aprobé unas oposiciones, empecé a trabajar en el Ministerio, fundamos la revista 2384 que impulsé y dirigí hasta 2018, me fui a vivir a Japón, luego a Nueva York… Entre medias, me publicaron varios estudios sobre la traducción como herramienta de acción exterior, el papel del CDN y la CNTC en la internacionalización del teatro español, la cultura como motor de desarrollo sostenible en África subsahariana… Pero nunca volví a publicar poesía, hasta ahora. Las guerras frías es el resultado de muchos años de escribir y reescribir, calladamente.

 ¿Una selección de tus poemas o un volumen estructurado?

Ambas. Cuando escribí cada uno de esos poemas no los pensé como piezas que debían encajar en un índice predeterminado o un patrón decidido de antemano. Pero todos ellos forman parte de un mismo recorrido y responden a un mismo magma. Podría decirse que, una vez puestos todos encima de la mesa, se agruparon y ordenaron de una forma casi natural. Las guerras frías es una polifonía donde, creo, al final todo terminó encajando para formar una especie de metaverso que espero que invite a quien lo lea a pasearse por él, o más bien, a sumergirse en él.

La poesía es intensidad, ritmo y voz. En tu opinión, ¿qué es la Voz?

Miguel Albero, en el prólogo, habla de una voz “construida por el tiempo, tejida de vida y de lecturas, de viajes y de versos, y que se ha ido destilando”. En ese sentido, la voz sería una especie de poso, el sedimento en el que se enraízan los poemas. 

¿La poesía es por así decir, algo al margen de tu labor en la edición de La Valija Diplomática?

Es algo totalmente distinto, sí. Mi participación como editor en dicha colección fue un proyecto puntual. Una colaboración con el objetivo de tratar de abrir espacios para que otras personas pudieran publicar sus textos y contar sus historias. Escribir poesía es algo mucho más íntimo. De alguna forma es casi un empeño vital, independientemente de que el poema se acabe publicando o quede por años en un cajón.

 ¿Cuál es, en tu opinión, la principal dificultad para la labor poética hoy en día?

En mi caso, la hiperaceleración, la dificultad para conectar con las cosas desde otro lugar distinto al de la gestión, el exceso de información… La sobrecarga de trabajo es un lastre para la acción, y especialmente para la acción poética…

En Madrid se llenaban teatros y se pagaba entrada para escuchar poesía. ¿A qué crees que era debido? 

También había teatro en la tele, y muchos más programas de calidad sobre literatura, cine… Y la gente compraba discos, y películas. Entiendo que tiene que ver con los cambios en las pautas de consumo cultural. En el caso concreto de la poesía, ahí se sitúa también el debate sobre las nuevas formas de producción y consumo poético a través de las redes sociales.


Me dijeron —y me lo creo—

que gusto más cuando hablo de las cosas

y no de ti.

Que me gusto más cuando no hablo contigo

y me quedo con el mundo,

en el mundo,

a solas.

Así pues, de las cosas, desde ahora, hablaré.

Hablaré y hablaré, sin decir palabra.

                                                                                                    Sergio Colina Martín

martes, 8 de diciembre de 2020

En la forma de mirar está todo - Miguel Sande Corral, escritor y poeta. Premio de Poesía Afundación, Pen Club de Escritores en Galicia

Miguel Sande Corral ha recibido el Premio de Poesía Afundación que otorga el Pen Club de Escritores en Galicia por su sexto poemario, Los filósofos ya no brindan con cicuta. Dramaturgo, ensayista y novelista, cree que no hay diferencia entre un poema en prosa o escindido en versos y considera que hoy en día, la poesía encuentra un tiempo igual de fértil. 

Sexto poemario publicado. Cuál es tu evolución como poeta a lo largo de tantos años escribiendo poesía.

He ido ganando madurez. En este poemario esa madurez me sirve para profundizar en los detalles del día a día, incluso en aquellos más cotidianos. En limpiar los versos de adjetivos. A medida que uno va cumpliendo años y va ganando experiencia en la vida y también a la hora de escribir, va desprendiéndose de los adjetivos. Sobran. Esa se nota, espero, en los poemas de Los filósofos ya no brindan con cicuta. Es un mirar más limpio y más profundo sobre las cosas.

Esta nueva obra contiene poemas en prosa y en verso. Cuál es la diferencia.

Para mí en este caso ninguna. Los poemas conservan la música, el acento musical en cada palabra, solo que en lugar de romper los versos he optado porque continúen limpios. Parece que se lean así con más facilidad. Ha sido una opción.Hay otro apartado con poemas rotos en versos, muy urbanos, incluso con versos a manera de mensajes de whatsapp.  

Si la poesía es Intensidad, Ritmo y Voz. En tu opinión, qué es la Voz.

Una prolongación de la mirada. Cada cual tiene una forma propia de mirar, esa condiciona la voz, la manera de expresarse y la manera de sentir. En la literatura e, insisto, también en la vida. En la forma de mirar está todo. En cómo miremos la vida. Es lo que nos diferencia a cada autor/a y creo que también a cada persona.    

Cuál es el principal inconveniente para la poesía o un poeta hoy en día.

Ninguno, de verdad. La poesía es inherente a la vida, independientemente del modo de vida. Donde hay vida, hay poesía. En Los filósofos... hay poemas sobre los mayores, para los jóvenes (un apartado está dedicado a un estudiante de grado desesperado); sobre nuestros hábitos y comportamientos, los valores. Poemas muy urbanos sobre la comida rápida, los botellones, el mundo de hoy en definitiva. E insisto mucho en el olvido de los mayores, porque creo que es un gran error, imperdonable, de esta sociedad. Se está evidenciando con la pandemia. La poesía debe ser crítica. Incómoda. Busco una poesía sucia, con sangre y manchas.

Has publicado ensayo, novela e incluso teatro. Cuál es, en tu escritura, el lugar reservado a la poesía.

En todo está la poesía. Cuando publico ensayos, teatro y novela hay poesía. De hecho, siempre trato de saltarme los géneros. Aquí en Galicia decimos que hay que mover los marcos (los marcos son señales que identifican sobre el terreno los lindes de una finca). La poesía está, creo, en mi forma de mirar.  

El poemario está publicado en edición bilingüe, gallego y castellano, qué aporta cada una de estas lenguas a la expresión poética.

Este poemario ganó el Premio de Poesía Afundación, que convoca el Pen Club de Escritores en Galicia. Se publicó originalmente en gallego. He querido mantener los textos originales y yo mismo he trabajado en la traducción al castellano, que es otra manera de reescribirlos de nuevo. Ha sido una manera de sentirlos de nuevo. He de decir que las lenguas unen, enriquecen. Si no lo sentimos así es porque detrás hay una mala gestión política (y eso ya no es poesía). 




"Cuando escribo un poema tengo la misma sensación que cuando circulo de noche por una carretera secundaria; el mismo miedo a perderme, a no ser capaz de llegar; la misma curiosidad y a la vez —cómo decirlo— una insatisfacción como de caída de pétalos en una sangre marchita, ese picor, y acabo por buscar al final solo palabras que sean —puedan serlo ya por defecto— casa". - Miguel Sande