jueves, 17 de enero de 2019

No todos queremos ser invierno - Raquel Moreno, poeta. Micro Abierto, Centro Cultural Blas de Otero, San Sebastián de los Reyes

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Este miércoles ha comenzado una nueva temporada Micro Abierto de poesía en el Centro Cultural Blas de Otero en San Sebastián de los Reyes.
No todos queremos ser invierno
todos los días.

Raquel Moreno, poeta, "cada vez escribo menos versos pero más poesía", inauguró una preciosa tarde  leyendo parte de su poemario Construcciones posibles ésta. Poemas, explicó, "que me ayudan a saber a través de la contradicción" y que habían surgido de nuevo tras años de silencio.

Finalmente, invitó a participar al público asistente construyendo un hermoso poema colectivo a partir de la elección de palabras que sirvieran para afrontar cómo sobrevivir al gran silencio sobre la Guerra Civil que aún continúa en tantas familias.

Raquel Moreno grabó durante un año 248 poemas que pueden escucharse en Poesía desde el móvil

...el paisaje permanece después de cada incendio.
Raquel Moreno 

lunes, 14 de enero de 2019

Científicas de José Manuel Lechado por María Victoria Reyzabal

María Victoria Reyzabal - escritora y poeta.
Si realmente queremos cambiar la realidad de las mujeres, no parece suficiente que cada tanto algunas salgan, sensibles y comprometidas con su situación, en manifestaciones o protestas. Esa es una parte nada desdeñable de la batalla que hay que seguir librando, pero otra, tal vez más minoritaria pero también más permanente y menos espontánea, consiste en rastrear la historia, destacando las marginaciones, postergaciones y desmanes que se han ejercido sobre ellas, sin el más mínimo cargo de conciencia, ya que la costumbre, la iglesia, la familia, las leyes y hasta la ciencia lo ratificaban.

Por eso, pasado el asombro primitivo de que del cuerpo femenino salieran otros seres humanos -algunos incluso varones-, lo que explica la existencia de tantas estatuillas femeninas, tal vez como diosas de la fertilidad o equivalentes, enseguida los grupos humanos se organizaron en sistemas patriarcales en los que ellas solo eran siervas de sus intereses y caprichos; los posteriores avances sociales solo lo fueron para ellos y así llegamos al siglo XX con pequeñas conquistas, por eso ahora la lucha debe darse, ya en el siglo XXI, en todas y cada una de las capas de actividad social, familiar o personal, aunque en pueblos como los sirionós de Bolivia, olvidados de cómo se puede encender fuego, sean ellas quienes deban mantener encendidas las ascuas para hacerlo (según recoge en la cita el autor de esta obra).


Hoy resulta difícil de creer para personas despreocupadas en estos asuntos, que hombres sabios, justos en otras cuestiones y tolerantes, no consintieran ni concibieran la existencia de capacidades equivalentes en las mujeres, incluso que menospreciaran el posible talento filosófico, artístico, médico, etc., en sus madres, esposas e hijas y que las condenaran a no tener derecho a opinar, estudiar, elegir marido, firmar sus obras, votar. Las exigencias que las religiones monoteístas han tenido sobre las mujeres, las atrocidades que ha cometido la medicina en sus diversas especialidades con ellas, las injusticias sociales a las que se han visto sometidas por maridos despiadados, infieles y déspotas, apoyados por mandamientos religiosos y jurídicos, nos podrían hacer dudar de que estos seres hubieran tenido madre o hubieran sido padres de niñas; sin embargo, antes del amor familiar, antes que la razón, hasta ahora ha primado un ansia generalizada de poder, de dominio patriarcal sobre ellas.

Para denunciar y hacernos conscientes de lo que significó este genocidio social, familiar, individual, tanto en lo físico como en lo intelectual y hasta moral en referencia a las mujeres científicas, José Manuel Lechado nos relata las peripecias que estas sufrieron para poder estudiar, trabajar y hasta aportar sus descubrimientos, los cuales en muchos casos ni siquiera les fueron reconocidos, de ahí el subtítulo de la obra: Una historia, muchas injusticias

En el primer capítulo, Lechado hace un breve recorrido por los mitos, para enmarcar que ya en la época de su creación, el patriarcado, apoyándose en el deseo de los dioses, había colocado a las mujeres por detrás del hombre como débiles, como pecadoras, como inestables, como tentadoras, las cuales, además, poseían menos capacidad intelectual. Por todas estas razones, obviamente estas no tenían derecho a la educación y menos al acceso a la Universidad o Centros Superiores. Así, las primeras Facultades que las admitieron fueron estadounidenses, a partir de 1830; en Europa, ello no fue posible hasta 1863, en la de San Petersburgo y en Medicina, aunque pronto se canceló esta posibilidad; en Bélgica y Dinamarca no se consiguió hasta 1875 y recién en 1888 lo fue en Alemania y hasta en algunas sedes iberoamericanas. En España apenas fue posible por el 1870, pero únicamente con permiso especial del rey del momento, por lo que incluso en 1930, el rector de la de Salamanca se sorprendía negativamente al verlas por los pasillos.


Lo cierto es que en ningún caso la apertura fue generalizada sino para algunas carreras consideradas menores o dedicadas al cuidado de los demás, como Enfermería o Magisterio; lo difícil era entrar en las de Ciencias o Ingeniería, por ejemplo. Por eso, no es de extrañar que las dos primeras mujeres que entraron en la Royal Society lo hicieran en 1945: Kathleen Lonsdale y Marjorie Stephenson y que, en 2011, solo fueran el 3% en esta prestigiosa institución; en la Royal Astronomical Society no se las aceptó regularmente hasta 1915 y la primera presidenta lo fue entre 1994 y 1996; a su vez, en la Academia Francesa, la primera fue Marguerite Yourcenar en 1980, aunque la igualdad en estas y otras instituciones e, incluso, en la vida cotidiana, todavía no se ha equiparado, hasta ha retrocedido en algunos lugares y circunstancias.

Destacable fue la tarea médica, como se señala en estas páginas, de Trótula de Salerno, allá por el siglo XI o XII, gracias a la escuela existente en su ciudad, que, cosa excepcional, aceptaba mujeres (la Escuela Salernitiana creada en el siglo IX y que perduró hasta el XIX). Escribió dos libros que fueron usados como manuales durante siglos, defendió la higiene antes que Pasteur, la posibilidad increíble para la época de que la esterilidad podía provenir del hombre y propuso el uso de opiáceos para calmar los dolores del parto, aunque este, según la Biblia, debía realizarse con dolor, pero su nombre se borró de todos sus logros.


Ciertamente, resultaba difícil tanto para mujeres como para hombres, salirse de las doctrinas religiosas aun en los casos en que la razón estuviera de su lado, como le resultó a Galileo, diferente al de otra mujer excepcional como fue María Gaetana Agnesi (1718-1799), que nadó entre la razón y sus creencias místicas; ella recopiló todos los avances en cálculo diferencial e integral, descubriendo que diferenciación e integración eran operaciones complementarias. Pero María solo quería profesar como monja en un convento y fue su padre quien la obligó al estudio, dada su gran inteligencia, como imán destacado en sus reuniones.

El libro continúa destacando, ordenadas en diferentes apartados, una serie de mujeres olvidadas a lo largo de los años que anteceden al presente, desde la babilonia Enheduana, astrónoma del siglo XXIV a.C., a la griega Aspasia, pasando por Catalina II de Rusia y llegando a otras más recientes, pero no menos postergadas; por eso hay que leer este ensayo y difundir la labor de sus científicas en todos nuestros ambientes.

María Victoria Reyzabal es poeta y escritora.
                                                               Blog, Casandra ante el espejo


jueves, 20 de diciembre de 2018

Mide tus fuerzas por tus intenciones - Cenizas y fuego. Crónicas de Ryszard Kapuściński por Amelia Serraller Calvo - Amargord Ediciones

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Amelia Serraller Calvo, eslavista y traductora, acaba de publicar, Cenizas y fuego en Amargord Ediciones, un recorrido por la vida y obra de uno de los más grandes periodistas de todos los tiempos, el polaco Ryszard Kapuściński.  Aunque esta profesión fue sólo una de las facetas de una personalidad fascinante: "escritor, reportero de guerra... un todoterreno, con una gran capacidad de adaptación y de reinventarse a sí mismo". Kapuściński también ejerció como profesor universitario y en sus comienzos fue deportista e incluso intentó escribir poesía. Distinguido en 2003 con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, su escritura y rigor profesional siguen siendo modelos para narrar sin cinismo lo que acontece en el mundo.

Quién fue  Ryszard Kapuściński.

Amelia Serraller Calvo, eslavista y traductora -  Un todorreno, un hombre entusiasta, de una enorme capacidad de trabajo que empezó casi como chico de los recados en la redacción y que evolucionó, reinventándose a sí mismo cuando fue necesario, aunque siempre coherente con sus ideas. Cuando en los años 80 se le prohibe salir del país, porque hay que tener en cuenta que él desarrolla la mayor parte de su carrera durante la Guerra Fría, hace exposiciones con sus fotografías, debuta como poeta y escribe ensayos.

Quizá sea más conocido por el gran público como un excepcional reportero de guerra. Entonces, cómo se cuenta una guerra según Kapuściński.   

Él dice que no se puede. Que una guerra es tan traumática que sólo lo saben quienes la sufren: "una realidad sólo para aquellos que están apresados en su interior sangriento, sucio y repugnante" que para los que están fuera sólo son páginas de un libro o imágenes en una pantalla.  

Aunque como periodista él da unas pautas: ir al lugar de los hechos, leer sobre ese país, no limitarse a una sola fuente o una sola ciudad, viajar dentro de la zona de conflicto. Él era historiador y aprendía los idiomas de los países en los que tenía que trabajar: aprendió español a marchas forzadas para cubrir América Latina, y abandonó Brasil, país del que apenas escribió, porque no consiguió dominar el portugués. Hablaba fluidamente polaco, ruso, inglés, español y tenía nociones de más idiomas.

Para muchos estudiosos de su obra, su condición de niño de la guerra es la clave que explica su identificación con los que sufren, los olvidados, y su capacidad de adaptación a las peores situaciones.

De hecho, Un día más con vida mereció la crítica entusiasta del escritor Salman Rushdie, quien afirmó lo siguiente: “Su excepcional combinación de periodismo y arte nos permite sentirnos muy de cerca de lo que el propio Kapuściński denomina imposible la inexpresable imagen de la guerra”.


Qué enseña Ryszard Kapuściński a los nuevos profesionales que ejercen su trabajo en un entorno de redes sociales, inmediatez absoluta y escasez atroz de medios.

El valor de la preparación en forma de lecturas: "por cada página escrita hay que haber leído 100 antes"; la importancia de trasladarse al lugar de los hechos, ya que como él solía decir "la verdad está tras el campo minado".

En cuanto a los medios, Kapuściński tampoco los tuvo cuando ejercía su oficio. Se enfrentó a tareas poco menos que irrealizables, como cubrir en solitario toda África en pleno proceso de descolonización. Él solía hacer suya aquella frase del poeta romántico polaco Adam Mickiewicz: "mide tus fuerzas por tus intenciones... y nunca al revés".

En cierta forma, afirmas que nunca abandóno África, aunque allí fue donde casi perdió la vida. 

Sí, es cierto. Enfermó de malaria cerebral y se trató en hospitales africanos. Tuvo otros destinos antes como China pero la barrera del idioma le impidió sumergirse como él se auto-exigía en la cultura del país.

África siempre estuvo presente a lo largo de toda su vida. Cuando en Polonia crece el interés por libros que hablan de las luchas de América Latina, él se las arregla para introducir capítulos o referencias africanas. Por ejemplo, cuando establece las conexiones entre Cuba y Angola, a través del envío de tropas cubanas para apoyar su independencia.

Él tenía un aprecio especial a su libro sobre Angola, que desde el punto de vista literario, está admirablemente estructurado, como una tragedia griega en tres actos y escrito con una prosa ágil y vibrante. Quiso ganar lectores también para África.

Una vida tan longeva como la suya, con tantas experiencias, tantos viajes, tantos libros. ¿Cuáles fueron sus grandes hitos, su evolución personal y profesional? 

Hay que tener en cuenta que él comenzó a trabajar en plena Guerra Fría. Tuvo grandes esperanzas en el comunismo y cuando cubre América Latina, y es significativo mencionar que aprendió español leyendo el Diario del Che Guevara, entrevista a muchos guerrilleros anónimos porque cree que allí sí podría haber un comunismo justo. Pero se decepciona con estas realidades y deja de escribir de los movimientos armados desde un punto de vista, por así decir, idealizado.


Entonces se vuelca en estudiar los mecanismos del poder, El Sha ( ایران  ) o El Emperador, y cómo es posible que reyezuelos o sátrapas medievales alcancen el poder con el apoyo o complicidad de las poblaciones. Aunque al final éstas se rebelen.

En línea con su trayectoria de vida, hay otro gran cambio y es que cuando cae el gobierno comunista en Polonia, se ve él mismo inmerso, implicado emocionalmente y aquí aborda los conflictos en una mezcla de ensayo y biografía, con el enfoque que le da la Antropología. Él siempre fue un lector compulsivo y ahora se interesa por lo que puede aportar a su reflexión esta materia; pero sin perder su mirada humanista.


De ahí su suspicacia con el término objetividad en periodismo.

Él no era amigo de la obsesión anglosajona por los fact checkers y el dato frío. Afirmaba que este periodismo no explica ni indaga, se queda en la superficie. Los datos, decía Kapuściński  no pueden transmitir una guerra y según él, este tipo de periodismo está vendido frente a la fuerza de una imagen. La gente olvida los conflictos transmitidos con objetividad fría.

Abordó este problema en uno de sus libros más polémicos, Los cínicos no sirven para este oficio y en una entrevista que le hizo Llátzer Moix en 1989, para La Vanguardia: "son conceptos distintos. Para mí el periodismo consiste en, por un lado, buscar la información directamente donde se producen los conflictos y, por otra, en una buena preparación. Si no sabes nada no puedes ser objetivo. (…) Desgraciadamente, creo que son pocos los periodistas que afrontan su profesión así, como si se tratara de un reto científico".


Volviendo al tema de África, que sigue fascinando a muchos de sus lectores y admiradores porque él no trabajaba para grandes medios que pudieran hacerle una vida agradable en un entorno exótico. 

En absoluto. Trabajó allí con grandes carencias que quizá por su infancia de pobreza, no le parecieron extrañas y en cierta forma, eran experiencias similares a la vida del africano común y corriente. En este sentido, fue capaz de establecer conexiones entre África y sus otros destinos: América Latina, la URSS o Irán, e incluso la Polonia de su tiempo.

Hay que tener en cuenta que entonces, África era una gran prueba. La mayoría de los viajeros y reporteros morían allí o la vuelta como le ocurrió a su admirado Kazimierz Nowak, un aventurero por cierto, también fascinante.

En África enfermó gravemente y estuvo a punto de morir pero se convirtió en una geografía a la que volvió toda su vida.

Cenizas y fuego. Crónicas de  Ryszard Kapuscinski
Amelia Serraller Calvo 
Amargord Ediciones. 

viernes, 14 de diciembre de 2018

Zenobia, Madrid - Juan Ramón Jiménez, luz entre los escombros. Soledad González Ródenas en el Instituto Cervantes

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
"En Moguer (Huelva), él no estaba bien", afirmó Carmen Pinzón, sobrina del poeta Juan Ramón Jiménez, en respuesta a una pregunta del público asistente a la conferencia que impartió la gran especialista  Soledad González Ródenas en el Instituto Cervantes en Madrid. "Siempre estaba arropado porque tenía frío. ¿Eso es normal?, ¿estar siempre con una manta en ese clima?".

Y en 1913 Juan Ramón decide venirse definitivamente a Madrid, "decide superar el simbolismo francés y a Rubén Darío que tanto daño le hizo", explicó Soledad González, "conoce a Zenobia, se despide de su obra de juventud y cambia su tono vital. Se despide de la melancolía".

En 1917 Juan Ramón elabora por encargo una antología de sus poesías escogidas y en 1922 una segunda antología también por encargo. Este libro es uno de los grandes libros de poesía del siglo XX y "sin embargo, fue concebido como paso de una época a otra".

"A la Hispanic Society, que fue quien encargó el poemario, no les gustó el resultado pero supone el nacimiento de su nuevo yo poético. La obra sorprendió a todos porque esos 427 poemas más los 15 nuevos que añadió era muy poco de todo lo que había publicado. Juan Ramón abrió así un destino indefinido porque no sabía si sus lectores apoyarían esos poemas corregidos y los nuevos. Cambió la ortografía y se dió cuenta de que tenía que cambiar también la forma de difundirla".

Soledad González, Perejil de Plata por la Fundación Juan Ramón Jiménez,  también explicó que la preparación del libro le llevó cuatro años y en la editorial Calpe se desesperaban porque nunca terminaba de corregir. "Le dieron un ultimatum ya que sólo para titular eligió entre 11 posibles opciones. Llamó a esos poemas momentos transitorios". 

"Le pidieron que hiciera una antología barata y popular y él le pone esa dedicatoria: a la minoría, siempre". 


En su vida hay una frontera, antes y después de Zenobia; afirmó González, en Madrid le ocurrieron dos cosas: conoció a Zenobia y se hizo amigo de José Ortega y Gasset. Con ella, citando las palabras del poeta, hace vida: "vivo en cada año por diez de antes: vida, lecturas, viajes, paseos, idiomas (...) yo antes estaba melancólico, no estaba bien; estaba triste, depresivo".

"Lo que más disgustaba a Zenobia era esto, añadió con una sonrisa Soledad González, que le dice mprese unas castañuelas, haga algo, vaya a bailar. Ella es risueña y Juan Ramón se enamora de ella desde que la ve...  plantearse que tiene que mantener una casa le cambia".

A las preguntas sobre la sensibilidad del poeta al ruido o su salud, Carmen Pinzón respondió que a muchas personas también les molesta el ruido y sobre sus depresiones se necesitaría un estudio riguroso de los informes médicos en Estados Unidos para determinar qué le ocurría: "se llega a alimentar con sonda porque no puede comer y se le hacen hasta dos transfusiones diarias de sangre. Cuando se le ingresa, en los informes que conocemos se dice que el paciente se interesa por lo que ocurre alrededor y se da una descripción de su estado anímico que hoy en día no corresponde con el diagnóstico de una depresión".

Pinzón especuló que quizá padeciera la enfermedad de Crohn: "sus problemas digestivos no le dejaban comer, como consecuencia de ellos tenía anemias y lógicamente bajones".

Durante la tarde, también hubo tiempo para hablar acerca de lo que percibió Juan Ramón por este libro: cobró 900 pesetas y Calpe hizo todas las ediciones piratas que quiso. "Pero este libro fue el único que siguió publicando en España cuando se marcha al exilio. Curiosamente, gracias a estas ediciones pirata, se convirtió en una referencia para los poetas españoles porque era barato y proponía una salida llena de luz entre los escombros de los años 40 en España, una salida más allá de garcilasistas o tremendistas". 

Aparecen nuevos discípulos, insólitos, que le dan mucha alegría porque no siguen la poesía social. Recuperan, en palabras de Juan Ramón, "el espíritu de la poesía".

Sin embargo, se lamentó Soledad González, la poesía de Juan Ramón conocida es la anterior a 1918. El resto queda aún por asimilar porque se quedó fosilizado, se fue al exibilio y nunca volvió. Gracias a la piratería el libro echó a andar solo, la editorial al final, le hizo un favor.

"Tengo mi obra en mi cuarto de trabajo y trabajo en ella como una catedral, cada día por un lado según me tienta. Voy cada mañana a ella como un niño a sus juguetes", Juan Ramón Jiménez.

"Demos a cada cosa, por pequeña que sea, pasión de permanencia", Juan Ramón Jiménez.




domingo, 9 de diciembre de 2018

Déjame bailar - El Barrio es Poesía y Más que palabras en Teatro del Barrio

info@leerenmadrid.com
Másquepalabras propone ahora, El Barrio es Poesía. Todos los meses creadores imprescindibles de la escena poética contemporánea en un espectáculo escénico que tendrá lugar en el Teatro del Barrio, uno de los iconos de la cultura y las artes escénicas en el barrio de Lavapiés

En diciembre presentando a la actriz y campeona del Poetry Slam Madrid 2017, Alejandra Martínez de Miguel y a Los Peligro, dúo polipoético conformado por el premiado periodista y poeta Sergio C. Fanjul y la performer y artista gráfica Liliana Peligro.

Más de seis millones de personas han visto a Alejandra Martínez de Miguel (Madrid, 1994) a través de las pantallas de sus dispositivos electrónicos desmembrar algunas canciones de siempre.

Alejandra Martínez de Miguel es actriz y campeona de Madrid del popular concurso Poetry Slam y subcampeona de España.


Los Peligro (Sergio C. Fanjul y Liliana Peligro) estarán en el Teatro del Barrio el 23 de diciembre, a las 20.30h. De Madrid a Málaga pasando por Nueva York y Zaragoza, los poemas de Sergio han servido de punto de apoyo desde el que se crea este espectáculo polipoético que gira en torno a las condiciones de vida de un trabajador autónomo, el funcionamiento de las redes sociales y nuestra relación con ellas. Un show fresco y dinámico que interpela al público, hace reír y pone al espectador a reflexionar sobre la vida y la muerte a partes iguales.


«lo que quiero es un corazón invulnerable,
un corazón Schwarzenegger, un corazón
culturista que crezca el doble, el triple,
cien veces más de lo posible,
y no muera a la mitad, como mi padre».  Sergio Fanjul


viernes, 7 de diciembre de 2018

Sólo el amor y el humor nos salvará - Tendremos que matarlo, Miguel Campion. Editorial Mutiverso

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Miguel Campion ha publicado su tercera novela, Tendremos que matarlo, Editorial Multiverso; una historia de ciencia ficción bizarra con elementos de varios géneros. Campion cree que acudimos a la ficción porque la realidad es horrible y que apenas hay que imaginar el futuro inmediato porque el que vivimos es ya de ciencia-ficción.

Niños modificados en un laboratorio y gente que busca pareja rellenando un cuestionario en Internet, ¿no vivimos ya en una distopía?

Si nos hubieran contado hace quince años en una novela cómo es el mundo actual, podríamos haberlo pensado. Los cambios tecnológicos se están acelerando, por eso muchas de los avances que reflejo en Tendremos que matarlo ya están en marcha, como los vehículos robóticos, la experimentación genética en humanos... Es que el presente es un mundo de ciencia-ficción.

En tu novela, la gente se medica para evitar enamorarse. ¿Es lo único que nos quedaba al “azar” en esta vida organizada por un interfaz de software?

Es uno de los fenómenos naturales que no controlamos en la actualidad, pero seguramente este invento existirá en el futuro. Podremos enamorarnos y desenamorarnos tomando una medicación. Estoy seguro de que todos los que sufren un desamor firmarían por poder tomarla ya.


Tienes experiencia con la publicación en autoedición y en pequeña editorial. ¿Qué dirías a otros nuevos escritores?

Que solo lo intenten si de verdad les gusta escribir para que les lean, aunque sean pocas personas. Si esperan conseguir éxito rápido, lo tienen complicado a no ser que sean presentadores de televisión o tengan un gran apoyo publicitario. Los demás nadamos en un mar inmenso lleno de peces pequeñitos.

De tus anteriores novelas a ésta, cómo es tu evolución como escritor.

Es complicado autoanalizarse, pero lo que he intentado es escribir de forma que los lectores actuales, que están acostumbrados a Internet, Netflix, videojuegos, puedan acceder a mi novela con facilidad.

Escribir como en el siglo XX me parece un error, mi camino de experimentación va por esa línea, la de tratar de acercar la lectura al lector actual, el que no lee mucho pero tiene la imaginación modelada por los otros medios.

Tendremos que matarlo lleva unas semanas a la venta, cómo están respondiendo los lectores.

De momento la respuesta ha sido muy buena, estoy contento porque la novela es muy gamberra y muy irónica, y no estaba seguro de que los lectores fueran a responder bien, pero solo me han llegado comentarios positivos de personas que son bastante diferentes, así que estoy muy contento. Todos coinciden en que se lee fácilmente, que es muy divertida y que les engancha y emociona (de muy diferentes maneras). Así que, por esa parte, estoy muy satisfecho.

De todas las proyecciones o posibles futuros que intuiste al ir escribiendo tu novela, cuáles te parecían más amenazadores.

El futuro que planteo es una proyección del presente que, si nos paramos a pensarlo, es bastante aterrador (no es necesario enumerar la sucesión de desastres que se ciernen sobre nosotros). Cada día más, creo que lo único que nos puede salvar de esta gran broma cósmica es el amor y el humor. Por eso son los dos ejes de Tendremos que matarlo

Miguel Campion
Editorial Multiverso

martes, 4 de diciembre de 2018

Entre encinas y grullas, coge un libro - Parque de los Alcornocales, ARBA. Tres Cantos

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
En el Parque de los Pinos aunque más conocido por los vecinos por los Alcornocales, en Tres Cantos, la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono, ARBA, ha tenido una feliz idea: una biblioteca de intercambio.

En este tiempo, con las grullas sobrevolando los cielos y entre alegres petirrojos invernantes puedes llevarte alguno de los títulos que en esta cuidada biblioteca se ofrecen a thoureanos, pajareros y urbanitas camperos que pasen por allí disfrutando del paisaje. Y cuando vuelvas otro día, deja otro para continuar intercambiando.