martes, 21 de enero de 2020

Las cosas que llevaban los hombres que murieron - Mapas de memoria, exposición

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Los hombres fueron sacados de sus casas y sus vidas y llevados a los campos de batalla. Allí les hablaron y armaron y les arrojaron unos contra otros.

Casi tres millones de hombres dejaron de cultivar la tierra, de atender a sus familias, interrumpieron sus estudios, abandonaron sus profesiones. Se les arrancó de sus sueños y sus proyectos.

Y los hombres murieron lejos de esposas e hijos, de hermanos, de sus madres. Lejos del calor de la vida. De algunos quedaron pequeñas cosas: gotas de sangre en unas piedras, una caja de cerillas, despedidas escuetas en sus bolsillos. Líneas escritas en cualquier cosa: un trozo de papel, un paquete de tabaco.


La huella de estos hombres se puede ver ahora en una exposición modesta; se han fotografiado estas pequeñas cosas y se exhiben en grandes paneles. La muestra se ha subtitulado: De cómo los objetos guardaron una memoria perseguida y recorrerá durante todo el año diferentes lugares. Aún puede verse en el Aulario de la UNED, junto a las Escuelas Pías. El acceso es gratuito.

viernes, 17 de enero de 2020

Conquistar un iceberg - Rubén Martín en Tabacalera

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Imaginé en un acto poético, mandar abordar esos hielos, declaró el artista Rubén Martín; plantar una bandera, componer un himno y reclamar "esta nación como mía".

Rubén Martín estuvo en Groenlandia para filmar su proyecto, Icebergs Nations, una reflexión sobre el concepto líquido de nación: porque nuestras ideas sobre lo que es un país o es una patria son tan efímeras como un iceberg, afirma, "se derretirán y desaparecerán".


Los témpanos de hielo flotan en pantallas sobre el suelo en el espacio La Fragua, en Tabacalera y forman parte de la exposición, Canciones para después de una revolución:
"Inspirada en el mítico documental anti-franquista Canciones para después de una guerra en la que Basilio Martín Patino se jugaba su vida poniendo imágenes y sonido en y a una España donde la libertad se debatía con la constante censura". 

"Al principio pensaba ir solo con Martín Bolán, el realizador con el que trabajo, pero nos dimos cuenta de que necesitábamos a alguien que supiera y dimos con Hilo Moreno, un guía polar muy experimentado y viajamos allí".

El cortometraje Iceberg Nations llegó a ser preseleccionado en los Oscar 2019 y en más de cuarenta certámenes. Además, se ha editado un libro, Iceberg Nations en Ediciones Menguantes.

"Oímos hablar del silencio solemne del bosque, del desierto, incluso de una ciudad sumida en la noche. Pero qué silencio flota sobre esta tierra y sus frías montañas glaciares que se pierden en vaporosas lejanías inexplorables y cuya existencia parece seguir siendo un misterio para siempre... " Julius von Payer, explorador en las tierras de Groenlandia. Los espantos de los hielos y las tinieblas, Christoph Ransmayr.

jueves, 16 de enero de 2020

Todos los tiempos son igualmente poéticos - Álvaro Fierro Clavero, escritor y poeta

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Álvaro Fierro Clavero ha publicado libros de poesía y varios volúmenes de cuentos. Estos días presenta su último poemario,  Los otros mundos.Poemas sin verbos en la Editorial Cuadernos del Laberinto. En esta entrevista habla de su obra inédita que poco a poco irá viendo la luz y de lo que W.H. Auden denominó los demonios del poeta: "esos a los que tiene miedo, de modo que les tapa la boca y habla en su lugar". Fierro Clavero prefiere echar mano de la psicología y su estructura de domesticación en cuatro puntos o, de nuevo en palabras de Auden, de "todo aquello que el poeta no sólo oculta a los lectores, sino a sí mismo".

Los otros mundos. Poemas sin verbos es tu séptimo poemario. Cómo es tu evolución como poeta.

Recuerdo que mi pretensión inicial, en mi primer poemario Con esa misma espalda (1994) era la de ser nuevo en cada poema, que supongo que es algo lógico en alguien que acaba de descubrir la poesía y está deslumbrado por ella. Me salió algo esporádicamente experimental, pero ya entonces aparece una de las líneas centrales de mi obra: la reflexión en torno al dolor. No he sido nunca un poeta social, pero hay huellas de ese mundo que siguen apareciendo incluso en la actualidad. A partir de mi segundo poemario, Tan callando (2000), las pretensiones cambian radicalmente, y aparece otro asunto central: el misticismo.

Tras una incursión en los cuentos con el libro El peso de los sueños (2005), publico mi tercer libro de poesía, Los versos inútiles (2009). Aquí inauguro algo que ha tenido continuación; el libro que es en realidad un diario poético en el que queda constancia de la huella que la realidad tiene en mí. Hay asimismo una consolidación de algo que ya estaba en mis primeros dos libros: los poemas dedicados a obras de arte en general (música y artes plásticas, principalmente). En 2011 publico otro libro en el que cristaliza asimismo cierta escritura previa: la poesía erótica. Se trata de Colonizado corazón, un libro que contiene unos cuatrocientos cincuenta poemas en prosa breves que funcionan como piropos literarios y que habían sido remitidos por sms a la mujer amada.

De 2013 es El sentido de lo que no sucede, en donde vuelvo al diario poético y reaparecen todas las tendencias enumeradas. A finales de 2017 publico Palabras a la música, que es un libro en el que dedico sendos poemas en prosa a cada movimiento de las treinta y dos sonatas para piano de Beethoven y las partitas, las suites inglesas y francesas de Bach. Se trata de un libro que había comenzado a gestarse mucho tiempo atrás y que estuve escribiendo a lo largo de cuatro años. A comienzos de 2020 acaba de aparecer Los otros mundos, un libro de poemas sin verbos en el que la escritura se vuelve minimalista y esencial que había sido escrito veintidós años atrás.

Por último, también en 2020 verá la luz el Libro del rey Aniel o libro de los ugros, del que espero poder hablar en una próxima ocasión. Hay mucha más obra inédita que ojalá pueda ir saliendo a la luz: un par de novelas y otros cinco libros de poesía adicionales que recogen nuevas búsquedas poéticas.


Cómo se transita de ejercer una profesión como la ingeniería a la creación poética.

En realidad no tengo ni idea. Me puse a escribir poesía a los veinticinco años, lo que parece algo tarde pero que es beneficioso a mi entender, para hacerle un regalo a mi novia con motivo de nuestro matrimonio, y no he parado desde entonces. En las etapas más productivas, uno escribe poesía en cualquier momento que sus obligaciones se lo permitan. Seguramente también es interesante que haya poesía producida por gente ajena a la filología, ya que de esa manera se incorporan miradas nuevas sobre los temas fundamentales en torno a los que se lleva escribiendo desde Grecia.

La poesía tiene la ventaja de que se puede mantener al mismo tiempo que el trabajo, que los hijos y que otras muchas actividades. Por mi propia experiencia, la demanda de recursos por parte de la novela es superior, y exige una continuidad que la poesía no necesita. Con todo, Juan Benet fue un novelista de éxito y ejerció de ingeniero de caminos.



Si la poesía es intensidad, ritmo y voz; en tu opinión qué es la Voz.

Todo aquello que hace reconocible a un poeta, aunque se empeñe en ocultarse o aunque nos cambie de tema. Se corresponde con rasgos de la personalidad esenciales, como la predisposición a la alegría o la tristeza, la sensibilidad al dolor o al éxito. Hay un concepto psicológico muy interesante que es la Ventana de Johari según el cual el espacio interpersonal se descompone en cuatro áreas: 1. El área pública, constituida por lo que usted y yo sabemos de mí. 2. El área oculta, donde está lo que yo sé de mí que usted no sabe. 3. El área ciega, donde está lo que usted sabe de mí que yo mismo desconozco. 4. El área desconocida, donde se encuentra lo que ni usted ni yo sabemos de mí. Pues bien, sospecho que la voz por la que usted me pregunta tiene que ver con el afloramiento de todo lo que no está en el área pública, que es la menos interesante desde el punto de vista literario. Las debilidades, las miserias, los miedos, pero también mis esperanzas, los milagros que espero que ocurran, las fantasías constituyen de alguna forma sutil y misteriosa la voz de un autor, en el caso de que consiga tenerla. Por último, de la misma manera que hay una radiación que escapa de los agujeros negros, sospecho que incluso el área desconocida tiene asimismo alguna clase de proyección sobre lo que uno escribe.

En Madrid se paga por asistir a recitales poéticos y se llenan auditorios, cuál crees que es el motivo del auge de la poesía en tiempos no precisamente poéticos.

No sabía que ocurriera tal cosa. Pero permítame que le enmiende la pregunta: todos los tiempos son igualmente poéticos o no poéticos. El hecho de que lo que veamos a nuestro alrededor no encaje con la poesía de Bécquer o de Rubén Darío sólo quiere decir que nuestra época es diferente. Pero hay una poesía europea muy importante inspirada por las dos guerras mundiales, que imagino que tampoco parecen acontecimientos muy poéticos en el marco conceptual que motiva su pregunta. A mi modo de ver siempre es posible escribir poesía, también después de Auschwitz, pese a lo que dijo Adorno de que no era posible escribir poesía a partir de ese hito trágico. Pero es que la visión de Adorno, y del marxismo en general, es algo que es enormemente nocivo si se quieren apreciar la belleza y la armonía del mundo. Por desgracia, buena parte de la sociedad está bajo el influjo de los que Paul Ricoeur denominó «filósofos de la sospecha», que son Nietzsche, Freud y Marx. La visión del mundo que estos pensadores proporcionaron únicamente vale para ver todo lo problemático, lo pendiente, lo perverso, pero anula nuestra capacidad para ver de manera creativa y esperanzadora. El gran verso fuerza de Jorge Guillén —«el mundo está bien hecho»— seguramente representa mucho mejor que el pensamiento de estos tres filósofos lo que es el mundo. Aunque es cierto lo que dijo César Vallejo —«hay, hermanos, muchísimo que hacer»—, el mundo en que nos encontramos es inacabablemente hermoso. Tenga en cuenta que el universo es algo extraordinariamente inhóspito, y todos nosotros hemos tenido la oportunidad de vivir en la Tierra y de experimentar sensaciones maravillosas, como beber o respirar o besar o abrazar o descansar. Esto no lo ve ese trío aciago, ni todos los políticos o los cineastas o los novelistas o los periodistas influidos por ellos. Volviendo a su pregunta, simplemente ocurre que pese a influencia distorsionadora y culpabilizadora de los medios de comunicación y de buena parte de las novelas, mucha gente tiende a la felicidad y asocia algunas de las cosas bonitas de la vida como la alegría o el amor con cierta poesía. El que no haya sido capaz de percibir nunca nada bueno en el mundo es una persona fallida.


Cuál es la principal amenaza para la creación poética, o la labor del poeta, hoy en día.

Pues creo que hay mucha poesía pésima que llega a las librerías. Siempre ha sido así, pero lo de ahora es asombroso. Ya se ha visto el caso de Elvira Sastre, que ha recibido injustísimamente el premio Biblioteca Breve de manera venal (no puede ser cierto que no hubiera nada mejor), o Defreds, o Marwan o Irene X, o el muchacho este que fue a Eurovisión y que es una completa nulidad. Albert creo que se llama. En las entrevistas casi no sabe hablar, luego es imposible que escriba nada de valor. Todos ellos son gente con una vida interior aburridísima, o al menos eso se deduce a partir de sus escritos, que no pueden ser más ramplones y predecibles. Pero el problema viene de más atrás. Desde que se inició la Transición, a los poderes públicos les da por organizar premios poéticos en los que se repiten constantemente los jurados, y en multitud de casos salen a relucir conexiones sospechosas entre el jurado y quien recibe el premio: en el blog de crítica poética Addison de Witt se denunciaron oportunamente buena parte de estas connivencias. La crítica va a tener muchísimo trabajo buscando cosas de valor en lo que se ha escrito en España en el periodo 1978-2020, y la cosa no lleva trazas de rectificarse. Hay, ha habido y parece que seguirá habiendo prevaricación en los jurados y en los consejos editoriales.

Qué poetas serían tus referentes. 

En el siglo XX hay un trío esencial: Eliot, Rilke y Juan Ramón Jiménez. Los hispanohablantes tenemos un tesoro que no creo que se aprecie en lo que vale, y leer a Neruda, a Aleixandre, a Miguel Hernández, a Claudio Rodríguez, a José Lezama Lima, a José Ángel Valente en su lengua original es algo maravilloso. Pero hay muchos más: Perse, Yves Bonnefoy, Elitis, Seferis, Trakl, ... Y si retrocedemos en el tiempo, la lista es interminable: Whitman, Dickinson, Heine, Bécquer, Rimbaud, Lautréamont, Mallarmé, Garcilaso, Quevedo, Lope, Shakespeare, Petrarca, Ovidio, Virgilio ... A mi entender, el poeta máximo es Góngora, porque no hay ningún autor igual en ninguna otra lengua moderna. A propósito de esto, hace muchos años recuerdo que compré una antología que recogía obra de dieciocho poetas franceses, de los cuales entonces estaban vivos diecisiete. Pues bien, nada menos que seis de ellos habían traducido a Góngora. Es revelador. Y vuelvo a citar al único poeta optimista de los mil últimos años: Jorge Guillén.


Acrópolis

Desde el Olimpo
            un himno en marcha hacia los hombres
            más puro que un idioma
                                     de silencios.
El sol aoristo
                         en un cielo de mármol
y una emoción de Apolo el viento
            mientras,
                         todo cintura,
hacia el paisaje,
            definitivamente un texto.

Álvaro Fierro Clavero
Editorial Cuadernos del Laberinto.

viernes, 10 de enero de 2020

Regresar al infierno - Ceija Stojka en el Museo Reina Sofía

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com

"Una obra inspirada en la agonía del abismo, 
donde la luz solo existe por la oscuridad que la acompaña".

A los 55 años, la austriaca Ceija Stojka (1933-2013), superviviente de tres campos de concentración comenzó a pintar y escribir poemas sobre un pasado al que hasta ese momento, le había estado negado regresar.

En 1943, Ceija tenía diez años y comenzaría su travesía por el archipiélago de la muerte: Auschwitz,  Ravensbrück y Bergen-Belsen en donde jugaba, literalmente, entre los muertos: "cuando llovía, les sacaba el barro de la boca, ¿por qué?, no lo sé. ¿Por qué juegas ahí?, me decía mi madre"; que también fue deportada.

El campo de Bergen-Belsen fue liberado en abril de 1945, Ceija y su madre sobrevivieron y ella se casó, tuvo tres hijos y enterró en su memoria todo lo vivido. Una anécdota, una niña que le pidió que le hiciera un dibujo, abrió la grieta por la que accedió a su infierno.

En el documental que realizó Karin Berge: "por fin había encontrado a alguien con quien hablar", dijo; y que puede verse estos días en el Museo Reina Sofía junto a una muestra muy amplia de su obra, el proceso es tan fascinante como el resultado. En la cocina de su casa, sobre una mesa, toma los pigmentos con los dedos y mezcla también así los colores. El espeso fondo de los lienzos es distribuido a mano o con cualquier herramienta tosca y en ocasiones, esa pasta es engordada con arena.
"Hay secuencias reconstruidas no en clave realista, sino monstruosa u obsesiva. Un fondo rosa puede llegar a  ser un espacio dantesco en el que se despliega una constelación de cuervos o de cruces gamadas, un cielo opresivo en el que ya no es necesario representar las cosas para ver el paisaje de la muerte". Catálogo de la exposición, puede  descargarse gratuitamente, aquí.

Ceija es de nuevo, la niña feliz de diez años antes de ser deportada, aunque no haya cielos azules por más que los prados y las flores tengan vivos colores. La vida en carromatos da paso al internamiento en los campos de concentración. Aparecen dibujos de las alambradas de espino, las enormes botas de los guardias, los muertos, los guardianes golpeando a los prisioneros.


La artista realizó entre 1990 y 2012 más de mil dibujos y pinturas. La comunidad romaní, a la que ella perteneció, tenía en la música y no en la pintura ni en la escritura, su forma más popular de expresión. Libre como solo es alguien autodidacta, la pintura retoma en ella la cualidad que nunca debería perder: la emoción de la vida, la pasión expresiva.


"En la primavera de 1945, para no morir de hambre mientras los deportados no recibían alimento alguno, ella raspaba y comía una ramita de árbol llena de savia. Posteriormente dijo que aquel árbol le había salvado la vida, y le rindió homenaje firmando con una rama todos sus cuadros. 

El espectador siente el frío atroz del campo nevado de Ravensbrück mientras lee versos escritos en las paredes de las salas. Ceija a menudo, escribía textos detrás de los lienzos y fue primero la escritura de su autobiografía y pequeños poemas inspirados en antiguas canciones gitanas lo que desencadenó después, la pintura.


Capturados por la Gestapo 
entre 1941 y 1944
en el lago de Neusiedl, en Burgenland. 
Los gitanos lovara, 
mercaderes de caballos, estaban a punto 
de conquistar a una muchacha. 
Debía celebrarse una boda gitana en su tierra, 
donde tienen derecho a vivir. 
Una boda gitana en un lago, 
el de Neusiedl, helado por completo. 
Atrás quedaban Navidad y el Año Nuevo. 
También para los gitanos.
La Gestapo metió en un camión a los lovara,
que no habían hecho nada, y se los llevó. 
A dónde, 
solo lo saben el buen Dios 
y aquellos que fueron deportados y asesinados. 
Los caballos de los gitanos
no terminaron en el campo de concentración. 
Pero ¿qué fue de ellos?
¿Y de los carromatos que dejaron vacíos?

El lago de Neusiedl guarda silencio 
cuando el último humo se apaga en el carromato.
Sin título, 1995


Ceija Stojka. Esto ha pasado es la primera exposición monográfica que se le dedica en España a la artista austriaca Ceija Stojka (Kraubath, 1933 - Viena, 2013).
Museo Nacional de Arte Centro Reina Sofía 
Hasta el 23 de marzo.
El catálogo puede descargarse gratuitamente aquí.


lunes, 6 de enero de 2020

Un rey cena con su reina - British Museum y Caixaforum Madrid

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Aquel rey fue el más poderoso de su tiempo, ensanchó sus dominios desde Libia hasta las tierras de Egipto, saqueó Tebeas; destruyó a todos sus enemigos y asaeteó leones: "lo que definió sus campañas militares fue la crueldad extrema de sus ejércitos, de los castigos que impuso como rey".

Asurbanipal, el último gran rey de Asiria conocido en los textos medievales como Sardanapalus, en los griegos como Sardanapal, y en el Antiguo Testamento como Osnaper; sabía para asombro de su época, leer y escribir y era capaz de hacerlo en varias lenguas:
"Sé leer los textos de la antiguas escrituras Sumer y el oscuro lenguaje de Acad". 
El rey de las cuatro partes del mundo envió emisarios a todo su reino para recopilar todos los textos escritos en tablillas que fueran útiles a un monarca y ordenó construir en su ciudad, Nínive la mayor biblioteca de todos los tiempos.

Para saber más que los sacerdotes, más que los astrólogos, el pasado de otros grandes señores, conocer todas las predicciones y todos los oráculos. Para controlarlo todo, dominarlo todo: las gentes, los animales, los saberes. Más de treinta mil tablillas que llenaron tres edificios: "la mayor recopilación de ciencia y literatura precristianas", sentencian los expertos.

Y de los restos de aquellas tabletas de barro hemos sabido de la Epopeya de Gilgamesh, del poema Enuma Elish o la narración del Diluvio.

"Un rey culto, un monarca despiadado" del que aún los historiadores suelen obviar maravillarse ante la demostración de su más omnímodo poder en aquellas tierras secas y agobiantes, sin árboles en las que apenas llovía tres meses al año.


El poder de dar sombra y adueñarse del agua. Al jardín del rey llegaron semillas de todos los confines: árboles de lana como llamaban entonces a los algodoneros, palmeras, olorosos cedros, frutales: "propios de las montañas y de Caldea". Aquel paraíso cruzado de riachuelos en los que nadaban peces y crecían flores como el loto, esa rosa del Nilo que solo prospera encharcada.

Este señor de la guerra, vestido de blanco y enteramente perfumado como era costumbre entre los poderosos de su tierra cenaba junto a su reina, servidos de fruta y música, en el frescor de la noche, en el más inmenso de todos los lujos que podían procurarse: recrear el suave clima de los prados de montaña en las llanuras despiadadas del desierto. 


Observando la altura de los árboles …

contemplaban la Montaña de los Cedros, la morada de los dioses, la tarima del trono de las diosas.

Dulce era su sombra, llena de placeres.

Epopeya de Gilgamesh



En la sala Los placeres de los sentidos se ha reproducido el frescor, la perfumada atmósfera, la luz nocturna, las sombras de las plantas y el canto de los pájaros de los antiguos jardines del rey asirio Asurbanipal.


Lujo. De los asirios a Alejandro Magno
Caixaforum Madrid
Hasta 12 de enero

lunes, 30 de diciembre de 2019

Galdós, el afortunado; Miguel Delibes, el outsider - Universidad Popular de Alcobendas

"Qué magnífico sería abarcar todo Madrid", exclamó Benito Pérez Galdós subido a la torre de la Iglesia de Santa Cruz, considerada en su tiempo la más alta de la ciudad. Con apenas veinte años ya tenía trazado su proyecto de vida: retratar en la mayor amplitud posible toda la vida madrileña y a ello se dedicaría hasta su muerte.

Al igual que Cervantes, Galdós no tuvo intención de escribir novelas. Ambos escribieron poemas y tuvieron la lucidez de saber que eran malos poetas. Intentaron triunfar en el teatro pero no fueron capaces de abrirse un hueco. En el teatro se hacía dinero cuando ni el cine ni la televisión existían pero muy pocos vivían con desahogo de su dramaturgia.

Ambos estuvieron en el lugar y el momento oportunos. Ambos fueron longevos y afortunados. Uno inauguró un género, el otro perteneció a un tiempo en el que Occidente esgrimía la ciencia, y no la verdad caída de los cielos, como método de conocimiento. Salir para ver, medir, experimentar, comprobar; mientras la religión se retiraba a sus dominios naturales: el misterio. Galdós observa y anota el mundo que le rodea. Eran los tiempos de Balzac, de Víctor Hugo, de Dickens, de la grandes novelistas rusos; del llamado Gran Realismo.

Hombres cuyo mérito visto desde el siglo XXI no es ya su ambición totalizadora, contarlo todo de todos, ni su capacidad de trabajo (Galdós además de artículos periodísticos entregaba 100 cuartillas mensuales corregidas para imprimir).

Hoy en día, envidiamos la sencillez de un mundo en el que era admisible la perspectiva única de un único hombre. Un Galdós o un Tolstoi acometían con total seguridad narrar vidas desde su condición individual y hacerlo en una determinada estructura mental, la ficción.

Nosotros, por el contrario, asistimos a la agonía de lo ficticio en la literatura y especialmente de su forma más popular: la novela, que pierde cada vez más páginas y su tirada es cada vez más reducida. Experiencias lineales son ahora denominadas las novelas por los expertos en nuevas tecnologías. Los hombres y mujeres de hoy en día estamos a otra cosa, las bibliotecas se cierran y el lector tiene la sensación de que la narrativa contemporánea apenas va más allá del contarse algo a uno mismo. Es la consecuencia de las calles vacías y los individuos atomizados. Apenas hay experiencias colectivas.

Sabemos demasiado de demasiadas cosas, hemos de trazar cada palabra con un cuidado extremo: ¿conquista o descubrimiento? ¿no sería mejor, genocidio? ¿guerra mundial o gran guerra?  ¿Quién se siente legitimado, capaz de arrogarse la potestad de escribir sobre la vida al completo de una ciudad entera? De ser voz de las mujeres, de los megarricos, de los excluidos de barrios marginales, de los llegados en pateras. De escribir Fortunata y Jacinta y Miau, y la Desheredada y la historia Completa de España en Episodios Nacionales. 

En este sentido, la exposición sobre Benito Pérez Galdós en la Biblioteca Nacional no va más allá de una mera descripción: aquí el montón de cuartillas que escribía, aquí una foto con su perro, aquí el Madrid del XIX, aquí su amante, aquí la siguiente.


El otro curso que impartiré en la Universidad Popular Miguel Delibes de Alcobendas será precisamente, sobre Miguel Delibes. Un escritor que tiene una nueva vigencia: la voz, el canario en la mina, de la España vaciada. Tras la guerra civil, el régimen franquista hubo de reconocer su fracaso en mejorar la situación económica de España y optó por lo único que permitía un salto colosal hacia la prosperidad por encima de una imposible industrialización del país: el turismo de sol y playa.

Esto significó la sentencia de muerte para el interior, para el campesinado. Y allí, en provincias, en un periódico de una ciudad pequeña con una familia numerosa de muchos hijos, Delibes se obstina y escribe sobre lo rural. Esto solo era posible asumiendo el riesgo de convertirse en un outsider de la literatura porque entonces, como ahora, Madrid y Barcelona eran los núcleos de la industria editorial. Pero su apuesta le salió bien. Eran los años de Camilo José Cela y su Pascual Duarte. De la mirada desoladora sobre pueblos de los que todos huían para recalar en las corralas de Lavapiés o las chabolas del Somorrostro en Barcelona.

Miguel Delibes, en cambio, toma la pluma y escribe El camino sin ironía, sin miseria moral; repleto del sentimiento más extraño a toda la literatura española: la ternura.


Galdós y Delibes, maestros de la narración
Maribel Orgaz

Comienzo, 13 de enero
Universidad Popular de Alcobendas
Ambos cursos están completos













miércoles, 18 de diciembre de 2019

Todas las historias que viven en mí - Care Santos en Alcobendas

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Presentar a una escritora como Care Santos es un privilegio especial y por muchos motivos. Care, Premio Nadal, Premio Ramon Lull, Premio Primavera y un largo etcétera; continúa escribiendo con pasión y entusiasmo después de veinticinco años dedicada a ello: "sé que no me va a dar tiempo a escribir todas las historias que quiero contar"; es generosa con sus influencias y su admiración literaria: "me han influido más los escritores hispanoamericanos que los españoles", "os recomiendo leer el ensayo de Murakami De qué hablo cuando hablo de correr"; y habla con naturalidad de su maternidad, sus hijos, sus anécdotas de vida doméstica.

Doce novelas, decenas de cuentos, una obra de teatro e incluso poemarios. Una obra amplia, de diferentes registros que atrae a todo tipo de lectores. Y cuando me refiero a variedad es en todo el sentido de la palabra: un lector encandilado de 8 años acudió a la presentación de la tarde para preguntar de dónde sacaba sus ideas para tantos personajes; muchos jóvenes llevaron libros para firmar y los adultos se interesaron por su opinión acerca de la adaptación televisiva de Habitaciones cerradas o cuándo empezó su vocación literaria, en qué estaba trabajando ahora.



Escribe por las mañanas, "me he dado cuenta de que mi cabeza funciona mejor", "no siento vacío al terminar una novela porque ya tengo la idea para la siguiente", "escribo un primer borrador del tirón y así no tengo bloqueo, tardo unos tres meses pero en corregirlo tardo más que en escribirlo". "¿Y si no sabes por dónde continuar con un personaje", le preguntó uno de sus lectores quinceañeros. "Si me bloqueo me hago un café, o me doy una ducha o si es un poco más largo, me doy un paseo por la playa porque tengo la suerte de que está muy cerca de mi casa".


Despoblación
Care Santos

Igual que de esos pueblos de los que huye la gente
el día en que se vienen abajo los tejados,
entiendo que te escapes de mi vida.

Aquí no queda nada: escombros y cascotes
y madera podrida que ni siquiera arde.

Autorretrato
Care Santos

Tengo treinta y seis años.
Sólo soy un estorbo para la evolución.
He parido tres hijos, pero hace varios meses
que desteté al pequeño.
Nunca fabriqué nada con las manos.
No tallo, no modelo.
Nunca hice una escudilla. O una mesa.
No domaron mis manos la madera ni el barro
ni ninguna otra cosa.
No sé curar enchufes ni comprendo los grifos.
Ni siquiera soy buena devolviendo un botón
a su lugar.
Fui un año presidenta de la comunidad
de propietarios
                      mas yo siento que no fue suficiente.
No soy capaz siquiera de matar a un cangrejo.
Incluso me conmueve ver colorear un pez fuera del agua.
No conozco de trucos ni pócimas capaces de sanar;
                      nunca he matado a nadie.
Nada entiendo de arados ni de recolecciones.
Desconozco el placer de ver crecer aquello
cuya semilla deposité en un surco.
Durante muchos años me he sentido orgullosa
de saber ejercer un oficio antiquísimo:
proporcionar placer
(y a la vez ser capaz de recibirlo).
Mas ahora he aprendido que tampoco en la cama
soy insustituible
                       aunque tengo muy alto el umbral del dolor
                       y grandes aptitudes para ser humillada.
De amor, mejor ni hablar:
no hay nada más inútil en la tierra
que lo que no podemos retener.
De modo que lo único que tengo
es mi tenacidad para unir noche y día
una palabra a otra.
Con ellas formo frases
                       que a su vez forman párrafos
que a su vez son historias,
pero es algo que muchos son capaces de hacer,
tal vez mejor que yo.
                                           O con más éxito.

De modo que aquí estoy.
Tengo treinta y seis años.
No sirvo para nada.