"Pertenezco a una época", está escrito en la pared que acompaña la voz y la fotografía de Carmen Martín Gaite en la exposición que estos días tiene lugar en la Biblioteca Nacional de España, "en la que se leía al alta voz mucho más que ahora, y se tenía a gala el hacerlo con claridad y sin atropello, cuidando el tono y las pausas. Un arte enseñado en las escuelas, como algo natural para la comprensión y el deleite de la letra escrita".
"Y en mi juventud", continúa, "cuando la cultura audiovisual aún no se había adueñado de los hogares, las calles y los locales públicos, aplastando con su fragor todo intento de diálogo pausado, la afición por leernos entre nosotros, en casa, en clase o en el café, textos recién saboreados a solas, constituía un placer que afianzaba la amistad" (A rachas, 2000).
Hace unos días, Jorge Urrutia, Catedrático emérito de la Universidad Carlos III firmaba un artículo publicado en ABC en el que se preguntaba si la lectura en general está en crisis y repasaba cómo siglos atrás la lectura en voz alta constituía la forma de acercarse a algunos textos en sociedades mayoritariamente analfabetas: los segadores en su descanso que escuchaban al que sabía leer, los obreros en las fábricas, los emigrados a las tierras americanas en el siglo XVII durante la travesía en barco, el capataz de un cortijo gaditano a sus temporeros, el portero a las criadas de servicio.
Jorge Urrutia lo denomina lectura colectiva, y al igual que Carmen Martín Gaite, afirma que puede darse por perdida.
Cabe preguntarse si en nuestras sociedades el audiolibro ha venido a suplir la lectura en voz alta aunque el mercado ya sabe que el podcast ha acabado también con el futuro del audiolibro.
En Madrid, y englobado en un programa de bienestar, de salud mental, se utiliza la lectura en voz alta aunque "Leer juntos", aclaran, "no es una terapia, es un acompañamiento a través de la literatura".
Pero quizá sea Cuba en donde la lectura en voz alta que comenzó en 1865 pervive de una forma extraordinaria y fue reconocida en 2012 como "Patrimonio Cultural". En las fábricas de tabaco, los lectores de tabaquería leen tres veces al día novelas, noticias de actualidad.
"La lectura de tabaquería y el lector son figuras históricas cubanas que contribuyeron como pocas –en forma masiva– a elevar la cultura de muchas familias cubanas. La radio no consiguió apagar la voz del Lector de Tabaquería. Aún es un activo vehículo de la cultura popular.", Marta Rojas.
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