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lunes, 8 de junio de 2026

La mente ha de estar acompañada del corazón - Fatum. Emilio Porta, escritor - Editorial Cuadernos del Laberinto

 



Maribel Orgaz @leerenmadrid
En todas las entrevistas o en cualquier recensión de sus obras, se menciona que él denominó AVE al tren español de alta velocidad. Emilio Porta ha dejado atrás el oficio con el que se ganó la vida, creativo publicitario, para dedicarse a su labor de escritura. Ha sido fundador de la plataforma literaria Netwriters, pertenece a la  Junta Directiva de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, en la que ostenta el cargo de Vicesecretario y de la que es Director de publicaciones y actividades culturales. Es también miembro de la Junta directiva de la Asociación de Escritores en Red
Fatum, su nuevo libro, viene a sumarse a una extensa obra de poesía, narrativa y ensayo, entre las que destacan Compás de Espera, Porlock, Anamarel, Tomo Secreto, Diario Despertar, Corales (Premio Blas de Otero 2010), Turno de réplica, Destinos y caballeros, El Amuleto, Alfama, Banderas Rotas y Contrapensamientos.


Cómo reflexionar sobre la vida, y la muerte, de manera profunda y amena.

Pienso que para un escritor la forma es importante, pero el contenido es esencial. La literatura no es para mí algo ornamental, sino que tiene que ayudar al progreso y la mejora de la vida. Todo buen libro tiene que ser una aportación a la depuración de actitudes y pensamiento. Que haga pensar al lector, que mantenga una actitud crítica. Por supuesto, todo ello entraña un oficio y una habilidad para, incluso en temas serios, escribir de modo que la lectura no sea una carga, sino que se disfrute de ella.


Fatum es una mezcla de géneros, poesía, cuentos. ¿Cómo te reconocerá el lector en cada uno de ellos? ¿Tendrá alguna sorpresa?

Sí, alguna vez he dicho que los géneros literarios son una división para facilitar la labor de los bibliotecarios [se ríe]. Es broma; esa división facilita la elección de lectura al lector, evidentemente. En mi caso he escrito en todos los géneros. Creo que un buen escritor, perdón por si alguien piensa que es una alusión directa, debe dominar el oficio y la herramienta, que es el lenguaje. Ser capaz de escribir lo mismo un texto corto que uno más largo, un libro de creación que otro de análisis, un ensayo que una novela.

Ciertamente, cada uno se mueve mejor en su género literario de elección. Yo, modestamente, creo que me muevo bien en todos. Fatum es una muestra en ese aspecto, pues hay reflexiones, pensamiento, algún relato y un largo poema final, que también es pensamiento. Me interesa mucho la filosofía y que un libro ayude, ya lo he comentado, a pensar.


¿Son las humanidades la prueba de que el concepto de progreso, como lo entiende la ciencia, tiene límites en su definición?

El progreso fundamental es el científico. Es el que ha hecho avanzar más a la humanidad. Pero ese progreso produciría solo una sociedad mecánica, utilitarista, y por ello es necesario el arte, la literatura y el pensamiento humanista. Esa labor es fundamental para que el individuo y la sociedad tengan conciencia de la vida y su desarrollo. Que la mente esté siempre acompañada del corazón.


En una entrevista reciente distinguías entre ego y el yo, al hilo del mundillo literario. Parece que la Biblia ya decía que la soberbia es pecado capital.

Hay un texto concreto en Fatum sobre lo que tú apuntas. Sí, considero que el yo es necesario; es un elemento de identidad que nos permite respirar como individuos. El ego, que semánticamente es lo mismo, es lo que yo llamo una superestructura de vanidad que, en muchas ocasiones, es dañina. Rompe el elemento de respeto y cooperación, de reconocimiento del valor de otros, para centrarnos en un estúpido deseo de destacar y de alabanza y «adoración» que, incluso, hace antipático al autor.




Has escrito sobre nuestros lazos con Guinea Ecuatorial, Evuna y Guinea Ecuatorial, vidas paralelas (Ediciones Atlantis) Hace no mucho, Donato Ndongo dejó su legado en una caja del Instituto Cervantes. ¿Puedes hacernos alguna sugerencia de lectura para conocer mejor ese país?

Guinea Ecuatorial forma parte de la hispanidad, no solo de Hispanoamérica. El idioma oficial del país es el español, como se conoce al castellano en todo el mundo, y hay una historia común que debería ser mejor conocida.

Por circunstancias personales conozco bien Guinea Ecuatorial y escribí un libro sobre el país y uno de sus mejores políticos, fundamental en la transición desde ser una colonia española en África a un país independiente. Pero el libro va más allá de su figura. Es un repaso a la historia reciente de Guinea Ecuatorial y su inclusión como enclave de la cultura española mezclada con la africana.

Hay abundante bibliografía de autores españoles y ecuatoguineanos. Recomendaría el libro del profesor Rosendo-Ela Nsue, Historia de la colonización y descolonización española en Guinea Ecuatorial.


Eres de la opinión de que en un trabajo raramente se ejerce el yo y se pueden expresar todas las capacidades. Cómo compensarlo, cómo equilibrar esa limitación.

Desgraciadamente, en el tema de nuestro oficio de escritor, la idea de Ortega de que las circunstancias mandan es aplastantemente real. No basta la capacidad. No basta la vocación. Normalmente, el escritor tiene que hacer frente a lo mismo que el resto de los ciudadanos: el pago de la existencia.

Cierto que vivir no debería tener tanto coste a veces, pero lo tiene. Y para todos, salvo una minoría de ricos herederos, como fue el caso de los poetas románticos ingleses, como Byron, Shelley y sus amigos, todos aristócratas y con la vida económicamente resuelta; la mayoría de los escritores ha tenido que simultanear su vocación y oficio con trabajos en otros sectores y sacar tiempo para escribir de donde no lo tenía. 

La compensación para un escritor es no rendirse, si tiene algo que decir, que aportar, claro; algo diferencial y necesario. Y luchar contra esas circunstancias que, desgraciadamente, no siempre dependen de nosotros.



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La novela negra es el género más dúctil que existe - Amoniaco, Carlos Augusto Casas. Ediciones B

viernes, 11 de abril de 2025

La novela negra es el género más dúctil que existe - Amoniaco, Carlos Augusto Casas. Ediciones B

 


Maribel Orgaz - @leerenmadrid
Los lectores de la última novela de Carlos Augusto Casas, Amoniaco (Ediciones B), dudan entre calificar a su protagonista, una asistenta llamada Isabel, de asesina o considerarla una persona corriente que un día decide impartir justicia. Augusto Casas, premio Cartagena Negra 2024 por su anterior novela: La ley del padre, ha sido periodista de investigación en TVE, Antena 3 o la Sexta, entre otras cadenas. Su primer libro, Ya no quedan junglas adonde regresar fue galardonado con algunos de los premios de novela negra más importantes del país: el Premio Wilkie Collins, el Premio Tuber Melanosporum, el Premio Novelpol, el Premio Ciudad de Santa Cruz y el Premio Tormo Negro. Llevada al cine por Luis Gabriel Beristáin fue protagonizada por Ron Perlman. El ministerio de la verdad y Leones en invierno son sus otras dos obras. 


Amoniaco es tu quinta novela, ¿hay un “universo” Carlos Augusto Casas? 

Me parece muy pretencioso decir que existe un universo Carlos Augusto Casas. Creo que eso le corresponde señalarlo a los lectores o a los críticos. Es cierto que en mis novelas se repiten una serie de temas que me interesan y de los que no me puedo desprender, como son la violencia, la venganza, la vejez, la derrota o la crítica social. Mis personajes suelen ser perdedores que se rebelan contra su condición y destino. La rebeldía salvaje frente a una sociedad que les quiere dóciles, mansos, conformistas, resignados. También me interesa reflejar los vasos comunicantes entre las altas esferas y los bajos fondos. Cuento lo que ocurre en la calle, no en Tiktok ni tampoco lo que nos dicen los telediarios.


¿La novela negra es el refugio de la narrativa, ahora que el lector busca alternativas a la ficción tradicional?

La novela negra es el género más dúctil que existe. En ella, si se hace con sentido, cabe todo. 

El lector se puede indignar, aterrar, enamorar, reflexionar, conmover… Es patente que la muerte es el tema central de la literatura, igual que en el género negro.



Isabel, la protagonista de Amoniaco es una robinhood de las asistentas o una psicópata simple y llanamente.

Ambas cosas. El hecho de robar la felicidad a los que más tienen para equilibrar un poco el mundo es la justificación que se da a sí misma para aceptar lo que hace. Pero, en realidad, a ella le encanta matar. Le hace sentirse importante por primera vez en su vida, y no está dispuesta a renunciar a ese placer por nada en el mundo. Ha descubierto quién es en realidad.


Además de escritor eres editor de novela negra. ¿Sobre qué se está escribiendo? ¿Qué les interesa a los escritores?

Lo que viene siendo habitual: muchos thrillers y pocas novelas negras. 

Los escritores que empiezan, lo que más desean es vender y tener éxito. Y los bestseller suelen ser thrillers, no novelas negras. Y es una pena. 

Son dos géneros totalmente distintos. En uno lo que prima es el misterio, la intriga, la sorpresa o el entretenimiento. Mientras que la novela negra pura es más ambiciosa ya que  pretende mostrarnos cómo es el ser humano, cómo es la sociedad donde vivimos, enseñarnos las zonas en penumbra, las que no queremos ver, las que siempre evitamos cuando caminamos por la calle.


Las series sobre true crimen han llevado a espectadores a ser lectores, o son públicos totalmente diferentes?

Es posible que en el subgénero del true crimen algo de eso haya sucedido. Lo cual es una buena noticia porque cuando alguien abre un libro hay un tonto menos en el mundo. Pero creo que los aficionados a las series o el cine negro son distintos a los lectores del género. Si penamos en las cinco mejores series de la historia fácilmente nos salen cuatro del género negro (The Wire, Los Soprano, Breaking Bad, The Shield, Black Bird, The Night Of…) En cambio, entre los lectores hay una predilección por los thrillers antes que por la novela negra, como he dicho antes. Lo que significa que el público que ve series negras no lee novela negra.


Nuestra Costa del Sol, ¿no merece un subgénero propio dentro del género negro?

Creo que sufrimos una epidemia de subgéneros dentro del mundo negrocriminal (domestic noir, rural noir, Euskal noir, Galician noir…) que en realidad, me parece que tienen más que ver con marcas comerciales para monetizar las obras de un grupo de escritores que realmente de géneros en sí mismos. No me extrañaría que aparecieran dos o tres novelas ambientadas en la Costa del Sol y algún iluminado acuñara el término Costa noir. Lo que sí tiene la Costa del Sol son muchas cosas que contar. Por todo lo que se da allí, (tráfico de droga, paro, inmigración, corrupción, violencia) es un marco espectacular para escribir novelas negras.  



viernes, 24 de enero de 2025

Hay ganas de explicar qué fuimos y de dónde venimos - La década del cambio (1979-1989). Crónica de los ochenta desde Madrid - Francisco José Peña Rodríguez, investigador.

 


El próximo 31 de enero, el investigador Francisco José Peña Rodríguez presentará su nuevo libro, La década del cambio.(1979-1989). Crónica de los ochenta desde Madrid, Editorial Cuadernos del Laberinto en la Librería Juan Rulfo (Madrid). Peña Rodríguez ha dedicado sus investigaciones históricas a la posguerra y además, se ha especializado en la novela y la poesía posteriores a 1975. Es autor, en una bibliografía muy extensa que incluye artículos periodísticos y diferentes géneros literarios, del ensayo La obra literaria de Joaquín Leguina, 1985-2006 (2013) y De Alfonso XIII a Tierno Galván. Estampas del siglo XX español (2022) que fue galardonado con el III Premio Internacional Cuadernos del Laberinto de Historia. En esta entrevista afirma "si tengo una novela que siempre recomiendo, que he releído varias veces y que me parece imprescindible en la literatura del siglo XX es Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa". Francisco José Peña estará acompañado en la presentación de La década del cambio (1979-1989) de los ex alcaldes madrileños, Joaquín Leguina y Juan Barranco.  



Uno de tus ámbitos de investigación es la novela política de posguerra. El historiador Ángel Viñas ha afirmado que la guerra civil española ha generado una bibliografía de dimensiones asombrosas en comparación con la II Guerra Mundial. 

Coincido con Ángel Viñas, cuyo padre era albaceteño como yo, en que la guerra civil de 1936 es uno de los episodios históricos con una bibliografía asombrosa. Una de las claves es que la guerra fue un acontecimiento de interés internacional, pues implicó a favor de Franco a Alemania e Italia y a Rusia y a las Brigadas Internacionales como apoyo de la República, además de la actitud pasiva de Francia e Inglaterra. Pero también la prensa internacional y los intelectuales del momento pusieron su mirada en España, en una lucha que se entendió como la confrontación en el campo de batalla entre democracia y fascismo. Pero es que además aquel conflicto tuvo connotaciones económicas, religiosas, nacionalistas, culturales... En ese sentido, cualquier aspecto de la vida de los españoles se vio afectado por la guerra. Por el contrario, la II Guerra Mundial fue una lucha entre países: entre democracia y fascismo-nazismo. Y, salvo peligrosos nostálgicos en EE.UU. y Europa, todo el mundo está ─o debería estar─ de parte de Churchill y Rooselvet. 

En cuanto a la novela española desde la transición, en mi tesina doctoral elaboré un catálogo de novelas editadas entre 1975 y 2003 que tienen como tema la guerra, y ya entonces me pareció un canon respetable. Desde la muerte de Franco han visto la luz títulos tan singulares como Días de llamas, de Juan Iturralde; La guerra del general Escobar, de José Luis Olaizola; o Soldados de Salamina, de Javier Cercas, por citar algunas. 



También has publicado en el género biográfico sobre Josefina Aldecoa, Álvaro Pombo o Vicente Molina Foix, entre otros. ¿Cuál es el punto común de todos ellos para que les hayas dedicado tu atención?

Confieso que esos nombres me los sugirió mi profesora en la Facultad, y ahora amiga, Carmen Valcárcel. Ese fue el punto de partida no solo para su inclusión en el diccionario de la RAH, sino también de la lectura de sus obras. Los tres tienen rasgos muy singulares y una estética muy personal, pero todos ellos me parecen imprescindibles en el canon de la literatura de la democracia. Creo que Álvaro Pombo (Premio Cervantes 2024) posee una voz poética muy singular, pero también es un narrador de primer orden, con temas que solo él puede aportarnos. A su vez, Molina Foix resulta muy particular: es bueno como narrador o guionista, es magnífico como poeta, novísimo de los de José María Castellet, y es excelente como ensayista. Pero si tengo una novela que siempre recomiendo, que he releído varias veces y que me parece imprescindible en la literatura del siglo XX es Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa. Cualquier docente debería leerla alguna vez en su vida, y aunque parezca una autora desconocida, estuvo en el grupo fundador de la revista Espadaña y forma parte de la Generación del 50. 



El próximo 31 de enero presentas un nuevo libro, La década del cambio en España (1979-1989), y una de las figuras reivindicadas es Tierno Galván  ¿Necesita ser mejor conocido? Personalmente, creo que sus bandos son singulares. 

Indudablemente, Enrique Tierno Galván fue un alcalde muy popular en los ochenta; por ejemplo, en las elecciones de 1983, cuando cosechó una rotunda mayoría absoluta, subió en zonas tradicionalmente conservadoras como el barrio de Salamanca, donde yo viví veinte años. Ahora bien, hablamos de un político de un alto perfil intelectual, indiscutible antifranquista, pragmático en el pacto con otros sectores de la oposición y aunque una parte del grupo de Suresnes lo intentó arrinconar, o jubilar, supo gestionar Madrid con solvencia y desempeñó el cargo con altura de miras y entidad política. Sí que es conveniente no olvidarlo, tenerlo presente y entender que en el pasado hubo otras formas de desempeñar los cargos políticos. Y, efectivamente, sus bandos son joyas literarias, pero también de la Historia de Madrid, aunque su pluma fue más allá y tocó palos como el ensayo legal, el género memorialístico o la crítica literaria, desde un punto de vista casi filosófico. Como suele recordar a menudo Juan Barranco, Tierno es además el autor del preámbulo de la Constitución de 1978. 


Esos años son los de la movida madrileña, que según afirmas se dio en varias ciudades y que en Valencia acabó con la “ruta del bacalao”. ¿En qué acabó en Madrid?

Creo que una manifestación contracultural tan fuerte como la movida de los ochenta terminó definitivamente con el nacimiento de otra corriente contracultural como la ruta del bakalao, con ‘k’, que además tenía su base en la movida levantina. Igual esto resulta algo polémico, pero ambos son momentos de contracorriente muy fuertes. Pero yendo a la pregunta: creo que la movida madrileña estaba prácticamente en fase de decadencia hacia 1986. La unión de consumo de drogas y movida fue letal, pero las autoridades actuaron con decisión cuando también hubo un fallecido por una pelea absurda en la puerta de la discoteca Rock-Ola. Ahora bien, con una mirada cultural, creo que todo cambió al morir algunos magníficos artistas y también con la carrera en solitario de otros. Eso sí, varios de sus miembros más reconocidos siguen en la brecha: Alaska, como una show-woman televisiva y radiofónica; el Gran Wyoming, presentando un programa diario en La Sexta con excelentes datos de audiencia, o Pedro Almodóvar, que se ha convertido en un clásico del cine posmoderno. 


La estética de los 80 es ahora moda, este revival, ¿a qué crees que se debe? Incluso hay un “look” de oficina de aquellos años con nombre propio: corpcore.

Efectivamente, parece que vuelve. La moda es una de las cuestiones culturales más cíclicas, y del mismo modo que tuvimos un revival de chaquetones y pantalones de campana setenteros hace poco tiempo, ahora vuelve el gusto por aquella estética que creo que no se va a quedar en el corpcore de oficina, porque también vuelve el cuero en pantalones y chaquetas. Por otra parte, creo que quienes nacieron a finales de aquella década o en los 90 miran atrás con la necesidad de explicarse a sí mismos, por eso también surgió mi libro La década del cambio en España (1979-1989). Si nos fijamos bien, las series Las Abogadas y Asuntos Internos, o el documental La última noche de Sonia Martínez ─de quien hablo en mi libro─, son una mirada hacia la transición y los ochenta con ganas de explicar qué fuimos y de dónde venimos en un tiempo en el que resurgen las rancias ideologías extremistas del siglo XX. 


De las decenas de protagonistas de aquella década que citas en tu libro, ¿quién, de todos ellos, necesitaría una revisión mejor? 

El propio libro ya reivindica a algunos como Joaquín Leguina, Juan Barranco o Sabino Fernández Campos, y por otra parte creo que pongo en valor algunas figuras de gran valía en el centroderecha como Álvarez del Manzano y Ruiz-Gallardón. Y, como decía antes, Tierno Galván resulta crucial para entender, por ejemplo, la mayoría absoluta del PSOE en 1982. La transición y los ochenta son un logro colectivo del pueblo español, que además sufrió los envites de la violencia política, del terrorismo, del golpismo o las crisis económicas o sanitarias ─como el caso de la colza o el Sida─. España le debe mucho a Adolfo Suárez y a Felipe González, pero también a sí misma, aunque quizás la revisión más necesaria ─y a lo mejor no necesariamente benévola─ es la que afecta al papel de Juan Carlos I. 










martes, 17 de diciembre de 2024

Soy un canto, soy un color - Socorro Rodríguez, Madhya - Poeta

 

Seamos calma
que ya hay
mucha gente 
tormenta.
Socorro Rodríguez, Madhya

Socorro Rodríguez Santiago (Madhya) ha publicado una inmensa obra poética, que ya suma 42 libros, todos poemarios, excepto, Surcos en el asfalto, (Editorial Mandala) que según la autora es prosa poética. Colaboradora habitual de la revista, El Faro de Amapaci, su mayor interés ha sido la poesía en vivo, "recitar y a veces, con acompañamiento de guitarra". Estos días acaba de publicar, Melodía Clarinete (Editorial Mandala). Aficionada a la montaña, es una admiradora de la enorme labor que llevó a cabo la Institución Libre de Enseñanza "y que aún me sigue fascinando".

Cómo definirías tu evolución como poeta, tras tantos años dedicada a la poesía. 

A mí me da mucho respeto el llamarme poeta y andar por el mundo con esa etiqueta. Yo sólo escribo, guste a quien guste. 

Pero sí, hay una evolución desde mi formación en Letras en la Universidad Complutense, y después en mi ejercicio profesional, publicando revistas, muy artesanales con poemas hechos por mis alumnos. Luego, a partir de mi jubilación ha sido importante volver al aula asistiendo a buenas escuelas de escritura como Fuentetaja o la Escuela de Ana Obligado. Pero lo que me pulió, por así decir, fue la escuela de poesía con Oscar Martín Centeno e incluso, la del Centro de mayores Gloria Fuertes.


¿Qué encontrará el lector en tu obra?

Quizá cierta resonancia con su corazón, eso es lo que me dicen.


Si la poesía es intensidad, ritmo y voz. En tu opinión, qué es la voz.

Para mí, sólo dejar hablar a tu corazón.


Cuál sería, en tu experiencia como escritora y lectora de poesía, el principal inconveniente para acercarse a este género. 

Lo desconectados que estamos en esta sociedad de nuestra esencia y tanta turbulencia informativa sin poder digerir convenientemente.


Qué poetas son tus referencias.

Tendría que citar muchos pero si tengo que concretar y dado mi interior camino por el mundo del Yoga, los que más me resuenan son Paramahansa Yogananda, Rabindranath Tagore, Kabir y también, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Bécquer, Quevedo, Calderón. De la generación del 98 sobre todo Antonio Machado y de la del 27, Rafael Alberti. Y añadiría, Atahualpa Yupanqui, Facundo Cabral y Gabriela Mistral.


                                        

Buenos días 
vida
a ver cómo
transcurro serenamente
por mi camino
con la mejor de mis sonrisas.
Socorro Rodríguez, Madhya


miércoles, 7 de febrero de 2024

La poesía es un fulgor que ilumina y da cuenta del tamaño de las sombras - Ni un leve trazo, David Pulido Suárez, poeta.

 

Fotografía: Carlos Odeh

David Pulido Suárez ha publicado nuevo poemario, Ni un leve trazo y es probable que esta obra sea un antes y un después en su escritura. Colaborador habitual en las revistas Calibán, Ínsula Barataria, Aenigma y La Plazuela de las Letras, publicó su primer poemario Dame un nombre, en 2011 (ed. Idea). Ha recitado poemas en el programa La voz de los poetas, en Radio Ecca y ha participado en el  I Encuentro y festival de poesía joven-2003, celebrado en Salamanca, PAN, organizado por la universidad salmantina y la Asociación de Jóvenes Hispanistas Calíope. En el 2017 llegó a las librerías la segunda obra del autor, Décimas de juguete (ed. CanariaseBook/ Cam-PDS), textos destinados a público infanto-juvenil con el que ha realizado talleres en diversos centros escolares de la isla de Gran Canaria. Si lo desea, puede contactar con el autor a través del siguiente correo: niunlevetrazo_dps@hotmail.com. 


Ni un leve trazo es tu nuevo poemario que tiene como punto común la herida, incluso el dolor, que es a veces vivir.

Mi poemario no es un canto al dolor, sino, en parte, a la franca aceptación del inevitable acabamiento que a todos nos llega; a la fugacidad del tiempo. Pero no sólo la muerte figura en estos versos: la vida misma y el amor, su ingrediente elemental, son los otros dos ejes sobre los que pivota mi libro. 

Son, pues, las tres heridas hernandianas, popularizadas años más tarde por Serrat cuando cantó al oriolano. Tengamos en cuenta que nuestro poeta las llamó “heridas” porque tenía una visión trágica, imbuida de fatalidad, de la existencia, derivado esto no sólo de sus fuentes literarias, sino, particularmente, de su propia experiencia. No obstante, y como es natural, el hecho de estar vivos nos expone a la felicidad y al dolor, forjándonos, definiéndonos como seres humanos. Ni un leve trazo, por qué no, puede leerse también como una invitación a la vida, un memento vivere, tal y como titulo uno de los poemas.


Si la poesía es intensidad, ritmo y voz. En tu opinión qué es la voz.

El género lírico, en sus comienzos, se manifestaba principalmente por medio de la voz. No por casualidad se cuida el ritmo, la rima y la acentuación, usados para dar lugar a una declamación o canto óptimos. Sin embargo, “voz” en poesía tiene también otro significado que es el que aquí me interesa: el estilo inconfundible de cada autor o autora. Antonio Machado en su famoso Retrato dice: “A distinguir me paro las voces de los ecos”. Aunque su sentido original puede ser otro, podemos entenderlo de esta manera: uno se impregna de innumerables versos y modos de escribir, los ecos, los cuales van moldeando poco a poco nuestro estilo hasta que este, finalmente, acaba por cuajar en una voz propia, distinguible. 


La poesía continúa siendo un gran género en estos tiempos que no parecen precisamente poéticos.

¿Pero qué tiempo es poético? Cada una de las generaciones a las que formuláramos esta pregunta respondería, seguramente, que el suyo no lo fue o no lo es. Guerras, hambrunas, crisis económicas, asaltos al poder, siempre hay algo que justifica la frase “malos tiempos para la lírica” con la que Bertolt Brecht tituló uno de sus poemas e inmortalizó el grupo pop español Golpes Bajos. A pesar de todo, lo cierto es que nunca se ha dejado de escribir o leer poesía, sea o no propicio el momento histórico. 

Dicho esto, opino que la poesía se sigue creando y leyendo porque es comunicación que trata de expresar bellamente o de forma atractiva aquello que nos conmueve como humanos y que nos resulta inaprensible con el uso cotidiano del lenguaje. El género lírico tiene la capacidad de pulsarnos por dentro, de dar voz a nuestras preguntas, incertidumbres, alegrías, temores y vértigos más íntimos. Dicha capacidad se fundamenta en que tanto su escritura como su recepción emplean la intuición, es decir, viene y va directo a las entrañas. La poesía es un chispazo, un fulgor, que al tiempo que ilumina da cuenta del tamaño de las sombras, o sea, de los espacios que aún quedan incógnitos.




Cuáles serían tus poetas de referencia.

A riesgo de dejarme a muchos fuera, nombraré a Francisco de Quevedo, Garcilaso de la Vega, la poesía popular o tradicional, la del mundo clásico, Antonio Machado, Lorca, Aleixandre, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Francisco Brines, Manuel Díaz Martínez, Pedro García Cabrera, Manuel y Eugenio Padorno, Wislawa Szymborska, Manuel González Sosa, Pino Ojeda, Alicia Llarena. 


Al ejercer una profesión que no tiene relación con la poesía, qué significa, qué lugar ocupa el quehacer poético en tu vida.

La poesía para mí es mi modo de ser y de estar en el mundo. Lo ha sido desde que tengo uso de razón, con independencia de aquello a lo que me dedique desde un punto de vista profesional. A través de ella converso conmigo mismo, con cuanto me rodea y con los demás. Por medio del verso traduzco al ser humano que soy, y al hacerlo creo estar hablando de cualquier semejante, puesto que en cualquier tiempo y lugar ciertas emociones y sentimientos, con más o menos intensidad, son compartidas.


Como poeta, cuál sería el principal inconveniente para escribir poesía hoy en día.

Considero que no existen inconvenientes para escribir poesía más allá de la ausencia física de un lápiz o un bolígrafo y un papel. Su creación sólo exige honestidad, humildad, intuición, sensibilidad y conocimiento. Si unos versos tienen que salir, saldrán. Contra viento y marea. Por otra parte, la poesía no puede ni debe someterse al imperativo de la producción con el fin de alumbrar textos publicables. Uno debe escribir porque no le queda más remedio, porque si no lo hace se siente mutilado, pero nunca con el exclusivo fin de ver un libro suyo en las librerías. A la poesía hay que respetarla, y eso se hace desde la honestidad creadora.

David Pulido Suárez
Editorial Cuadernos del Laberinto

                                                     

 

 Espumas Transitorias

A veces, sin que sepas, yo regreso

al pie de la ventana de tu casa

y observo tu silueta mientras pasa

detrás de la cortina de mis huesos.


Entonces en la sangre noto el peso

ausente de un recuerdo que me abrasa

y deja consumiéndose la masa

oscura de este cuerpo que va preso.


Ardiendo, el paso vuelvo hacia la sombra

llevándome conmigo la ceniza

que aviento sobre el mar de la memoria.


Un mar que se estremece si te nombra

llamándote en el eco de una brisa

que besa las espumas transitorias.





domingo, 19 de noviembre de 2023

Un viaje es una historia de amor con el mundo - El alma en los viajes, Sonsoles Sánchez-Reyes Peñamaría


Sonsoles Sánchez-Reyes comenzó a publicar en Tribuna Ávila historias sobre sus viajes, pequeñas narraciones de hechos singulares que la sorprendieron al recorrer Amberes, Amiens o Reims. La celebridad de este blog, la decidió a publicarlo en papel y ahora ve la luz en una hermosa edición de Cuadernos del Laberinto con el título, El alma en los viajes. Sánchez-Reyes, profesora de filología inglesa en la Universidad de Salamanca, ha querido que le acompañe con su obra fotográfica, Gabriela Torregrosa. Un total de 28 narraciones se suceden "pobladas por ángeles risueños, promesas que atraviesan siglos, héroes y heroínas anónimos, estatuas que parecen hablar", detalla en el prólogo Carlos del Amor. 


Estos 28 textos nacen de un blog, Cuaderno de bitácora. Quizá la materialidad de un libro sigue siendo insustituible.

La seducción del libro como objeto es innegable. La belleza de su edición lo hace atractivo de por sí y en este caso, Cuadernos del Laberinto ha conseguido un resultado óptimo: el tacto de sus páginas o el olor del papel ligan la experiencia lectora a recuerdos personales y la enriquecen al abrir todo un universo de sensaciones paralelas que se suman al propio contenido de la obra. Por eso el libro como realidad material no ha desaparecido tras el surgimiento de las plataformas digitales; cada uno ocupa su espacio definido.


Decenas de historias curiosas que parecen conformar un mundo enjoyado de misterio y asombro. 

Lo esencial de viajar no es haber estado en un lugar, sino que el lugar haya estado en ti. La sospecha de que se ha sido testigo presencial de algo perenne se reafirma cuando, tras el retorno a casa, la vivencia se ha instalado en las entretelas de la memoria. A eso apela este libro. Al placer de atesorar escenas que parecerían relatos si no hubieran ocurrido, o sucesos que aún logran estremecer por muchas veces que se oigan.


Si tuvieras que señalar un punto común en todas estas historias que forman El alma en los viajes, cuál sería, ¿recomendarías alguna en especial? 

Todas ellas son historias que me han fascinado o me han conmovido primero a mí, cuyos pedacitos de espejo he ido recogiendo a lo largo del tiempo para recomponerlas, con el deseo de contagiar en el lector el pálpito que me ha producido primero encontrarlas y después narrarlas. Muchas, inexplicablemente, son extensamente conocidas entre los habitantes de un lugar muy concreto, pero ignoradas por el público en general en cuanto uno se aleja unos kilómetros. 

Animaría al lector a dejar que sea el libro el que le encuentre, a comenzar leyendo la historia cuyo título o tema le haya atraído más. Las historias permiten ser abordadas en el orden que se elija, así el lector puede determinar su propio itinerario, diferente del de cualquier otro. Son historias breves e intensas que se leen en pocos minutos pero que se quedan contigo después por mucho tiempo, acompañadas por preciosas fotos, muy certeras y expresivas, obras de Gabriela Torregrosa.


Tenemos referencias en imágenes, gracias a Internet, de casi todos los rincones del mundo. Cuál podría ser hoy en día, la forma de viajar. ¿Tienes una propuesta personal?

Viajar sin lastres preconcebidos, con la capacidad de asombrarse intacta. Ceder al placer de maravillarse, de cuestionarse, hacer del viaje un momento de crecimiento y transformación personal del que regresar cambiado. Perderse en vericuetos que no estén en las guías, salirse del camino trillado. Disfrutar de los descubrimientos, hablar con las personas, probar las comidas, aventurarse por rutas de primeras veces con actitud de valorar la diferencia.




En el proceso de escritura, cuál fue la mayor dificultad.

Me ha costado mucho seleccionar un número limitado de historias de entre el acervo que he ido custodiando en la mochila del corazón desde hace muchos años. 

He pretendido rescatar del olvido aquellos jirones de alma que se me quedaron prendidos en sitios lejanos al mezclar la propia vida con otras, presentes y pasadas. Reconocerlos e incorporarlos al equipaje personal incita a que surjan muchos otros por rincones aún inexplorados, en un afán que jamás termina, mientras quede un hálito vital.


Podrías recomendar algún escritor de viajes que te guste especialmente y un lugar al que viajar con tu libro.

El mejor escritor de viajes somos cada uno de nosotros, cuando reelaboramos el episodio para contárnoslo a nosotros mismos y a las personas de nuestro entorno. Ese relato se sucede en tres planos, el previo a partir, que tiene mucho de ensoñación o suposición, los momentos que se viven durante el itinerario, que semejan más una historia de aventuras emocionantes, y la narración posterior a la llegada, en la que los hechos se aderezan con sentimientos, se embellecen y dulcifican con el paso de los días al acomodarse a la evocación y convertirse en domésticos. Igual que ningún amor literario es tan genuino ni deja un regusto tan perenne como el que cada uno ha sentido en sí, ocurre lo mismo con los viajes, que al fin y al cabo pueden concebirse como historias de amor con el mundo.

Un lugar al que viajar es cualquiera que permita contemplarlo a otra luz, con una mirada limpia y nueva; reinterpretar conceptos largamente asumidos para después vincular todo eso a uno de manera individual. Este libro busca despertar la autenticidad de la percepción, trata de que el lector sienta que, aún sin moverse de su ámbito cotidiano, ha visto con sus propios ojos la trastienda de algunos lugares y aspectos más humanos y entrañables de personajes célebres que se los acercan para siempre. Pretende no solo invitar a mirar; también a pensar.


El alma en los viajes
Sonsoles Sánchez-Reyes
Editorial Cuadernos del Laberinto


viernes, 30 de junio de 2023

La novela negra es un puñetazo y los puñetazos duelen - La ley del Padre, Carlos Augusto Casas - Ediciones B

 


Carlos Augusto Casas, periodista de investigación, director de la colección de novela negra y policiaca Estrella Negra es también un autor de éxito. Sus relatos han aparecido en numerosas antologías, pero sería en 2017 cuando su carrera literaria despegó y lo hizo con su primera novela, Ya no quedan junglas adonde regresar, que recibió, entre otros, el Premio Wilkie Collins de Novela Negra,  el Premio Tuber Melanosporum, Premio Novelpol, Premio Ciudad de Santa Cruz y Premio Tormo Negro; además de ser finalista del Premio Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón y nominada al Tormo Sangriento Ciudad de Cuenca.  En 2021 publicó El Ministerio de la Verdad, un thriller ambientado en la España de 2030 y hace unos días, hemos sabido que la adaptación al cine de Ya no quedan junglas adonde regresar será interpretada por Ron Perlman. En un año de acontecimientos para Augusto Casas, también ha visto la luz su nueva novela La ley del padre, el motivo de esta entrevista. 


La novela negra, ¿un género cada vez más valorado?

La novela negra contiene realismo, costumbrismo, lo políticamente incorrecto, crítica social y sobre todo entretenimiento sin complejos. Entendiendo que entretener a los lectores es algo positivo, porque parece que ahora el término entretener tiene una connotación peyorativa. Se asume que la literatura que entretiene no puede tener valor literario. Algo con lo que estoy en desacuerdo. El largo adiós, por poner un ejemplo clásico, es una de las mejores novelas norteamericanas de todos los tiempos.


En un artículo de prensa, el escritor Carlos Zanon decía que el problema de muchas de las novelas del género era que sus autores no “bajaban a la calle”.

Creo que esto sucede más en los thrillers que en las novelas negras, porque pueden incorporar más elementos fantasiosos, no tienen por qué estar tan pegados a la realidad como la novela negra. La verosimilitud es fundamental en el género, y eso solo se consigue con grandes dosis de verdad. Y la verdad está en la calle, en los bares, en las conversaciones susurradas para que nadie las escuche. La novela negra tiene que ser un puñetazo. Y los puñetazos duelen.


Tu nueva novela está ambientada en el Barrio de Salamanca, “dinero viejo”, ¿cómo hacen generaciones de una misma familia para ser oro viejo?

Porque lo tienen y saben conservarlo. Son familias que se cuidan de tejer un entramado de relaciones con otras familias influyentes. Una suerte de endogamia para que el tiempo pase, pero todo se quede en casa. Además que contar con medios económicos hace que triunfar en la vida sea mucho más sencillo. Ellos cuentan con la ventaja de poder fracasar sin que haya consecuencias, algo impensable para un ciudadano medio.  



En este sentido habría que mirar a los descendientes calavera, los que ponen el contador a cero de las grandes fortunas, como un acto de justicia.

En la mayor parte de los casos, los calaveras actúan como tal durante un periodo de tiempo limitado. La mayoría vuelven al redil familiar en cuanto se dan cuenta de la posición de privilegio que tienen en la vida. Hay muy pocos que despilfarren el dinero familiar hasta quedarse en la ruina.


¿Qué dicen tus lectores de esta novela, qué te ha sorprendido de sus comentarios?

Lo que más me dicen es que en mi novela no hay ni un solo personaje bueno. Lo cual me gusta porque eso dota a los protagonistas de realismo. Huyo del maniqueísmo de personajes blancos o negros. Todos tenemos una parte mala y buena, vivimos en una constante escala de grises. Y eso es algo que quería contar en La Ley del Padre. Que los lectores se identificaran con algunos comportamientos más que con los personajes en sí.


¿Los nórdicos fueron la gran sorpresa del género, en dónde hay que poner el interés ahora?

No es algo nuevo, pero creo que se están haciendo cosas muy interesantes en Sudamérica. Tanto la literatura negra argentina, como la mexicana. Con autores como Nicolás Ferraro o Natalia M. Alcalde. Pero no hay que olvidar nunca a los norteamericanos que siguen manteniendo el listón muy alto.





sábado, 13 de mayo de 2023

Ser poeta es una manera de estar en el mundo - José Ramón Ayllón Guerrero, Pacific Grove

 

José Ramón Ayllón Guerrero desarrolla una labor poética que crece año a año y que ha sido reconocida con diferentes galardones. Su poemario Mástil de nubes obtuvo el Accésit Premio Barro, 1981; Donde la piel no llega, el Premio Juan Bernier 1992; por su parte, Climogramas de estación emocional fue premiado con el  Miguel Labordeta, 2016. Ese mismo año, recibió el Pepa Cantarero por Geografía ausente y al año siguiente, de nuevo su labor poética fue reconocida con el Premio Águila 2017 por Con las raíces vueltas hacia arriba. En 2020 añadió a sus premios el Blas de Otero de Majadahonda con Arrecife de sombras. José Ramón Ayllón Guerrero es también autor de A caballo entre cáncer y regaliz de palo (Ediciones Oblicuas, 2017), Donde la piel no llega (Los Libros del Gato Negro, 2020) una reedición ampliada del anteriormente mencionado con el mismo título, y ha escrito además dos novelas, Castillo de tierra y Castillo de fuego. Ha participado en diferentes Festivales de Poesía e IMÁN publicó una antología de toda su obra en su número de junio de 2018. Su última obra, Pacific Grove es un poemario sobre sus viajes por Estados Unidos, una tierra a la que está ligado de manera personal. Su página web, y no es habitual, recoge toda la información sobre su escritura, lo que para cualquier lector que quiera profundizar en su obra es de consulta obligada.


La poesía es un quehacer, por así decir, de toda tu vida. ¿Cuál es tu evolución como poeta?

Crecer y madurar en el intento de ser cada vez mejor persona es también el quehacer de la vida, ¿no? Supongo que mi trabajo como poeta va íntimamente ligado a esa premisa, en cuanto a que ese crecimiento vital se traduce, quieras o no, en lo que escribo. Al margen de eso, y reafirmando los elementos que mencionas en tu pregunta, creo que quizá también he ido conquistando con el tiempo nuevos caminos a nivel formal a la hora de enfrentarme al poema.

Con eso y todo, de la misma manera que el poema acaba finalmente cobrando vida cuando llega a los ojos del lector, creo que es posiblemente el lector el que tiene más herramientas objetivas para poder analizar la evolución que haya podido tener mi obra.   


Pacific Grove es un poemario surgido de un nuevo viaje a EEUU. ¿Cuál es la América de José Ramón Ayllón Guerrero?

Curiosamente, y a pesar de que esa América de la que hablas ha formado quieras o no parte de nuestro imaginario colectivo, gracias fundamentalmente al cine, nunca EE.UU. entró cuando era joven en objetivo a descubrir, y siempre me llamaron muchísimo más la atención otros países y otras culturas a la hora de viajar.

Llegué a EE.UU. porque por puro azar la vida me lo puso en el camino. Me encontré ni más ni menos con que realmente es como lo vemos en el cine, pero a lo grande: espacios infinitos, desiertos frente a montañas nevadas; carreteras inacabables y a veces solitarias, donde el paisaje y la música sonando en el coche —cómo entiendes de hecho en esas circunstancias la música country, por ejemplo— son tus únicos acompañantes; megalópolis donde el espíritu americano propiamente dicho desaparece junto a ciudades que son ya la América profunda; el sabor del legado de los indios, de la conquista, de las gestas no tan lejanas de tener que construir un país; el puritanismo, la diplomacia como valor comunicativo en las relaciones personales o esa necesidad de tener que llenar con la espiritualidad no sé bien qué tipo de vacíos, nunca en España curiosamente me he visto en un supermercado hablando de Dios… Todo eso hizo que, por una parte, me reafirmara en la idea preconcebida de que me resultaría muy difícil vivir allí, pero, a su vez, me permitió acuñar la frase que sirve casi como prólogo a Pacific Grove de que la tierra es inocente. Desde ahí, después de todos esos viajes que mencionas, no me canso de recomendar a mis amigos que, si tienen ocasión, se permitan el lujo de conocer esa América.


Si la poesía es intensidad, ritmo y voz. En tu opinión, ¿qué es la Voz?

La voz es ni más ni menos ese algo que no está desconectado de los otros elementos que mencionas y que te permite reconocer a un autor cuando lo lees. En ningún momento, por consiguiente, estoy hablando de palabra solo, como quizá se podría malinterpretar. El vocabulario, el ritmo, el uso de unas determinas imágenes poéticas con mejor o peor fortuna, el tono, la métrica, la rima o no rima, la intención, la sensibilidad, la forma de abordar un determinado tema es lo que entiendo como voz.

Volviendo al cine y tomándolo como ejemplo que me puede ayudar a explicarlo, de la misma manera que el plano y la secuencia son los signos que permiten construir una película y son los que acaban definiéndola, todos esos elementos que te he enumerado antes vendrían a ser en poesía los signos que nos llevan a escribir un poemario. Con un mismo tema y, si me apuras, con un mismo guion, podríamos pues filmar/escribir tropecientas películas/libros de poemas abismalmente diferentes en función de la voz del autor.


¿Cuál es la principal dificultad para desarrollar una labor poética?

En mi opinión, la principal dificultad es dar salida a tu obra en condiciones dignas y equitativas —no aspiro ya a hablar de que te permitan vivir de tu trabajo, mucho menos si estamos hablando de poesía.

Hemos acabado conformando una sociedad en la que la cultura no es un valor mientras que paralelamente la fama está sobrevalorada; en la que el espíritu crítico y la dialéctica brillan por su ausencia; una sociedad que, a su vez, se ve engullida y a la merced de lo que dicten las redes sociales.

Todo eso amplifica la cada vez mayor proliferación de noticias falsas, por ejemplo, o de productos cuyo principal mérito es cosechar miles de likes en cualquier foro, independientemente de su valor real que no cifro, por supuesto, en la afinidad que puedas encontrar con un autor, sino en la como mínimo seriedad y coherencia de su trabajo. Todo forma parte de lo mismo y da igual que estemos hablando de política que de literatura o de cualquier otro fenómeno.

Por una parte, entonces, tienes como muchísimos más altavoces para hacerte oír, pero que son altavoces en los que todo vale y en los que ya ni se cuestiona si subir a diario un presumiblemente poema a esas redes es lo que te hace poeta, o fotógrafo el colgar tropecientas fotos en Instagram o Facebook. Pero esos muchos likes no dejan de ser paralelamente sinónimo del negocio que una editorial o una discográfica o una productora puede acabar haciendo con un determinado personaje.

Súmale los también presumibles sumos sacerdotes que crean tendencias y dictan su incuestionable veredicto en esos círculos —que no dejan de ser muy endogámicos— y súmale que hoy en día te puedes sencillamente autoeditar o colaborar económicamente con una editorial para que te publique, sin que ello comporte necesariamente un listón de mínimos. Para bien y para mal, el panorama es ese.

Salvando, pues, afortunados, honrosos e incuestionables nombres que son los que posiblemente en el futuro quedarán como firme rúbrica de la época que nos ha tocado vivir, me viene muchas veces a la cabeza el dicho popular de que vale más caer en gracia que ser gracioso.



Afirmas que un poeta es un pornógrafo emocional, pero dónde está el límite entre el narcisismo y el mostrar una visión desde el mundo interior.

A ver, yo he afirmado en ocasiones que creo que mi poesía es pornografía emocional porque, casi en su totalidad, parte de vivencias íntimas, pero para nada afirmo que todo poeta tenga que serlo ni me considero poéticamente un narcisista. Igual cualquier día mis posibles lectores me tachan como tal y me da un medio infarto. Sí que me reafirmo en que ser poeta es una manera de estar en el mundo, de mirar, de relacionarte y que eso va mucho más allá de que luego puedas o no escribir versos.

Soy una persona más navegando como tantos por todos los gozos, penas y problemas que nos va regalando la vida y, como tal, presupongo que comparto con una inmensa mayoría las mismas preocupaciones, curiosidades, dolores de cabeza, emociones y sentimientos, más allá de la necesidad o capacidad que pueda tener luego para expresar todas esas cosas, de la misma manera que otra gente tiene capacidades que a mí me serían imposibles de desarrollar.

Hurgar en ese mundo interior del que hablas no deja de ser, pues, hurgar en el de mucha gente. Para mí es importante, al margen de la consabida responsabilidad que comporta un trabajo, intentar conectar de la manera más sincera con esa íntima experiencia personal que, de alguna manera, considero universal y que, por consiguiente, puede ser sentida y compartida por muchísimos lectores. Aquello que considero íntimo e intransferible se queda en el tintero. No veo, por lo tanto, el narcisismo.


En tu opinión, qué poeta está infravalorado.

Tu pregunta me lleva a todo lo que te he comentado hace un momento al abordar la sociedad en la que nos movemos, que no deja de ser una opinión personal y debatible. Hablaba entonces, entre otras muchas cosas, de capacidades y ni me considero, objetivamente hablando, cualificado para hacer una lista ni soy el tipo de persona que la haría porque, entre otras cosas, correría el riesgo de dejarme en el tintero a alguien.

Dejémoslo entonces en que, desde luego, sí creo que hay muchísimos artistas —no sólo poetas— que se merecerían ser reconocidos tanto o más que algunos de los nombres propios que, por una u otra razón, acumulan titulares. Te lo digo yo que, después de todo, me visibilicé hace poquísimo y que tampoco formo parte activa de ese mundillo, pero me temo que es una opinión que sería compartida por mucha gente, aun cuando luego los nombres bailaran por cuestiones de análisis subjetivo.



                                                                            Las Vegas 

Suenan las tragaperras
y el whisky se derrama sobre el fingido gesto
que sepulta una raya de ansiedad permanente
y el contacto metálico en la espalda
de una pistola virgen.
Cien mil televisores multiplican
por columnas de vidrio
noticias repetidas y el mismo sonsonete
que acompaña la ausencia de las horas,
como si el mundo fuera la secuencia
de un tiempo detenido sobre el tapete verde,
donde la noche alienta la magia de los números,
y todas las pupilas contemplaran
un difuso paisaje de montañas de plástico.
La fiebre del desierto descarrila en los tubos
de aire acondicionado. Ni una sola rendija
para albergar los cables maltrechos de otra infancia.
Fugaz cortocircuito
de tabernas y viejos futbolines,
de tómbolas e imberbes humedades
vertidas en los pozos del insomnio,
de colillas lamiéndonos el pecho
aún adolescente. Fuera, en el bulevar,
un cortejo de coches de colores
evoca por segundos
el festivo compás de una charanga.


Pacific Grove
 José Ramón Ayllón Guerrero
Editorial Cuadernos del Laberinto



viernes, 13 de enero de 2023

Cuando lograr la belleza es una pesadilla - La manzana de Eris, Marina Casado, escritora y poeta.

 


Marina Casado publica segunda novela tras Los doce reinos del Tiempo (2021) y en esta ocasión, sobre el lado más siniestro de la belleza: La manzana de Eris (Editorial Cuadernos del Laberinto). Marina Casado ha publicado cinco poemarios, uno de los cuales, Este mar al final de los espejos (2020) obtuvo el Premio Carmen Conde de Poesía. Ha sido finalista en cuatro ocasiones del Premio de Poesía Adonáis y es colaboradora en el periódico El País, la revista Zenda y Culturamas, entre otros. Es columnista en el diario canario La Provincia y ha obtenido diferentes galardones por sus relatos. El pasado año se cerró con otro reconocimiento, su poemario Entra la noche, que verá la luz en 2023, obtuvo el Premio Internacional León Felipe.


El escritor Erri de Luca dice en un poema: “No ha habido guerra tan justa, ninguna otra, como la de Troya: dos pueblos a las armas para decidir quién de los dos debía quedarse la belleza”.

La belleza era un tema que ya preocupaba en la Grecia clásica. El título de la novela, La manzana de Eris, hace referencia, precisamente, a un pasaje mitológico en el que Eris, la diosa de la discordia, acudió a la boda de Peleo y Tetis sin haber sido invitada. Allí se encontraban también las diosas Hera, Atenea y Afrodita. Para sembrar el caos, Eris lanzó una manzana dorada entre ellas y dijo que era para la más bella. Esto produjo una encendida disputa que se convertiría en el germen de la guerra de Troya. 

Hoy en día, todos seguimos queriendo atrapar esa manzana, incluidos los personajes de mi novela. La manzana, relacionada con la belleza y la perfección física, simboliza la discordia. Y la discordia también surge en otra subtrama de la obra, la amorosa, pues la protagonista va a encontrarse en una verdadera encrucijada que llega a romper su equilibrio emocional. 


Tu novela surge de una reflexión, hasta dónde podemos llegar para lograr una buena apariencia.

Comienza, de hecho, con un suicidio: el de Carolina, una joven que aparentemente lo tenía todo: éxito, dinero, belleza. Natacha, una periodista que fue compañera suya en la facultad, comienza a investigar y descubre la existencia de Vitherbal, una empresa piramidal que comercializa batidos dietéticos y funciona como una auténtica secta. Carolina trabajaba para esa empresa y su final resulta desconcertante y misterioso. Vitherbal capta a sus clientes aprovechando sus debilidades, ofreciéndoles la perfección física, e incluso Natacha se sorprende, en alguna ocasión, preguntándose si sus complejos podrían terminar si empezara a consumir los famosos batidos. La idea subyacente es que todos podemos ser tentados por algo así con tal de aspirar a sentirnos más bellos. Todos podemos desear esa manzana con más o menos prudencia. En la novela, se llega al extremo de poner en peligro la propia vida o la de otros.




El género negro ¿es la mejor manera de abordar este tema?

Una de las características clásicas del género negro es la crítica social. Es el género perfecto para mostrar una realidad turbia, oscura, que mueve los hilos de la sociedad actual. Una realidad que asusta, en cierto modo, porque está inmersa en un capitalismo salvaje que valora la rentabilidad económica por encima de la vida humana. La protagonista, Natacha, va introduciéndose en ese mundo y descubriéndolo poco a poco, y el lector puede ir sobrecogiéndose con ella, a su ritmo, para apreciar la verdadera magnitud del horror. La incertidumbre, el miedo, la sospecha, son emociones que entran en juego a lo largo de este descubrimiento. 

Sin embargo, no me quedo en la mera crítica social o en el planteamiento del clásico esquema de investigación y resolución del misterio; también profundizo bastante en la psicología de los personajes, sobre todo en la de los dos principales. Me interesa mostrar sus sentimientos ante todo lo que están viviendo, de modo que el lector pueda sentirse identificado con ellos, tal como ocurre, por ejemplo, en las novelas de Patricia Highsmith, uno de mis mayores referentes del género.


Dietas, operaciones, filtros en las redes sociales y la profecía de que el mundo se dividirá entre quienes puedan pagar por aumentar su longevidad con una juventud eterna y los pobres. 

Avanzamos hacia eso, pero también es cierto que, a medida que se van normalizando todas estas cuestiones, también se van popularizando. Desde hace unos años, por ejemplo, los injertos capilares se han multiplicado gracias a opciones más económicas, como las que ofrecen en Turquía. O la depilación láser, que ya puede hacerse desde casa gracias a aparatos que se compran en cualquier centro comercial.

En todo caso, la belleza siempre se ha asociado a la riqueza. En el Renacimiento, por ejemplo, se valoraba la tez blanca porque era una señal de que esa persona no había tenido que trabajar de sol a sol. 

En la novela, la joven que se suicida, Carolina, y su novio, ofrecen al mundo una imagen de prosperidad económica, además de la perfección física. En esa idea se basan las empresas como Vitherbal para atraer a sus víctimas: “únete a nosotros y, además de ser guapo, te irá bien económicamente”. 


De todos los personajes de La manzana de Eris por cuál sientes más simpatía.

Suelo simpatizar con los antagonistas, sobre todo cuando van de tipos duros y ocultan un corazoncito. En el caso de esta novela, el antagonista no es exactamente un antagonista, porque ayuda en la investigación. No voy a destripar el final y a revelar si sus intenciones eran buenas o malas, pero creo que mi personaje favorito es Juan Pablo. Tiene sus luces y sus sombras, resulta ambiguo y contradictorio; enigmático, en cierto sentido, y magnético. Evoluciona a lo largo de la historia. No me suelen gustar los personajes malos o buenos, de una pieza, sino aquellos que se mueven entre el bien y el mal, como las personas reales, aquellos que tienen manchas en su expediente, traumas que quisieran olvidar… Me fui encariñando de Juan Pablo a medida que avanzaba la novela.


Tu gran dedicación, sin embargo, hasta ahora ha sido la poesía. Cuál es la principal dificultad, hoy en día, para la labor poética.

Efectivamente, hasta ahora he publicado más poesía que narrativa. Publiqué mi primer poemario en 2014 y en agosto de 2023 saldrá el sexto, Entra la noche, con el que obtuve el Premio Internacional León Felipe el año pasado. Casi una década en el “mundillo” me han concedido una visión presumiblemente realista del panorama poético español.

Por una parte, está el obstáculo de toda la vida: el hecho de que, desde siempre, la poesía ha tenido un público muy minoritario, en comparación con la novela. Pero además debemos enfrentarnos a las “mafias poéticas”, a los premios que funcionan a través del “amiguismo” (y que son muchos más de lo que podría imaginarse), a valorar solo ciertos estilos que están de moda y no dar una oportunidad a otras propuestas diferentes… y en general, a la tendencia actual a no profundizar y permanecer en la superficie, cuando la poesía es hondura en sí misma.


Marina Casado
Editorial Cuadernos del Laberinto




miércoles, 16 de noviembre de 2022

Las cicatrices del alma no hay quien las borre - Delirio, Natalia M. Alcalde, escritora

 

Los elogios se suceden en las redes sociales a propósito de la primera novela de la escritora mexicana, Natalia M. Alcalde: Delirio. Alcalde había publicado anteriormente cuentos y artículos de investigación en las revistas Ágora, Colegio de México (COLMEX), Uffizi Magazine y Double Clic de la Fundación Juan March pero esta es su primera publicación de largo aliento. "Una apabullante novela negra en la que violencia, crítica social y realismo mágico se mezclan con maestría", en palabras de su editorial. Los lectores, por su parte, saben que las grandes potencias literarias en lengua española son actualmente Colombia, Argentina y México, todo lo que sus autores escriben merece una atención especial.


Primera novela y género negro, por qué en este género.

Pienso poco en el género cuando estoy escribiendo. Para mí antes viene la historia. Con Delirio, primero aparecieron los personajes y tuve que pasarme un rato conociéndolos, luego se fue desarrollando la historia que ellos querían contar. Finalmente, cuando tenía la novela escrita de principio a fin, la leí y me pregunté ¿Esto qué es? Descubrí que se trataba de una novela negra. Me gusta trabajar así, sin someter mi imaginación a las limitaciones del género. 

Ya después, cuando lees y descubres tu obra en papel es cuando entiendes ciertas cosas. Te entiendes a ti misma (es como si fuera un proceso terapéutico). Hoy, viendo en retrospectiva, comprendo que Delirio formó parte de un momento muy específico de mi vida. Lo escribí cuando volví a España después de haber pasado un año en México, regresé enojada, sintiendo muchísima impotencia y desesperación ante la situación de violencia que se vive en el país; los índices de impunidad son tremendos, la inseguridad que viven las mujeres es apabullante, y nadie en el gobierno parece querer hacer nada para cambiarlo. Ese enojo se vio transferido a mi literatura y, naturalmente, surgió una novela negra. 


Un hito reciente en el género han sido las mujeres escritoras. 

Yo no veo eso de ser mujer y escribir novela negra como algo raro. 

Las mujeres siempre hemos estado presentes en el género negro. No podemos pensar en la historia de la novela negra sin nombrar a Patricia Highsmith, y ¿qué me dices de Joyce Carol Oates? Y más recientemente Gillian Flynn, que es genial y está muy loca. No podemos dejar fuera a Agatha Christie, que es la escritora más conocida del género policiaco y del thriller.  

Por cierto, Agatha Christie ha sido clave en mi vida, por una cuestión de familia. Mi abuela materna tenía todos los libros de esta autora (heredó ese amor por la novela de misterio, policiaca y de terror de su madre). Yo me acuerdo mucho de ir a su casa y encontrarla leyendo y releyendo libros de Agatha Christie o de Stephen King; ella se sabía el desenlace de cada historia de memoria. En sus últimos días olvidó el nombre de sus familiares, pero seguía conociendo bien quién había sido el asesino de cada uno de los libros de Agatha. Quizá habrá sido por eso que, a mí, la idea de ser mujer y escribir o leer novela negra, no me parece una contradicción, todo lo contrario, es algo natural, es la literatura que he tenido cerca desde niña y, muchas veces, escrita por una mujer. 

Por otro lado, creo las mujeres en Latinoamérica, a lo largo de la historia, hemos tenido una condición más de testigo que de actor social. La historia ha pertenecido a los hombres (y en gran medida les sigue perteneciendo) y no porque nosotras queramos que sea así, sino porque nos hemos visto relegadas al hogar y silenciadas. Entonces observamos, somos testigos de la forma en que el género opuesto ha creado, desarrollado contratos sociales, políticos, judiciales, que son protegidos por ellos mismos a través de instituciones, empresas. Nosotras hemos sido testigos de la historia, testigos de la forma en que se han erigido sociedades, testigos de las guerras, casi siempre lideradas por varones. En el caso de México, somos testigos de la violencia ejercida por los cárteles, encabezados por varones. Aunque cada vez estemos más involucradas en la acción social, lo cierto es que sabemos ser testigos. La mirada del testigo, de quien ve desde fuera, suele ser inmensamente valiosa y objetiva. 

En el caso de Delirio, Renata representa ese papel del testigo que lo observa todo desde cerca, pero se ve maniatada, silenciada y no tiene forma de solucionar la situación, a ella no le queda más remedio que escribir. 


Un buen puñado de billetes, ¿compra una nueva vida?

No sé si compre una nueva vida o no. En la historia, Kika buscaba salir a como dé lugar de la prisión en la que terminó viviendo, escapó de ahí con un bolso púrpura en el que cargaba fajos de billetes. Ella buscaba dar reset a su vida y empezar de nuevo, lejos del sufrimiento gris que le robó el optimismo. 

De haberlo logrado, hubiese sido capaz de edificar un nuevo hogar junto a su madre, de vivir tranquila, en Oaxaca, su estado natal. Sin embargo, hay cosas que se quedan en la memoria y que no hay cómo suprimir. De haber logrado escapar, probablemente, ya al caer la noche, incluso en ese nuevo hogar, se sentiría abrumada por el trauma. Las cicatrices del alma, esas no hay quién las borre, y a Kika la lastimaron mucho. 


Parece que se ha renovado el interés por el tarot.

¿Será una nueva tendencia hacia el rechazo de la ciencia? ¿La caída de los dogmas religiosos? ¿La necesidad de tener certezas en este mundo cada vez más incierto? Probablemente sean todas estas cosas o ninguna de ellas, no lo sé.  

Para mí, el tarot no es algo tan enrevesado o extraño, es un lenguaje simbólico (visual). Tiene esa aura mística que hace que mucha gente lo mire con aprehensión y lo juzgue, no hay nada que descalificar o temer. Cada una de las cartas en el mazo refleja momentos típicos de la vida de toda persona. De hecho, los arcanos mayores en orden narran a la perfección la secuencia del “Viaje del héroe” que Joseph Campbell describe en su libro El héroe de las mil caras. O sea, la estructura que seguimos casi de forma inconsciente para relatar cualquier fábula, historia o mito, está también reflejada de forma visual en el tarot. 

Además, yo digo mucho que la versión Rider-Waite ilustrada por Pamela Colman Smith, que es el típico tarot que más se conoce, es una enciclopedia de símbolos. Símbolos que si estudias, después vas al Prado, o a otros museos, y te los encuentras por todos lados. 

Como anécdota, yo no viajo a ningún lugar sin mi tarot. Y en los aeropuertos cuando paso seguridad, por alguna razón siempre me detienen por el mazo de cartas y las revisan. Es muy curioso cómo cuando me pasa eso en España los oficiales se ríen y casi que me piden que les tire las cartas, en México, al contrario, se asustan muchísimo. Yo en ambos casos disfruto. 

En fin, es que me puedo pasar días hablando sobre Tarot, pero lo que quiero comunicar es que sirve para varias cosas, es un lenguaje visual, una herramienta terapéutica o meditativa, y hasta te ayuda a saber más en términos histórico artísticos. Como dice Jorge Drexler en una de sus canciones: “La máquina la hace el hombre y es lo que el hombre haga con ella”. No hay que tenerle miedo a las cosas, sino a la forma en que las personas usan esas cosas. 


Recomiéndanos algún autor de género negro, también en lengua española. 

Tengo una debilidad por la literatura latinoamericana, creo que tenemos mucho que contar. Me encanta el descaro con que los escritores latinoamericanos se divierten rompiendo convenciones del lenguaje.  

Así que recomendaré a una autora, ya que hablamos sobre la mujer escribiendo negra, que escribe de una forma casi imposible, ella sí que se salta todos los tratados del español con su literatura y el resultado es siempre exquisito, maravilloso, es una de mis favoritas: Los divinos de Laura Restrepo.


Delirio 
Natalia M. Alcalde 
Editorial Cuadernos del Laberinto