lunes, 28 de septiembre de 2026

El prestigio literario en el siglo XXI - Blanca Berasategui, periodista. Miguel Aguilar, editor - Fundación Juan March

 

Maribel Orgaz @leerenmadrid
En la Fundación Juan March intercambiaron ideas la periodista cultural Blanca Berasategui y el editor Miguel Aguilar acerca del prestigio literario en el siglo XXI.

1. En el prestigio del escritor las instancias tradicionales han sido erosionadas por Internet sin que haya surgido en los nuevos medios algo nítido que les proporcione ese prestigio. Internet sí ha influido en aumentar sus ventas como ha sido el caso de Tan poca vida de Hanya Yanagihara. Miguel Aguilar.

2. La autoedición y las pequeñas editoriales han sustituido a los premios como forma de encontrar nuevos escritores. Son un chollo: les hacen el trabajo previo a las editoriales grandes que están pendientes de cuánto venden y chequean sus ventas en Amazon. Las pequeñas editoriales son los ojeadores para las grandes, les vienen muy bien. Minimizan el riesgo. Es una de las cosas buenas que ocurren ahora, no hace falta que los autores estén llamando a las puertas de las grandes como pasaba antes. El primer libro se lo autoeditarán pero el segundo lo hacen ya en una editorial. Blanca Berasategui.

3. La Universidad española, en general, tiene un problema de desconexión con la sociedad. En el mundo anglosajón, en Francia, los grandes autores de no ficción son los historiadores de las universidades. Aquí eso no ocurre y si ocurre es en contadas ocasiones. Escriben para sí mismos y sin la voluntad de que ese conocimiento salga a la sociedad. Es una lástima. Miguel Aguilar.

4. Los escritores pueden o no utilizar las redes sociales para interactuar con sus lectores, pero no es lo decisivo y hay que ver si el autor se siente cómodo haciéndolo. Miguel Aguilar.

5.Todo lo bueno ha sido publicado por editoriales buenas. Soy escéptico con el tópico de que grandes obras no han sido publicadas. Miguel Aguilar.

6. Lo que quieren las editoriales es vender, el problema es que se edita lo que se vende en lugar de vender lo que se edita. Blanca Berasategui.

7.El crítico que podría echar una mano para ayudar al prestigio de un libro tiene que bajar al campo de minas que son las redes sociales. Blanca Berasategui.


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Las ciudades como las familias, se arruinan con facilidad - Las ocas blancas, Paulina Crusat.








lunes, 21 de septiembre de 2026

Vivo con gran satisfacción el hecho de que la llamada Inteligencia Artificial sea un genio de las matemáticas y un mal poeta - Pilar Pastor Gaitero, poeta

 


Maribel Orgaz @leerenmadrid
Pilar Pastor Gaitero ha ejercido como periodista, una profesión tan pegada a la actualidad que en esta entrevista le pregunto cómo ha logrado compaginarlo con su quehacer poético. A priori, una labor de contemplación y calma. Profesora de español en la Universidad de Trento, ha participado en varias antologías poéticas, Enésima Hoja: antología de poetas contemporáneas; Bajo la estrella, el viento; Antología de poesía navideña contemporánea: me gusta la Navidad y en el volumen Laberinto breve de la imaginación: Antología de literatura mínima. Ha publicado los poemarios Todos los ríos y Doce meses y un día. Ha sido jefa de producción del equipo de la revista bilingüe (español-inglés) Arena Internacional del Arte. En la entrevista confundo el número de poemarios de los que es autora en solitario y amablemente me corrige. Vive en Italia y sus libros de lingüística están publicados en Arco Libros.

 

Has participado en varias antologías y publicado tres poemarios, qué matices encontrará el lector en este nuevo volumen de poesía que has publicados.

Bueno, en realidad, en sentido estricto, se trata de mi segundo poemario porque el resto de publicaciones están en diversas antologías y, aunque podrían formar entre ellas un poemario completo, los publicados bajo mi nombre son Doce meses y un día y Todos los ríos. 

En los dos, los poemas se presentan con varios intercalados de obras pictóricas, en el primero, acuarelas del artista Maurizio Corradi; en el segundo, acrílicos sobre papel del artista Mauro Cappelletti. Se trata de una fijación mía, ya que la poesía para mí tiene una relación simbiótica con la representación pictórica: la ayuda y la completa en su labor de sugerencia. Los artistas han sido elegidos por mí para completar los poemas.

Respecto a mi primer libro, pensado para describir con poquísimos versos una sensación o dar una pincelada a un paisaje, Todos los Ríos contiene poemas de mayor longitud y pretende explorar una serie de sentimientos que se han ido acercando a mí a lo largo de los años. 

En él, he recuperado momentos de mi pasado y también me he atrevido a pintar un autorretrato, pero no es en modo alguno un libro que gire solo a través del yo. Buena parte de los poemas han nacido de la necesidad de comunicar el desasosiego que siento ante el expolio que durante el pasado siglo, y lo que llevamos de este, hemos hecho del agua y de la tierra. Para mí, el sentimiento de pérdida, de una imposible recuperación de los paisajes, del agua de los ríos y los mares y de la tierra en la que vivimos está siempre presente. 

Más allá del ecologismo, o de un ingenuo deseo de recuperar una pureza que seguramente nunca ha existido, me mueve el fuerte impulso de intentar -con los recursos que ofrece la poesía- fotografiar los estragos y desastres que los periódicos cuentan de otra forma y de los que todos somos conscientes. 



Cómo se compagina tu profesión periodística, en la que todo es “para ahora mismo”, con tu escritura poética.

Pues no muy bien. Me he concentrado en el periodismo al que me ha llevado una auténtica vocación y con el que he disfrutado mucho trabajando. Pero esto no me ha dejado mucho tiempo para la escritura de poemas que, en mi opinión, necesita de una especie de “vacío cognitivo” o, dicho de otra forma, de tener un espacio y un tiempo que te permitan divagar. Me encanta este verbo porque contiene “vagar” puede leerse como un viaje, pero que yo relacionaría también con “vago” y “vaguear”. 

Cuando una sensación o una idea te golpean y te piden que las escribas, necesitas tener el tiempo de parar el resto de las cosas y ponerte con ello. Los poemas son tiempo en bruto, tanto en el proceso de escritura como en la lectura.



Si la poesía es intensidad, ritmo y voz. Qué es, en tu opinión, la voz.

La intensidad y el ritmo son como el vestido que te pones: un día te apetece ir de rojo y llevar ropa suelta y otro te apetece vestirte de negro y llevar un pantalón ajustado. La voz es lo que está detrás, es como la persona detrás del vestido. 

Y como el cuerpo, también la voz está desnuda. Se puede ir cambiando con el tiempo -pero igual que un amigo te reconocerá, aunque haga tiempo que no te vea- también a un poeta se le puede reconocer por esa voz.    


Cuál es, en tu opinión, la principal dificultad para escribir poesía en tiempos no precisamente poéticos.

Creo que los tiempos menos poéticos son los más fructíferos para escribir. Me viene en mente T.S.Elliot y su magnífico poema La tierra baldía con todo el dolor de la generación a la que le tocó vivir la Primera guerra Mundial. 

Quizás se necesite que transcurra un tiempo para que se posen las vivencias, pero cuando los tiempos no son precisamente poéticos es cuando más se necesita la poesía. 

Y no me resisto a decir que vivo con gran satisfacción el hecho de que la llamada Inteligencia Artificial sea un genio de las matemáticas y un mal poeta.


Cuáles serían tus poetas de referencia.

Gracias a mi trabajo como periodista he podido conocer y entrevistar a grandes autores como Torrente Ballester, Miguel Delibes o María Zambrano. Desgraciadamente, los poetas se quedan siempre un poco detrás porque hay pocos lectores de poesía. Pero en mi biblioteca destacan siempre César Vallejo y Francisca Aguirre, Emily Dickinson y José Ángel Valente. Este verano lo he dedicado a releer a Claudio Rodríguez, El don e la ebriedad; y a Pedro Salinas, La voz a ti debida. Tengo curiosidad por los nuevos poetas, compro y leo poesía actual, pero vuelvo siempre a mi biblioteca. 


En tu editorial hay una referencia a tu período sin publicar, cuándo sabe una poeta que es mejor no forzar la escritura y esperar. Cómo has gestionado ese esperar.

No lo sabes nunca. El pasado noviembre, en la ciudad italiana de Bolonia, asistí a una serie de charlas de la poeta granadina Erika Martínez y me impresionó mucho que comentase que estaba en un periodo de sequía. No es habitual hablar de esto entre escritores y poetas. Y se vive mal, como si de repente te hubieran arrancado una parte de ti, un vacío que el resto de cosas que te rodean non consiguen llenar. 

Para mí ese silencio fue poco a poco buceando hasta la superficie y, aunque su fantasma esté posiblemente aún ahí acechando, he encontrado de nuevo las ganas de contar, de escribir. La “espera” no se puede gestionar, solo acompañarla e ir guardando las experiencias como una hacendosa ardilla guarda sus provisiones ante el invierno. 


Todos los ríos

Pilar Pastor Gaitero

Y la pena se nos despierta

como en estatua de sal.

Porque, ahí estamos

obligados a repetir los días,

fondeados en la seca piel de un mar 

sin aguas, ni corrientes (...)



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domingo, 6 de septiembre de 2026

Una luz celestial aún brilla en mi alma - György Faludy, poeta

 


Maribel Orgaz @leerenmadrid
La poesía del escritor y poeta húngaro György Faludy (Budapest, 1910-2006) sigue inédita en español.
"Yo, que he viajado por los seis mundos,
bendecidos y escupidos por doquier.
Luché contra el viento en campos helados".

Alfonso Martínez Galilea ha traducido su autobiografía, Días felices en el infierno que ha editado Fulgencio Pimentel. De esta obra se puede leer una estupenda reseña escrita por Juan Jiménez García aquí.

"Las memorias de György Faludy, estas que van desde su primera salida y exilio de Hungría hasta ese segundo exilio-huida, con todo lo que tuvo de definitivo, tienen como primera virtud ser capaces de transitar de una manera lumínica (y esta es la palabra) desde la alegría triste de los primeros tiempos a la amargura, la oscuridad visible de los campos de trabajo, con la derrota de todas las ilusiones que se podían tener en el ser humano y que él tenía".


El controvertido, erudito y elegante György Faludy, afirma la solapa de su editor en español, vive y sobrevive en toda circunstancia por su capacidad de adaptación o como se diría ahora que estamos empachados de diagnósticos de psicólogo, por su narcisismo. En un barco como refugiado, huyendo de la guerra europea con su esposa y amigos, logra una nueva amante y un pensamiento le reconforta una y otra vez, muy pronto se librará de esta esposa tan bella como histérica. Y una noche duerme en una cuadra sucia y al día siguiente come langosta en un restaurante de lujo en África. 

Culto, inteligente, oportunista, extraordinario orador, un gran vividor. Alguien que sólo se preocupaba por encima de sí mismo, en una vida llena de zozobras e incidentes, de escribir y de escribir poesía.

"Yo no sabía lo que era el sufrimiento", reflexiona en las primeras páginas de Días felices en el infierno, "con mi carácter juguetón, soñador, falto de pretensiones, con mi franca confianza en mí mismo, con mis éxitos y mi tendencia a considerar la vida como el único don verdadero de la naturaleza, no había tenido oportunidad de ser infeliz durante el tiempo necesario".


Días futuros

(Jövendo napok)

 

La historia es impredecible.

Las chicas de hoy son más guapas, más inteligentes,

los chicos más deportistas y alegres,

y mucho menos eruditos.

 

Siete naciones fabrican bombas atómicas,

como si fueran ametralladoras o cañones de antaño.

Si te preocupa, te tranquilizarán:

las producimos, no para usarlas, te dirán.

 

Hay muchos más de mil millones

de chinos. No nos interesan.

 Trabajan y guardan silencio.

¿Y si hacen una petición?

 

Las imponentes capas de hielo ártico

se derriten bajo los osos polares. 

¿Nos perdonará el aumento del nivel del mar a nosotros,

tras nuestros diques construidos con oraciones?

 

Nuestra gran llanura verde se convierte en una nube de polvo,

un vertedero grisáceo, seco y desierto.

Solo la Voz de Dios podría ayudar, pero

el Señor nunca toca la trompeta.

Puedes leer más poemas aquí y aquí