lunes, 21 de septiembre de 2026

Vivo con gran satisfacción el hecho de que la llamada Inteligencia Artificial sea un genio de las matemáticas y un mal poeta - Pilar Pastor Gaitero, poeta

 


Maribel Orgaz @leerenmadrid
Pilar Pastor Gaitero ha ejercido como periodista, una profesión tan pegada a la actualidad que en esta entrevista le pregunto cómo ha logrado compaginarlo con su quehacer poético. A priori, una labor de contemplación y calma. Profesora de español en la Universidad de Trento, ha participado en varias antologías poéticas, Enésima Hoja: antología de poetas contemporáneas; Bajo la estrella, el viento; Antología de poesía navideña contemporánea: me gusta la Navidad y en el volumen Laberinto breve de la imaginación: Antología de literatura mínima. Ha publicado los poemarios Todos los ríos y Doce meses y un día. En la actualidad, es jefa de producción del equipo de la revista bilingüe (español-inglés) Arena Internacional del Arte. En la entrevista confundo el número de poemarios de los que es autora en solitario y amablemente me corrige. Vive en Italia y sus libros de lingüística están publicados en Arco Libros.

 

Has participado en varias antologías y publicado tres poemarios, qué matices encontrará el lector en este nuevo volumen de poesía que has publicados.

Bueno, en realidad, en sentido estricto, se trata de mi segundo poemario porque el resto de publicaciones están en diversas antologías y, aunque podrían formar entre ellas un poemario completo, los publicados bajo mi nombre son Doce meses y un día y Todos los ríos

Respecto a mi primer libro, pensado para describir con poquísimos versos una sensación o dar una pincelada a un paisaje, Todos los Ríos contiene poemas de mayor longitud y pretende explorar una serie de sentimientos que se han ido acercando a mí a lo largo de los años. 

He recuperado momentos de mi pasado y también me he atrevido a pintar un autorretrato, pero no es en modo alguno un libro que gire solo a través del yo. Buena parte de los poemas han nacido de la necesidad de comunicar el desasosiego que siento ante el expolio que durante el pasado siglo (y lo que llevamos de este) hemos hecho del agua y de la tierra. Para mí, el sentimiento de pérdida, de una imposible recuperación de los paisajes, del agua de los ríos y los mares y de la tierra en la que vivimos está siempre presente. 

Más allá del ecologismo, o de un ingenuo deseo de recuperar una pureza que seguramente nunca ha existido, me mueve el fuerte impulso de intentar -con los recursos que ofrece la poesía- fotografiar los estragos y desastres que los periódicos cuentan de otra forma y de los que todos somos conscientes. 



Cómo se compagina tu profesión periodística, en la que todo es “para ahora mismo”, con tu escritura poética.

Pues no muy bien. Me he concentrado en el periodismo al que me ha llevado una auténtica vocación y con el que he disfrutado mucho trabajando. Pero esto no me ha dejado mucho tiempo para la escritura de poemas que, en mi opinión, necesita de una especie de “vacío cognitivo” o, dicho de otra forma, de tener un espacio y un tiempo que te permitan divagar. Me encanta este verbo porque contiene “vagar” puede leerse como un viaje, pero que yo relacionaría también con “vago” y “vaguear”. 

Cuando una sensación o una idea te golpean y te piden que las escribas, necesitas tener el tiempo de parar el resto de las cosas y ponerte con ello. Los poemas son tiempo en bruto, tanto en el proceso de escritura como en la lectura.



Si la poesía es intensidad, ritmo y voz. Qué es, en tu opinión, la voz.

La intensidad y el ritmo son como el vestido que te pones: un día te apetece ir de rojo y llevar ropa suelta y otro te apetece vestirte de negro y llevar un pantalón ajustado. La voz es lo que está detrás, es como la persona detrás del vestido. 

Y como el cuerpo, también la voz está desnuda. Se puede ir cambiando con el tiempo -pero igual que un amigo te reconocerá, aunque haga tiempo que no te vea- también a un poeta se le puede reconocer por esa voz.    


Cuál es, en tu opinión, la principal dificultad para escribir poesía en tiempos no precisamente poéticos.

Creo que los tiempos menos poéticos son los más fructíferos para escribir. Me viene en mente T.S.Elliot y su magnífico poema La tierra baldía con todo el dolor de la generación a la que le tocó vivir la Primera guerra Mundial. 

Quizás se necesite que transcurra un tiempo para que se posen las vivencias, pero cuando los tiempos no son precisamente poéticos es cuando más se necesita la poesía. 

Y no me resisto a decir que vivo con gran satisfacción el hecho de que la llamada Inteligencia Artificial sea un genio de las matemáticas y un mal poeta.


Cuáles serían tus poetas de referencia.

Gracias a mi trabajo como periodista he podido conocer y entrevistar a grandes autores como Torrente Ballester, Miguel Delibes o María Zambrano. Desgraciadamente, los poetas se quedan siempre un poco detrás porque hay pocos lectores de poesía. Pero en mi biblioteca destacan siempre César Vallejo y Francisca Aguirre, Emily Dickinson y José Ángel Valente. Este verano lo he dedicado a releer a Claudio Rodríguez, El don e la ebriedad; y a Pedro Salinas, La voz a ti debida. Tengo curiosidad por los nuevos poetas, compro y leo poesía actual, pero vuelvo siempre a mi biblioteca. 


En tu editorial hay una referencia a tu período sin publicar, cuándo sabe una poeta que es mejor no forzar la escritura y esperar. Cómo has gestionado ese esperar.

No lo sabes nunca. El pasado noviembre, en la ciudad italiana de Bolonia, asistí a una serie de charlas de la poeta granadina Erika Martínez y me impresionó mucho que comentase que estaba en un periodo de sequía. No es habitual hablar de esto entre escritores y poetas. Y se vive mal, como si de repente te hubieran arrancado una parte de ti, un vacío que el resto de cosas que te rodean non consiguen llenar. 

Para mí ese silencio fue poco a poco buceando hasta la superficie y, aunque su fantasma esté posiblemente aún ahí acechando, he encontrado de nuevo las ganas de contar, de escribir. La “espera” no se puede gestionar, solo acompañarla e ir guardando las experiencias como una hacendosa ardilla guarda sus provisiones ante el invierno. 


Todos los ríos

Pilar Pastor Gaitero

Y la pena se nos despierta

como en estatua de sal.

Porque, ahí estamos

obligados a repetir los días,

sondeados en la seca piel de un mar 

sin aguas, ni corrientes (...)



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