Maribel Orgaz @leerenmadrid
El poeta Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura en 1956, visita Madrid en abril de 1900, le reciben Rubén Darío y Francisco Villaespesa.
Y empieza a ir de una casa a otra, de una pensión a otra por una razón principal: el silencio. Necesita silencio para trabajar, para escribir.
Empieza a vivir en la Calle Mayor, que abandona muy pronto. Le siguen Príncipe de Vergara (en el sanatorio Rosario para tratar su depresión), después la Calle Conde Aranda, a continuación la Calle Gravina, después la calle Villanueva que ha de abandonar porque sus vecinos son muy ruidosos.
Después de casarse con Zenobia Camrpubí y tras su estancia en Nueva York, vuelve a Madrid para instalarse en la Calle Conde de Aranda en donde forra de corcho las paredes de la habitación en donde escribe.
Pero aún así, le molesta un grillo de unas niñas en el balcón de enfrente.
Cuando les ofrece comprárselo, por un precio muy alto, los niños se ofrecen a traerle ¡más grillos!
En este piso, sus vecinas de arriba, cubanas, bailan y tocan la pianola y organizan fiestas cada dos por tres. Y comienza con Zenobia de nuevo a mudarse: Conde de Aranda, Calle Lista, Velázquez, Padilla...
(Madrid en la vida de... José Montero Alonso. Editorial Complutense de Madrid)