Maribel Orgaz @leerenmadrid
En el libro de Jim Harrison, Leyendas de pasión, encontré con un pasaje curioso: el protagonista está mirando la foto de su hija de 5º de primaria y recuerda sus años en Madrid, en concreto, en Torrejón de Ardoz:
sintió un amago de dolor detrás de su sonrisa, una pequeña corriente eléctrica de soledad, al recordar los tiempos en que, destinado en Torrejón, en las afueras de Madrid, él y la pequeña iban los sábados al mercado a hacer la gran comida del domingo. Tenía el cabello dorado como su madre y le gustaba dirigirse a todo el mundo en español, con lo cual fascinaba a los dependientes. Después se iban a un café donde él se bebía media botella de vino blanco y ella un zumo de naranja que pedía lentamente con su voz pueril (…).
Hoy en día ya no queda algo que recuerde a la escena que Harrison describe en su libro. El mercado al que se refiere el protagonista estaba en un lateral de la actual plaza del Ayuntamiento.
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