jueves, 1 de febrero de 2024

Club de Lectura Biblioteca Municipal Soto del Real - Nueva Temporada 2024 - Coordinadora, Maribel Orgaz


Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com

Me incorporé como coordinadora al segundo grupo Club de Lectura de la biblioteca municipal Pedro de Lorenzo de Soto del Real (Madrid) en 2018. - Teléfono. 918 48 01 14

Si tienes interés, he publicado, Cómo organizar un club de lectura.






                Nueva Temporada 2024 

Las fechas de nuestras reuniones son los últimos miércoles de cada mes a las 18.30h. 
Club de Lectura Biblioteca Municipal "Pedro de Lorenzo" de Soto del Real (Madrid)  
                        
                       Infórmate. Tel. 918 48 01 14

29 de abril, Dos hermanas. David Foenkinos. Un poema de Ana Blandiana.

En nuestra reunión del mes de mayo, leemos Dos hermanas del escritor francés David Foenkinos que se hizo mundialmente famoso por su obra, La Delicadeza.

Nos preguntamos, a propósito de esta novela, si, como afirma el autor en una entrevista, el sufrimiento hace que las personas sean peores y también si contemplar la felicidad de otras personas, y especialmente en estos tiempos de redes sociales, te vuelve loco, según sus propias palabras.

Es el caso de nuestra protagonista, una profesora de literatura enamorada de un hombre que recupera, de manera inesperada, un antiguo amor y la abandona después de cinco años de convivencia.

La deriva de Mathilde, que desde el comienzo parece frágil y obsesiva, no sorprende en este sentido y hablamos sobre cómo sobrellevar pérdidas, cerrar heridas emocionales y el tiempo de duelo que se considera imprescindible para poder pasar página y recuperar de nuevo la ilusión de vivir.

Leemos en voz alta algunas frases de la novela, en donde se afirma que ser maltratada te vuelve maltratadora como justifica Mathilde y cuál es la relación, explicada de manera sincera, con su compañera de trabajo Sabine o con su hermana Agatha.

Coincidimos que un personaje que actúa como éste no parece que pueda tener un futuro de felicidad, un matrimonio estable e hijos, como un triunfo que obtiene de la peor manera posible.

En nuestro club de lectura dos participantes tienen el francés como lengua materna y al leer la novela en su lengua original, nos han comentado las diferencias de ritmo y la dificultad de la traducción al español de la música de la prosa de Foenkinos.

Para finalizar leemos un poema de Ana Blandiana, Premio Princesa de Asturias de las Letras, 2024. 
 

 

Recuerdo que una vez me pregunté

si tú y yo tendríamos dos ángeles de la guarda,

porque estando siempre juntos

habría sido un despilfarro.

Uno solo habría sido suficiente.

No se me pasó por la cabeza

Que pudiéramos separarnos

y entonces el ángel

se hubiera visto obligado a elegir

o, tal vez, uno de nosotros hubiera tenido que renunciar.

Sinceramente dime:

¿No te pesa haberlo dejado

solo para mí?


24 de abril. La velocidad de los jardines de Eloy Tizón y Mi hermana Elba de Cristina Fernández Cubas. - Un poema de Anne Sexton. 

En nuestra reunión de abril ponemos en común dos cuentos emblemáticos, La velocidad de los jardines de Eloy Tizón y Mi hermana Elba de Cristina Fernández Cubas; en lugar de un libro que es nuestra dinámica habitual. 

En general, nos han gustado ambos relatos y comentamos que ninguno encaja en lo que podría denominarse cuento o relato clásico. Esta definición, cuento o relato, nos da pie a preguntarnos sobre las diferencias. Si bien un cuento aludía al género de ficción y un relato se ocupa de hechos verídicos, se puede decir que hoy en día, se emplean indistintamente.

Repasamos también lo que el propio Eloy Tizón ha denominado postcuento, un intento de renovación del género para romper el molde que le encorsetaba hasta impedir su renovación. 

El cuento  clásico aspiraba a lograr una elaboración perfecta, un final sorprendente, a suprimir todo elemento innecesario. El postcuento se plantea que no hay causa-efecto, que elementos sin importancia pueden incluirse también y que la psicología de un personaje puede reducirse al mínimo. Que quizá crear ambientes es el objetivo por encima de cualquier otra consideración y que los finales pueden ser abiertos o la narración dejar misterios en los significados sin una conclusión definida.  

De La velocidad de los jardines destacamos la atmósfera que es capaz de recrear Eloy Tizón y que para la mayoría de nosotros es familiar: aquel curso, aquel momento, durante los estudios en los que definitivamente pasamos a ser adultos.  

Itinerarios por materias, decidir qué camino escoger con vistas al futuro laboral, comienzan los enamoramientos, nos sometemos a exámenes cada vez más exigentes y vemos a nuestros docentes de manera más compleja, más allá de su profesión. 

La profesora de inglés da a luz a trillizos, el director espera con parsimonia que se desaloje el centro por una amenaza de bomba. El alumno que no es aplicado destaca al fin en algo, aunque sea por apoyar a la alumna expulsada que está enamorada de él. Pequeños acontecimientos que a esa edad lo son todo.

Leemos algunos párrafos en voz alta y destacamos cómo se intercala la revolución francesa o las matemáticas en lo que verdaderamente importa a chicos y chicas adolescentes: sus compañeros, sus relaciones, los resultados de los exámenes.

A continuación, abordamos Mi hermana Elba de Cristina Fernández Cubas que a diferencia del primero nos parece un cuento que progresivamente se va oscureciendo hasta casi convertirse en algo extraño, ¿ser arrepiente la protagonista-narradora?. Leemos algunos párrafos en voz alta y discrepamos acerca de si los escondites de las niñas son reales, fruto de su imaginación o metafóricos, si no son vistas porque los adultos simplemente, las ignoran. 

El final es impactante y una narración que había comenzado con un hecho anodino, padres separados que envían a sus hijas a un internado se transforma en una tragedia en la que la pequeña Elba es por así decir, sacrificada.



Anne Sexton

Hoy estoy feliz con las sábanas de la vida.
Lavé las sábanas.
Tendí las sábanas y las vi
aletear y elevarse como gaviotas.
Cuando estuvieron secas las descolgué
y hundí mi cabeza en ellas.
Todo el oxígeno de la tierra en ellas.
Todos los pies de todo los bebés del mundo en ellas.
Todos los calzones de todos los ángeles del mundo en ellas.
Todos los besos mañaneros de Filadelfia en ellas.
Todos los juegos de saltar pintados sobre las aceras en ellas.
Todos los caballitos hechos de trapo en ellas.

Así que esto es la felicidad—
ese agente viajero.



20 de marzo, Lucy y el mar de Elizabeth Strout. Un poema de Czesław Miłosz.

En el mes de marzo, leemos una nueva entrega de la familia Barton compuesta por Lucy Barton y su ex marido, William. El matrimonio tuvo dos hijas y después de diferentes relaciones, han vuelto en torno a los setenta años, y por circunstancias inesperadas, a convivir.


Elizabeth Strout es autora de varias novelas pero fue Mi nombre es Lucy Barton la que le ha dado fama internacional. Ha recibido varios premios y se ha hecho una serie basada en la protagonista que logra dejar atrás una infancia de pobreza y maltrato. Strout siempre dice en sus entrevista que ella no es Lucy pero que le ha dado muchos de sus rasgos.

En esta cuarta entrega, William es capaz de anticiparse al caos desatado por la epidemia de un virus en la ciudad de Nueva York y prepara una casa en la playa en Maine para protegerse del contagio. Las dos hijas del matrimonio y sus respectivos maridos orbitan alrededor de esta casa que se convierte en un refugio y en un lugar de reflexión acerca del pasado, las relaciones con su ex marido y las reacciones de los vecinos y por extensión, de toda la sociedad.

Los hechos que narra Lucy, tanto personales como los que ocurren a su alrededor estos días, son narrados sin incidir en el gran dramatismo que quizá otros autores podrían haber explotado hasta el sensacionalismo: un divorcio, una pandemia, las reacciones de los lugareños contra los recién llegados de la ciudad, el asalto al Capitolio. Nos preguntamos si es una manera similar de narrar acontecimientos a la de la escritora francesa Anna Gavalda.

Leemos algunos párrafos en voz alta para comentar si el estilo que ella utiliza, muy cercano y reposado, acudiendo a recursos que en lo literario se consideran poco apropiados es deliberado. Si son una torpeza o es la marca personal de Strout.  

Creemos que William cuida de su ex mujer de una manera que nos hace dudar si está enferma, si quizá por su edad tiene algún deterioro mental. También nos parece muy significativo que todos cuiden de todos y cuando es necesario se movilicen para ayudar a las hijas y se escuchen con atención y afecto, no se juzguen y, ante todo, se quieran.

Para finalizar, leemos un poema del Premio Nobel polaco, Czesław Miłosz.



Encuentro

Estuvimos paseando a través de los campos

en un vagón al amanecer.

Una herida rosa roja en la oscuridad.


Y de pronto una liebre atravesó la carretera.

Uno de nosotros la señaló con la mano.

Eso fue hace tiempos. Hoy ninguno de ellos está vivo,

Ni la liebre, ni el hombre que hizo el ademán.


¿Oh, amor mío, dónde están ellos, a dónde han ido?

El destello de una mano, la línea de un movimiento,

el susurro de los guijarros.

Pregunto no con tristeza, sino con asombro.




28 febrero. Un lugar pagano de Edna O´Brien. Un poema de Rafael Cadenas. 

En nuestra segunda reunión del año, leemos a una de las escritoras irlandesas más reconocidas, Edna O´Brien cuya trilogía, Las chicas del campo le ha dado fama mundial. 

En esta ocasión, hemos escogido la obra considerada más autobiográfica de la autora, Un lugar pagano que, concluimos, es un título irónico o amargo para un tiempo y una sociedad que estaban empapados de un catolicismo omnipresente.

En general, ha sido un inconveniente la voz en la que está narrada: la protagonista habla de su infancia, su adolescencia y el lugar en el que vivió dirigiéndose al yo del pasado, en un desdoble de personalidad. O´Brien ha usado el "tu" que sólo abandona en las últimas páginas.

Especulamos si la estructura obedece a un intento de transcripción de la narrativa oral con elementos literarios. Este recurso quizá en su lengua original tenga sentido pero en la traducción al español nos hace volver sobre algunos párrafos para captar el ritmo con el que transcurren los acontecimientos.

Todas estas dificultades han llevado a que no todos los asistentes hayan terminado de leer esta novela. 

También nos preguntamos si el tema, la hija descarriada que embarazada acaba en la prostitución y su hermana, que para salir del ambiente de brutalidad y miseria moral de su familia y su entorno, ingresa en un convento muy lejos de su Irlanda natal, pueden conectar con un lector actual.

Acontecimientos que en el pasado, desde un embarazo fuera del matrimonio a enfermedades sin cura porque se carecían de antibióticos, eran cruciales en la vida de la gente, hoy en día quizá necesitan otra perspectiva. 

O´Brien concede a estos hechos un dramatismo dirigido a sensibilidades propias de sus contemporáneos, allá por los años 40, y el lector del siglo XXI sólo reconoce con alivio que algo así, hoy en día, son apenas circunstancias. La moral religiosa no condena a las personas, los antibióticos impiden que se fallezca de tuberculosis. 

Esta novela no ha logrado hacernos conectar con lo narrado y planteamos la cuestión de cómo han de abordarse hechos anodinos, de vida cotidiana, para que un lector décadas o incluso siglos después, empatice con el destino de los personajes, con lectores de otros países y otras sociedades. 

Durante nuestra reunión, leemos párrafos en voz alta para reconocer la excelente escritura de Edna O´Brien.




Para finalizar, leemos un poema del poeta venezolano, Rafael Cadenas, Premio Cervantes 2023.
 
Por la mañana
leemos anestesiados
las noticias
de la guerra (cualquier guerra),
un titular
bien merece algunos combates;
cada bando
desea demostrar que Dios
está de su parte
con el argumento definitivo;
nuestros ojos recorren
las páginas
-buscamos más confirmaciones
de nuestra derrota
y el periódico trae lo que esperamos encontrar


31 de enero. El año del desierto de Pedro Mairal. Un poema de Karmelo Iribarren 


En el comienzo de la temporada 2024 del club de lectura de la biblioteca municipal de Soto del Real (Madrid), leemos una novela distópica del escritor argentino Pedro Mairal, El año del desierto. 

En nuestra reunión no todos hemos terminado la novela por diferentes motivos, decayó nuestro interés después de unas cuantas páginas, se hizo demasiado densa o simplemente por no haber tenido tiempo suficiente.

Para comenzar, nos preguntamos si la voz de la protagonista, una joven de veinte años, María Neyla, está bien lograda por el autor y en qué situaciones de la novela sería más difícil sacar adelante un personaje femenino.

Intercambiamos opiniones sobre la naturaleza de la Intemperie, el fenómeno que provoca una involución de la ciudad de Buenos Aires y a través de qué situaciones Mairal lo muestra en la novela: en el deterioro de las oficinas en las que trabaja María, en el caos en las calles, en los enfrentamientos entre los ciudadanos, en los diferentes trabajos que se ve obligada a desempeñar hasta ser secuestrada y finalmente, convivir con indígenas.

Leemos en voz alta algunos párrafos para comentar si la novela puede ser leída, como se ha planteado, también como una metáfora, como una crítica al neoliberalismo que erosiona y destruye las sociedades al someterlas al único objetivo de lograr beneficios económicos. 

Comentamos que una primera edición de esta novela era anotada y cuáles son los inconvenientes para una editorial al publicar textos con notas al pie o glosarios pero por otra parte, qué es lo que el lector no capta del texto al carecer de esta ayuda si no conoce bien la historia de Argentina en los últimos años. Cuánta información se pierde para quienes no reconocemos muchos de los guiños que Mairal hace a lo largo del texto sobre datos históricos e incluso el significado de vocablos propios, para ellos leemos algunos ejemplos en voz alta.

Cerramos nuestro encuentro preguntándonos por qué se escriben ahora tantas novelas distópicas y los posibles motivos de la casi desaparición de las propuestas utópicas. 

Para finalizar, leemos un poema de Karmelo Iribarren.






   Las ciudades

            Karmelo C. Iribarren

Me gustan las ciudades, sus plazas,

sus calles, sus esquinas,

sentarme en la terraza de un bar

con un café delante

y dejar que pase el tiempo,

sin hacer nada, sin prisa,

observando esto y aquello,

y luego ir a alguna librería y revolver

un poco en los estantes,

y si hay río cruzar el puente

y repetir la misma operación al otro lado.

Me gusta estar solo entre la gente,

no ser nadie, no tener que ir a ningún sitio

pero poder ir a todos.

Me gusta la primera vez que me asomo

al espejo del baño del hotel,

ese momento de suspense,

recién llegado, cuando

no sabes si va a aparecer tu rostro

o el del último huésped, atrapado aún

en la memoria del azogue.

Me gustan los parques y los ríos

urbanos, pasear por ellos, a su lado,

especialmente en otoño.

Me gustan las ciudades, sí: andar,

mirar, vivir, enamorarme

de esa mujer del vestido rojo…




 


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