jueves, 6 de octubre de 2022

Club Lectura Parque Conde de Orgaz - Temporada otoño-invierno 2022

 


El Club de Lectura Parque Conde de Orgaz comienza nueva temporada.

El horario de la mañana es de 10h. a 12h. 

 Lecturas anteriores de la temporada mayo y junio.

 Puedes leer aquí un resumen de todas las reuniones anteriores del grupo de mañana

 Puede leer aquí un resumen de todas las reunionesdel grupo de tarde



17 de noviembre, La carretera de Cormac McCarthy. Un poema de José Antonio Muñoz Rojas. 

En nuestra última reunión del mes de noviembre, leemos La carretera, una novela breve de uno de los grandes escritores norteamericanos vivos. La carretera es una distopía de un mundo arrasado y muerto en el que un padre y su hijo pequeño viajan en busca de un lugar cálido en el que por fin poder vivir mejor.

Durante nuestro encuentro, nos dividimos entre quienes creen que no existe tal mundo al que llegar y refugiarse y quienes creen que sí, que el viaje de ambos tiene algún destino mejor al que llegar.

En general, coincidimos en que el final, por así decir feliz, es demasiado abrupto y que el escritor no ha tenido el cuidado, como sí ha venido haciendo con otros aspectos como la enfermedad del padre, de dar alguna pista que indicara que podía acabar con cierta esperanza para el niño.

Nos preguntamos si era necesaria, a pesar de que es una novela de apenas doscientas páginas, tanta repetición de situaciones en las que se nos muestra cómo acampan al aire libre, cómo arrastran un carrito de acá para allá o la lluvia y la ceniza que acompañan todo el tiempo a los personajes.

Leemos en voz alta algunos párrafos que consideramos casi poéticos, como el de las truchas que cierra la narración y especulamos acerca de si el anciano que encuentran por el camino está construido a imagen del profeta Elías, aquel que llevaba el fuego y dieron de comer los cuervos. Elías anunciaba la llegada de un mesías y quizá esa nueva oportunidad la represente el niño de esta novela.

En este infierno por el que deambulan un hombre y su hijo, nos impresionan la violencia y el salvajismo desatados y la advertencia de cuánto tenemos que perder si este mundo nuestro deriva al espanto que se nos describe en La Carretera. 

Un detalle nos llama la atención, quizá para ubicar la narración y es que encuentran una lata de cocacola que el niño prueba por primera vez como si fuera una golosina. La pesadilla, puede decirse, de La Carretera sería una gran pesadilla americana. 

Para finalizar leemos un poema de Antonio Muñoz Rojas, del que en nuestra reunión anterior habíamos leído otro poema.



Señor que me has perdido las gafas,
por qué no me las encuentras?
Me paso la vida buscándomelas
y tú siempre perdiéndomelas,
me has traído al mundo para esto,
para pasarme la vida buscando unas gafas,
que siempre están perdiéndoseme?
Para que aparezca este tonto
que está siempre perdiendo sus gafas,
porque tú eres, Señor, el que me las pierdes
y me haces ir por la vida a trompicones,
y nos das los ojos y nos pierdes las gafas,
y así vamos por el mundo con unas gafas
que nos pierdes y unos ojos que nos das,
dando trompicones, buscando unas gafas
que nos pierdes y unos ojos que no nos sirven.
Y no vemos, Señor, no vemos,
no vemos Señor.


De Objetos perdidos (1998).






3 de noviembre, Infiel de Joyce Carol Oates y Pan y Lusus Naturae de Margaret Atwood. Un poema de José Antonio Muñoz Rojas. 

En nuestra primera reunión del mes de noviembre ponemos en común dos cuentos que definen bien el universo de escritura de cada una de sus autoras. El primero de ellos, Infiel de Joyce Carol Oates es nuestro preferido y destacamos en él, la manera en la que Oates juega con el lector dándole pistas que conducen a posibles diferentes finales. Sólo al conocer el desenlace, sabemos cuáles conectan con él y cuáles se suceden con doble sentido para mostrarnos que hubo una "verdad" para las niñas protagonistas y el pueblo, y lo que ocurrió realmente y que nadie supo, excepto el marido y su víctima.

¿Qué podía haber hecho una mujer atrapada en un matrimonio violento en la América profunda de los años 20? Es una pregunta que nos hacemos en la reunión. ¿Qué hubiera cambiado en la vida de las hijas si poco antes de fallecer todo lo que creían que había ocurrido con su madre, cuando ellas eran muy pequeña, fue una mentira organizada por su padre?

Leemos algunos párrafos en voz alta en donde destacan la maestría de Oates, una escritora que parece tener un caudal inagotable de personajes e historias y que ha publicado una obra abundantísima. 

De nuestra segunda autora, Margaret Atwood conocemos El cuento de la criada que varios asistentes han leído o también la serie de televisión basada en él y que tanto éxito le ha dado. De Atwood leemos dos relatos: Pan y Lusus Naturae que definen su universo, episodios siniestros con toques de humor, víctimas de la irracionalidad, utopías sociales inquietantes. 

Nuestra protagonista, una niña con algún tipo de enfermedad rara, es una víctima de las supersticiones y el miedo de su propia familia y el pueblo en el que vive. Incluso el sacerdote ejerce como una figura a corriente de lo que una comunidad atemorizada cree que es poco menos que un enviado del demonio, en lugar de apelar a la razón y a la compasión en sus fieles.

Este relato, más conectado con lo sobrenatural o la magia, que desata una caza de brujas contra una niña nos lleva a reflexionar sobre la vigencia en nosotros de la creencia en  fenómenos fantásticos al margen de la razón. Si son posibles estos comportamientos en nuestras sociedades hipertecnificadas y si lo que ha escrito Atwood es el proceso de creación de leyendas sobre de vampiros, hombres lobo, brujas, etc. cuando no existía la ciencia para llamar a la cordura entre la gente. 

Para finalizar leemos un poema de José Antonio Muñoz Rojas.




La dicha, qué es la dicha? (La palabra
no me hace feliz, dicho de paso). Yo diría
que es sencillamente ir contigo de la mano,
detenerse un momento porque un olor nos llama,
una luz nos recorre, algo que nos calienta
por dentro, que nos hace pensar que no es la vida,
la que nos lleva, sino que nosotros somos
la vida, que vivir es eso, sencillamente eso.

20 de octubre - La amaba de Anna Gavalda y un poema de Gioconda Belli. 

En octubre, nuestra segunda reunión del mes está dedicada esta temporada, a una novela breve y en esta ocasión a La amaba de la escritora francesa Anna Gavalda, un éxito que alcanzó el número uno en ventas en más de veinte países y que la dio fama internacional. Gavalda fue conocida en todo el mundo gracias a esta narración acerca de las separaciones, las oportunidades perdidas y las pequeñas heroicidades en nuestra vida cotidiana.

Coincidimos en que, aunque creíble, llama la atención como lectores que sea el suegro y no los padres por ejemplo, la figura que brinda consuelo a nuestra protagonista cuando es abandonada por su marido por una mujer más joven. ¿El suegro quizá esté prendado de ella? Al principio de la novela pudo parecernos así pero concluimos que no, que sólo le parece una mujer de gran valía pero no está enamorado de ella.

Acerca de cómo se narra esta pequeña tragedia doméstica, elogiamos los diálogos y la sencillez con la que Gavalda describe los diferentes altibajos emocionales de la protagonista y algunas situaciones que nos hacen simpatizar de inmediato con esta joven madre. Chloé llora, habla con ironía o es incapaz de creer lo que le ha sucedido, ella que no sospechaba nada. 

En general, también nos parece que La amaba no tiene en su centro la separación de Chloé sino un hecho del pasado: un hombre que también tuvo una amante a la que quiso pero que abandonó por no atreverse a dar el paso de separarse. Su suegro. 

Leemos en voz alta algunas de las microhistorias que se hallan en la trama principal, un joven que muere sin ser correspondido por su enamorada, una empleada cuyo marido la abandona pero que encuentra tiempo después otro compañero sentimental. 

En la casa de campo en la que transcurre nuestra novela, hay chimeneas y copas de vino que quizá ayuden a la conversación y a las confidencias. ¿La amante de su suegro además de ser muy guapa y ser diez años más joven, qué otras cualidades tiene para que él se enamore de ella? ¿Es sólo la novedad? ¿Es la clandestinidad y lo esporádico? 

Para finalizar, leemos las líneas en las que su amante decide abandonarlo, cuando embarazada, él le pregunta de quién es el niño. 

Para finalizar leemos un poema de Gioconda Belli.


Desafío a la vejez

Cuando yo llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.

Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará -rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.


6 de octubre - La velocidad de los jardines de Eloy Tizón y Mi hermana Elba de Cristina Fernández Cubas. - Un poema de Andrés Neuman.  

En nuestra primera reunión de la temporada otoño-invierno del Club de Lectura Parque Conde de Orgaz ponemos en común dos cuentos emblemáticos, La velocidad de los jardines de Eloy Tizón y Mi hermana Elba de Cristina Fernández Cubas. 

En general, nos ha gustado más el primero que el segundo y comentamos que ninguno encaja en lo que podría denominarse cuento o relato clásico. Esta definición, cuento o relato, nos da pie a preguntarnos sobre las diferencias. Si bien un cuento aludía al género de ficción y un relato se ocupa de hechos verídicos, se puede decir que se emplean indistintamente.

Repasamos también lo que el propio Eloy Tizón ha denominado postcuento, un intento de renovación del género para romper el molde que le encorsetaba hasta impedir su renovación. El cuento  clásico aspiraba a lograr una elaboración perfecta, un final sorprendente, a suprimir todo elemento innecesario. El postcuento se plantea que no hay causa-efecto, que elementos sin importancia pueden incluirse también y que la psicología de un personaje puede reducirse al mínimo. Que quizá crear ambientes es el objetivo por encima de cualquier otra consideración y que los finales pueden ser abiertos o la narración dejar misterios en los significados sin una conclusión definida.  

De La velocidad de los jardines destacamos la atmósfera que es capaz de recrear Eloy Tizón y que para la mayoría de nosotros es familiar: aquel curso, aquel momento, durante los estudios en los que definitivamente pasamos a ser adultos. 

Itinerarios por materias, decidir qué camino escoger con vistas al futuro laboral, comienzan los enamoramientos, nos sometemos a exámenes cada vez más exigentes y vemos a nuestros docentes de manera más compleja, más allá de su profesión. 

La profesora de inglés da a luz a trillizos, el director espera con parsimonia que se desaloje el centro por una amenaza de bomba. El alumno que no es aplicado destaca al fin en algo, aunque sea por apoyar a la alumna expulsada que está enamorada de él. Pequeños acontecimientos que a esa edad lo son todo.

Leemos algunos párrafos en voz alta y destacamos cómo se intercala Platón o las matemáticas en lo que verdaderamente importa a chicos y chicas de dieciséis años: sus compañeros, sus relaciones, los resultados de los exámenes.

A continuación, abordamos Mi hermana Elba de Cristina Fernández Cubas que a diferencia del primero nos parece un cuento que progresivamente se va oscureciendo hasta casi convertirse en algo siniestro. Leemos algunos párrafos en voz alta y discrepamos acerca de si los escondites de las niñas son reales, fruto de su imaginación o metafóricos, si no son vistas porque los adultos simplemente, las ignoran.

El final nos sobrecoge y una narración que había comenzado con un hecho anodino, padres separados que envían a sus hijas a un internado se transforma en una tragedia en la que la pequeña Elba es por así decir, sacrificada.

Para finalizar leemos un poema de Andrés Neuman 

El columpio

Ponte en pie, Sebastián,
dame la mano
y estira bien las piernas.
Serás alto, sin duda,
como yo no lo soy.

Mira: esto es un roble
y sabe crecer fuerte si lo cuidan.

Mira: esos columpios
sirven para volar como los pájaros,
pronto vas a poder montar en ellos.

Mira, hijo, la hierba: ahí duermen a veces
unos hombres cansados que han perdido su casa.

¿Ves que balón precioso de colores?

A esto lo llamamos paseo los adultos.

Detente, Sebastián, descansa un rato,
¡has trabajado tanto esta mañana!

Es difícil, ¿verdad?, permanecer de pie,
uno acaba cayendo de rodillas.

Lo mismo nos ocurre a los adultos.

Pero no seas tu quien llore,
Sebastián, ponte en pie, tenemos tiempo.



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