El escritor Enrique Vaqué Urbaneja firma una auténtica rareza en lengua española, un thriller financiero, Cuatro muñecas rusas que, al igual que su anterior novela, La tarántula roja, ha publicado en la Editorial Sargantana. El universo del dinero viejo intenta resistir a la depredación del capital financiero que se mueve por todo el mundo devorando cuanto encuentra a su paso. Pablo Sanchiz-Carnaud, el protagonista, intenta que la familia, los valencianos, continúen preservando su pequeño banco provincial, puerta de entrada a negocios en los que distinguir entre legal y criminal es una entelequia. O como él mismo lo define en esta entrevista, un sistema económico en el que el modus operandi es un sistema de expolio.
En primer lugar, enhorabuena. Escribir un thriller financiero en lengua española, y aún más en España, es una rareza. ¿A qué se debe, en tu opinión?
Se debe, a mi entender, a que el mundo financiero real es opaco, técnico y, en muchos casos, deliberadamente inaccesible. No basta con documentarse: hay que entender cómo piensan quienes operan dentro, qué incentivos tienen y cómo se construyen las decisiones bajo presión.
Pero, en realidad, Cuatro muñecas rusas no solo tiene una trama financiera, sino que habla de las personas que quedan atrapadas en ese sistema sin haberlo diseñado. Por eso la novela se sostiene sobre cuatro mujeres muy distintas entre sí, que atraviesan ese mundo desde posiciones desiguales.
En una economía que desde 2014 incluye en el PIB la prostitución y las drogas, ¿qué estamos haciendo al distinguir entre economía y economía criminal?
El sistema socioeconómico en el que nos movemos ya no puede ofrecer mejoras reales a la mayoría de los ciudadanos. Por eso recurre, en cierta medida, a una contabilidad que transmite una ilusión de mejora. Pero la gente, a fin de mes, no la percibe por ninguna parte.
La novela se enfoca desde la alta sociedad, pero tiene una visión transversal a través de personajes como el taxista o la rumana atrapada en la mafia por su propia necesidad de dinero. La economía legal y la criminal se cruzan constantemente. De hecho, se dice que si el sistema financiero no cayó en 2008 fue gracias al flujo de capital procedente del narcotráfico. Eso da a las altas finanzas un componente inquietante que me interesaba explorar.
De Georgia a Valencia, de Miami a Benidorm. ¿Hay algo más en nuestra economía que gigantescas bolsas de dinero moviéndose de un lado a otro?
Desde luego: existe una economía real que, al menos en buena parte del mundo occidental, parece estar a la defensiva y en decadencia.
El dinero viaja, sí, pero lo verdaderamente relevante es a quién arrastra en ese movimiento. En la novela, cada uno de esos lugares está vinculado a los protagonistas, a su pasado o a su forma de estar en el mundo. De algún modo, esos desplazamientos geográficos reflejan también desplazamientos personales: ascensos, caídas y huidas. El mapa económico termina siendo también un mapa emocional.
Cuatro muñecas rusas tiene una trama sofisticada. ¿Qué peso ha tenido la documentación?
La documentación ha sido constante, y me he valido de la asesoría de un exinspector de policía y de un funcionario de prisiones para que todo resulte lo más verosímil posible.
Me interesaba reproducir con exactitud el modus operandi de un sistema de expolio y entender cómo ese sistema condiciona las decisiones de quienes lo habitan.
Los peones de este juego del gran capital como Nadia se “fían” de la palabra de los mafiosos.
Porque, en determinados contextos, la confianza no es una elección, sino una herramienta de supervivencia. Nadia representa quizá la cara más expuesta de ese mundo, pero no es la única. Cada uno de los otros tres personajes femeninos establece su propia relación con el riesgo, el poder y el dinero.
Lo interesante es que ninguno de mis personajes es ingenuo. Todas toman decisiones conscientes dentro de márgenes muy estrechos. Y esa lucidez —más que cualquier violencia explícita— es lo que genera inquietud.
¿A quién se dirige Cuatro muñecas rusas?
A lectores que buscan una historia que funcione en varios niveles.
Por un lado, hay tensión, trama y movimiento. Pero el verdadero núcleo está en esas cuatro mujeres que dan título a la novela: capas que se contienen unas a otras, vidas que se reflejan y se contradicen. No es solo una novela sobre dinero o crimen, sino también sobre identidad, vulnerabilidad y poder.
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