miércoles, 6 de marzo de 2019

Club de Lectura Centro de Arte - Coordinadora, Maribel Orgaz - Alcobendas

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Me incorporo como coordinadora una nueva temporada al Club de Lectura de la Mediateca Centro de Arte Alcobendas. Puedes leer la anterior temporada aquí. 

El grupo está completo con una gran lista de espera. Más información, aquí.

5 de marzo. Madame Bovary, Gustave Flaubert
26 de marzo. Toda una vida. Robert Seethaler
30 de abril. El desván. Guanlung Cao
21 de mayo. El esclavo. Isaac B. Singer

En esta primera sesión hemos comenzado presentándonos y comentando algún detalle sobre el motivo de asistir al club de lectura o sobre nuestros gustos lectores. 

Como es habitual en las aperturas de los clubes de lectura que coordino he animado a los asistentes a que abandonen el modo de lectura académico y disfruten de las libertades que como lectores tienen con un libro:

1-Abandonar su lectura en cualquier momento: hay más libros que vida. ¿Por qué hay que perder el tiempo en algo que no nos gusta ni disfrutamos cuando otros miles de libros apasionantes nos esperan?

2-No somos filólogos. Nuestras lecturas no pretenden un conocimiento académico. Somos el lector ideal de un escritor: acudimos a sus textos sin prejuicios, abiertos a que nos sorprenda, dispuestos a recomendarle con entusiasmo.

3-Crear nuestra propia biografía lectora. Al margen del canon y de la presión sobre lo que hay que leer.

4-Convertirnos en lectores curiosos y apasionados.

5-Reconsiderar géneros y autores que nos habían estropeado como la poesía.

También puede leerse mi libro, Cómo organizar un Club de Lectura. Editorial Bercimuel. 



Madame Bovary y un poema de René Char

Nuestra primera lectura de esta nueva temporada es todo un reto porque este clásico de la literatura universal tiene tal carga de estudios críticos, montañas de opiniones de multitud de expertos, versiones cinematográficas, el entusiasmo ilimitado de otros escritores como Mario Vargas LLosa. En resumen, tal rebozado que es casi imposible llegar al texto original, hacer una lectura desde el desconocimiento. ¿Cómo leer con ojos nuevos un texto así?

Nos serviremos de nuestra libertad como lectores que no persiguen utilidad alguna, que no buscan incrementar conocimientos a través de la literatura, no tienen que hacer un examen de fin de curso ni exhibiciones eruditas. Esta libertad que nos permite plantearnos ¿qué méritos tiene esta novela para que yo, en este siglo XXI, siga leyéndola? ¿merece esta historia de unos valores sociales obsoletos, de una región provinciana francesa de hace dos siglos, que le dedique mi atención y mi tiempo?


Desde el comienzo establecemos una distinción: el contenido y la forma del texto. Creemos que Emma sigue sirviéndonos como prototipo actual de una mujer con la cabeza llena de pájaros, caprichosa, que sólo piensa en sí misma, que compra compulsivamente y cuya única distracción en su vida monótona es encadenar un amante detrás de otro.

El amor romántico que ella idealiza y que sólo le procura desgracias, su incapacidad para amar a su marido Charles, un mediocre médico rural, un hombre simple que sin embargo, tiene devoción por ella. El casi abandono en el que Emma tiene a su única hija.

Sobre el texto admiramos las descripciones, los diálogos, la forma en que Charles se enamora de ella, el humor con el que Flaubert retrata en tantas ocasiones a personajes y situaciones. La contraposición de una sociedad burguesa, de individuos que se comportan en muchas ocasiones como patanes, con sus intereses limitados y la figura de Emma que desea vivir algo más y que no tiene posibilidad alguna en un lugar como éste ni por educación ni por la clase social a la que pertenece.

En cuanto a la forma, coincidimos en que el texto es una obra de arte aunque hay una opinión acerca de si es necesario nombrar personajes que el autor no va a desarrollar después. Leemos algunos párrafos del texto y reparamos en cómo presenta a Emma, detalle a detalle para que el lector quede también cautivado por su belleza y elegancia.

Charlamos acerca de su posible depresión cuando su primer amante la abandona o de su anorexia nerviosa, en un tiempo en el que se carecía de palabras para estas dolencias psíquicas.

¡Ha de vivir! - René Char 


Para finalizar y como es costumbre en los clubes de lectura que coordino, leemos un poema.

¡Ha de vivir! Qu'il vive!

Esta tierra no en sino un voto del espíritu, un antisepulcro.

En mi tierra, las tiernas pruebas de la primavera y los pájaros mal vestidos son más estimados que los fines lejanos.

La verdad aguarda a la aurora junto a una vela. No nos cuidamos del cristal de la ventana: qué le importa al atento.

En mi tierra no se interroga a un hombre emocionado.

Sobre la barca zozobrada no hay sombra maligna.

Los buenos días a medias: eso no se conoce en mi tierra.

No se pide en préstamo más que lo que puede devolverse aumentado.

Hay hojas, muchas hojas en los árboles de mi tierra. Y las ramas son libres si no quieren dar fruto.

No creemos en la buena fe del vencedor. 

En mi tierra se sabe agradecer.

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