viernes, 13 de marzo de 2026

Casi en el fuego - Homenaje a Blanca Varela - Tertulia Arco Poético - Biblioteca Elena Fortún

 


Maribel Orgaz - @leerenmadrid
Ayer, 12 de marzo, acudí a la reunión de la Tertulia Arco Poético, una de las más veteranas de Madrid. Se celebra periódicamente en el auditorio de la Biblioteca Elena Fortún, es de acceso libre y su coordinadora, que es decir su alma, es la poeta Pepa Nieto. 

La convocatoria de marzo rindió homenaje a Blanca Varela, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, entre otros muchos galardones.

Alfredo Piquer abrió la tarde con una semblanza de la poetisa peruana que siempre fue renuente a publicar obra y que sólo lo hizo, según afimó, por instancia de sus amigos.

Los años de estancia en París fueron un antes y un después para impregnar su poesía de existencialismo. Casada y con dos hijos, vivió en Estados Unidos, Venecia, México y también en Perú, su país de nacimiento.

"Fue la primera mujer en ganar el Premio García Lorca de poesía", Alfredo Piquer, "amiga de Octavio Paz, José Bergamín y Pablo Neruda", dedicó uno de sus libros al poeta José Ángel Valente a quien admiraba.

"Reflexiva, desencantada y mística en sus últimos poemas", añadió Alfredo Piquer, hay también un detalle que merece resaltarse, su primer poema publicado fue "Acepto la fiesta".

Tras Alfredo Piquer, algunos de los asistentes leímos un poema. Éste fue el que Pepa me asignó:




Antes del día
A Dore Ashton

¡Cómo brillan al sol los hijos no nacidos!
      Blanco es el mes de enero, negras las olas que visitan la isla.
      El nido está en lo alto, sobre una piedra segura.
      No habrá que enseñarles ni a nacer ni a morir. ¿Por qué habría de enseñarse tales cosas?
      La vida llegará con avidez y ruido. Conocerán el sol. El mundo será esa claridad que nos pierde; los abismos de sal, la fronda de oscuras esperanzas, el vuelo del solitario que se da alcance a sí mismo. 
      Un círculo en el aire para atrapar algo de lo perdido.
      El sueño de ayer, la imagen que se escapa entre dos aguas, que se multiplica y transforma hasta no ser sino el agua misma, el brillo deslumbrante, instantáneo, de los propios deseos. 
      Mirada perdida en sí misma que se devuelve y recorre como un desierto familiar.
      Siempre al centro. Encrucijada o astro, efímera explosión de plumas, corazón sin reposo alentando todos los vientos.
     ¡Cómo brillan al sol los hijos no nacidos!
     ¿Qué clase de sueño traerán? Primera estrella destruida, primer dolor, primer grito.
     Golpe contra todo, contra sí mismo. Hacer la luz aunque cueste la noche, aunque sea la muerte el cielo que se abre y el océano nada más que un abismo creado a ciegas.
     La propia voz respondiéndose con el fracaso de cada ola.




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