martes, 30 de junio de 2020

Elegir el fuego - José Felix Valdivieso, poeta

 Maribel Orgaz @leerenmadrid
Jose Félix Valdivieso ha publicado su primer poemario, La Geografía del erizo después de un par de volúmenes de cuentos: Cosas y murciélagos (Incipit Editores, 2010) y Dibugrafías (Libros.com, 2017). En realidad, confiesa en esta entrevista, estos poemas comenzaron siendo relatos y se metamorfosearon en poemas. Políglota, de una erudición casi inconcebible en estos tiempos, tiene la bonhomía de compartirla con levedad, esto es, sentido del humor. 

Quizá ahora nos hayamos vuelto todos erizos: acercarse físicamente, no guardar distancia, es delito…

El caso es que, independientemente de lo que estamos viviendo, mantener una adecuada distancia debería ser considerado como una de las bellas artes, porque es fundamental para la ecuanimidad, la justicia, el buen trato con los demás, tanto en la amistad, como en la pareja…

En el poema La Distancia de La Geografía del erizo se dice:

Hay un punto,
del que equidistan,
el dolor y la alegría,
pasado el cual,
duelen más que alegran,
las tuyas, las mías,
las espinas…


Has comentado en una entrevista que este poemario fue escrito en un arrebato. ¿Es esta la diferencia en tu escritura con los cuentos?

Tengo que decir que estos poemas iban a ser cuentos, pero en un momento incierto, que realmente no recuerdo, se transformaron en poemas. En cualquier caso, creo que un arrebato creativo puede darse tanto en el cuento, la poesía, o en cualquiera de las artes. A lo que me refería con que La Geografía del erizo fue escrita en un arrebato, es a que las ideas para dar vida en verso a estos erizos me fluían, sin prácticamente hacer esfuerzo. Ojalá estuviera así siempre, como en arrebato!!!


Escribes tu poesía en español, a pesar de ser políglota. De estos idiomas que dominas, crees que alguno está especialmente indicado para la poesía y para finalizar esta pregunta, recomiéndanos, por favor, algún poeta.

Toda lengua es un conjunto de palabras en música, con su propio ritmo y melodía, pero música al fin y al cabo. Por ello, se trata de saber escuchar y descifrar la música de cada lengua. Así que, en principio, no hay ninguna más apta que otra, para hacer poesía. Es más, cada una es la más apta para hacer de sí misma su propia poesía.  Lo que sí hay es gustos, que llevan a que a uno le guste más la poesía de una lengua que la de otra. ¿Dónde está el gusto, en la manzana, o en quien la degusta? -se preguntaba Berkeley.

Recomendaría, por ejemplo, al enigmático poeta de la dinastía Tang, Han Shan, que en uno de sus poemas dice que los humanos vivimos en la ceguera del polvo, como insectos en un cuenco, que dan vueltas y vueltas, y nunca consiguen salir del cuenco (人生在塵蒙 恰似盆中蟲 终日行繞繞 不離其盆中).

Si la poesía es intensidad, ritmo y voz. Qué es, en tu opinión, la Voz.

La voz es nuestra entraña, o lo que se hace eco de la misma. El poema Elección dice:

No puedo
haber elegido
esta voz.
 
 —no puedo
         haber elegido
             este fuego—

La voz es esa fuerza inevitable, que quema dentro, y que sale en llamas por la boca.

La poesía parece vivir un auge en estos días, en estos tiempos que no parecen precisamente poéticos.

Creo que la poesía puede ser más popular en unas épocas que en otras, pero siempre estará ahí, porque trata de las cosas del corazón, y el corazón ha de latir siempre, si es que ha de haber vida.

En IE University, donde trabajo, se le da gran importancia a las humanidades, y entre los diferentes premios que hay en ese área, hay uno de poesía, en el que participan muchos alumnos que estudian gestión empresarial.


El ejercicio de tu profesión está ligado a China y hay una referencia a Matteo Ricci en la presentación de este poemario. En un vuelo de la imaginación, qué hubiera ocurrido si Ricci hubiera logrado la conversión del emperador Wanli al cristianismo.

Lo primero que habría que decir es que Matteo Ricci es uno de los casos más singulares de la historia en cuanto a asimilación cultural se refiere, pues pocos se han mimetizado tan bien con su país de acogida, como lo hizo él, que era un convencido de la existencia de principios comunes entre el Este y el Oeste.

Por otra parte, si esa conversión al cristianismo del Emperador Wanli se hubiese producido, creo que el peso y la especificidad cultural de China, no hubiese dejado que se desnaturalizase su propio ser, o sabor, chino. Quizás prueba de ello, pudiera ser que otra religión de gran peso, como es el budismo, se expandió por toda China entre los siglos I y II de nuestra era, pero siempre se mantuvo, digamos, dentro de los muros de la Gran Muralla, por decir, que no ha hecho a China budista.


Una realidad
Que todos hemos venido a lo mismo,
uno tarda mucho en comprenderlo.
Se trata de querer y ser querido,
en grados y distancias particulares,
que no son dimensiones de ninguna clase,
ni argumento para convencer a nadie,
sino una púa de realidad inusual,
aunque nos demos el gusto de llevar la contraria.


La geografía del erizo
José Félix Valdivieso
Editorial, Cuadernos del Laberinto
@iefelix

martes, 16 de junio de 2020

"En el arte español parece que están solos en el mundo", Antonio López - De Miguel de Cervantes a Benito Pérez Galdós, 8 de julio, 19h. UP Miguel Delibes (Alcobendas), Maribel Orgaz

"El gran arte español, que son habas contadas, es como un diamante. Es así o es una obra muy tosca". (25´56), reflexionaba el pintor Antonio López en una entrevista reciente. "Ese crecimiento que parece que todos aportan algo hasta que llegan a la punta más alta, en el arte español no se da y parece que están solos en el mundo".

El próximo 8 de julio a las 19´30h, y con libre acceso,  hablaré de nuevo sobre Benito Pérez Galdós, el mejor novelista español después de Cervantes. "¿Y después de él?", me preguntó un alumno en el curso Galdós, maestro de la narración que impartí en la Universidad Popular Miguel Delibes de Alcobendas el pasado invierno y que cerraré con un encuentro en abierto en unos días.

"Entre Velázquez y Goya no hay nada, hay oscuridad", continuaba López, "¿en qué se parece Goya a toda la pintura europea?".

Es probable que en la novela española, la oscuridad después de Galdós llegue hasta Ramón J. Sender. La Guerra civil que exterminó a toda la clase intelectual y artística española matándola u obligándola a exiliarse, provocó una escritura desgajada de su tradición natural que no pudo alimentar a quienes apenas escribieron dentro de España. Allí fuera logró continuar, por suerte, su gran obra, Sender.

"Cervantes, San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Ávila", continuaba Antonio López, "Son muy grandes, pero son muy pocos. Es algo que parece hecho en soledad, en un contacto emocional muy potente con el mundo real".

"Si no tienes esa potencia y esa energía enorme de apoyo de los demás en un tipo de aventura muy personal estás perdido", concluía.

Admirador de César Vallejo, según López, en la actualidad ya no hay una figura resumen de una época. "Hay más variedad en el arte que en la cara de los hombres".


"La civilización consiste en ser buenos, humanos 
y tolerantes, en hacer buenas leyes y cumplirlas".
Benito Pérez Galdós - Episodios Nacionales. 


viernes, 22 de mayo de 2020

Hay que adaptarse al ritmo del jardín, a su vida en libertad y plenitud - Ermitaños ornamentales de jardines. Manuel Gómez Anuarbe, escritor y paisajista

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Manuel Gómez Anuarbe realizó estudios de arquitectura del paisaje en la mítica Escuela Castillo de Batres: "descubrí que el jardín era la manifestación artística más completa de todas las artes. Antes pensaba que era un tema estético y botánico, pero me di cuenta que era principalmente filosófico, el único arte vivo que trata de representar el enigma del universo". Gómez Anuarbe, economista, arabista y paisajista es también escritor. Ha publicado Masonería y Santidad; Jardins du Maroc, d´Espagne et du Portugal; Lenguaje oculto en los jardines gallegos; Uclés, historia, paisajes, patios y jardines; Pasos perdidos de Bom Jesus; Jardín Alquímico de la Trinidad. Uclés; Cartas Órficas. Su última obra, Ermitaños ornamentales de jardines, Ediciones Cuadernos del Laberinto ha despertado de inmediato el interés del público.

¿Quizá las sociedades, según su libro excepto los griegos, han procurado articular formas para quienes no desean vivir en su seno y que este apartamiento ofrezca enseñanzas a los que viven en comunidad?

Las sociedades del pasado estaban más unidas por las creencias religiosas, al mismo tiempo que su relación con la Naturaleza era más directa. Los ermitaños constituían un ejemplo de acercamiento a Dios, a la Unidad o al Cosmos y servían de ejemplo a los demás. Hay que tener en cuenta que había falta de seguridad y, siendo frecuentes las persecuciones, muchos huían a lugares lejanos e inhóspitos.

Una gran aportación de Ermitaños ornamentales de jardines es la insistencia en que ha sido un fenómeno de hombres y mujeres.

Sí, la mayoría eran hombres, pero no porque las mujeres no estuvieran interesadas en el eremitismo. Si han sido menos numerosas probablemente se deba a los peligros que el aislamiento lleva consigo. La mayoría de las órdenes monásticas tuvieron su origen en ermitaños de ambos sexos que vivían aislados o en la proximidad. El aislamiento y la soledad se trasladaría más tarde a los conventos de clausura.


Ermitaños, anacoretas, monjes por devoción en muchas culturas pero ¿ermitaños pagados?

Fue un fenómeno muy curioso que empezó en los jardines del Buen Retiro de Madrid, donde había una serie de ermitas a las que la Corte acudía de merienda y de fiesta, donde había un monje al que se le pagaba un sueldo para hacer más real la tradición de las fiestas y romerías populares en honor de su patrono.

Los ingleses llevarían esta idea hasta tal extremo que en los jardines paisajistas de ese país se construían follies, que eran todo tipo de edificios inspirados en los clásicos de Grecia y Roma, donde no podían faltar grutas o ermitas en ruinas donde vivía un ermitaño a sueldo. Era un retorno a la Naturaleza, a una nueva Arcadia, donde el propietario del jardín se retiraba, identificándose con el ermitaño, sin los inconvenientes de soledad, vestimenta y silencio que a éste se le imponían

En las megalópolis en las que vivimos y aún más viviremos, ¿los ermitaños modernos son los encerrados con Internet?

Creo que solamente tienen en común la soledad, pero esta soledad no ha sido elegida, sino impuesta y me temo que va a ser cada vez más opresiva y radical.

En la introducción afirma que este libro nace de su propio interés por la vida solitaria. Como evitar que la mirada interior se convierta en la “caída” en un pozo interior.

Con el jardín. Durante este período de confinamiento me he retirado a mi jardín y he plasmado mis impresiones en un nuevo libro que se llamará Uclés, Elixir 19. He ido paulatinamente adaptándome al ritmo del jardín que cada instante me proporcionaba más satisfacciones. No ha habido más pozo que el que usaba para regar, un pozo de la vida en libertad y plenitud.

Es un largo proceso, que exige una actitud activa hasta conseguir ser parte del jardín, lo mismo que las plantas, los pájaros, los peces o la fauna subterránea. Debo confesar, no obstante, que de vez en cuando añoraba el calor de un abrazo humano.


Cuáles son sus jardines preferidos.

Es difícil elegir, pero si tengo que hacerlo, optaría por Oca, cerca de Santiago de Compostela, y por Villa Adriana, en Tívoli, cerca de Roma.

Para finalizar, una última pregunta. En su opinión, un país desértico como éste, ¿por qué aborrece los árboles? ¿Un problema de biofilia, de sensibilidad?

Es difícil de entender. En su origen es probable que estuviera relacionado con la lucha por la tierra de agricultores y ganaderos, para los que los árboles eran un estorbo. Creo que las nuevas generaciones son más conscientes debido al peligro del cambio climático, pero siguen sorprendiéndome las talas y podas indiscriminadas. Todavía existe la creencia de que los árboles que no dan frutos son innecesarios o constituyen un peligro o, incluso, que la poda les fortalece.

La carencia de biofilia de una parte de nuestra sociedad puede ser el resultado de una falta de contacto directo con la Naturaleza que, en el pasado, representaba a Dios y que ha sido suplantada por la Ciencia. La Ciencia nunca descubrirá su enigma porque a la Naturaleza le gusta ocultarse, como dijo Heráclito hace ya 27 siglos.

jueves, 14 de mayo de 2020

La lectura durante el encierro, la pérdida de libertad y las misiones espaciales

Maribel Orgaz - info@leerenmadrid.com
Entre las diez de la mañana y las dos de la tarde, el monje se veía asediado por la acediaun mal que atacaba al cuerpo y al espíritu, una atonía del alma:
"Le apremia a dirigir la vista una y otra vez hacia la ventana y a saltar fuera de su celda […] Además de esto, le despierta aversión por el lugar donde mora, hacia su misma vida y hacia el trabajo manual. […] El demonio le induce entonces al deseo de otros lugares en los que pueda encontrar fácilmente lo que necesita y ejercer un oficio más fácil de realizar y más rentable. […] Pone todo su ingenio para que el monje abandone su celda y huya". 
Este demonio del mediodía, que los cristianos han descrito desde el siglo IV, cuando surgieron hombres retirados a la soledad del desierto, incluye otras sintomatologías que la diferencian de la tristeza. El cristianismo, como otras grandes religiones, ha acumulado un saber ingente sobre los estados emocionales de todos aquellos que se retiran encerrados en cuevas, celdas o lugares inhóspitos. Sobre esto puedes leer más aquí.

Esta acedia o ansiedad del corazón resulta una lectura acertada en estos días en los que, a diferencia de un creyente voluntariamente enclaustrado, millones de personas han sido encerradas por sus gobiernos

Los monjes, sumidos en la acedia, explicaba Juan Casiano allá por el siglo IV, comían demasiado, se tornaban iracundos o se entristecían. Así que, las plumas de la Iglesia se lanzaron a analizar para identificar y después aliviar, el lastimoso efecto del emparedamiento que amenazaba con trastornar a sus más firmes creyentes.

En el siglo de la racionalidad y la ciencia, a menudo se desdeña lo que aquellos Padres del Desierto reconocieron sin Freud, psicoanálisis ni psicofármacos. Santo Tomás, según detalla Isabel Conejo Feliu de la Universidad Pompeu Fabra en su fascinante trabajo acerca de la evolución de este mal, realizó una gran síntesis, rica en matices, sobre las aportaciones que diferentes escritos religiosos habían hecho a esta dolencia de personas en aislamiento. No es casual que este término siga captando la atención hoy en día y que el trabajo de Feliu se titule, La acedia rasgo de la sociedad actual

Mientras los gobiernos afirman ser capaces de cabalgar el tigre que han desatado, las personas han de conformarse con mantenerse a flote, aunque en estos días parece que nos hemos dividido en dos grupos: los que son capaces de llevar a cabo un ritmo frenético de actividades y los que reconocen no poder sumergirse en una lectura profunda e incluso, concentrarse.
"Percibo todos los días que algo no funciona bien en mi amor a los libros. No funciona bien la literatura en mi cabeza ni tampoco lo hace el cine. Veo buenas películas, pero algo falla, algo se ha roto", Manuel Vilas, poeta.
La honestidad de Manuel Vilas ha sido un contrapunto al festival de escritores y artistas que afirmaban no encontrar diferencia entre ser enclaustrado -sin tan siquiera poder salir a dar un paseo- y su vida anterior o estar encantado de que le hubieran impuesto encerrarse -sin tan siquiera poder salir a dar un paseo- para bajar su ritmo. Lo que pudo ser uno de nuestros grandes recursos, leer las reflexiones de intelectuales, escritores y artistas sobre la administración del miedo, en palabras de Paul Virilio, ha sido una decepción.

Los lectores nos hemos preguntado, entonces, unos a otros, qué estaba ocurriendo. Qué ocurría para que fuera imposible abordar grandes lecturas teniendo supuestamente, las mejores condiciones para ello, cuál era el motivo, qué se podía leer para comprender esta situación. 

Para tener una idea más acertada de si habíamos leído más o en realidad poco más; la industria editorial ha ofrecido algunos datos. Roger Domingo, editor en Deusto, explicaba en una charla muy interesante que leer fue la tercera actividad más realizada en nuestras casas después de ver la televisión y hablar por teléfono. Domingo señalaba el dato curioso de nuestro apego al papel ya que la lectura en ebook apenas había aumentado, a pesar de ser más cómodo y fácil. Desde la Comunidad de Madrid se hicieron públicos los datos de su portal ebiblio que se congratulaba de haber realizado en el mes de abril algo más de 124.000 préstamos de libros on line... para una población de 6,6 millones de habitantes.

En la comunidad autónoma que tiene a gala ser la más lectora de España, esta cifra de ebook prestados era bastante modesta teniendo en cuenta que sus más de seis millones de habitantes estaban encerrados en sus casas -sin permitirles tan siquiera un paseo al día-. Faltaba recabar los datos de venta de libros, porque quizá hubiésemos comprado en abundancia pero los resultados han sido en palabras del director de la Feria de Madrid, Manuel Gil "dantescos" (y lo más vendido han sido libros para niños).

La gran oportunidad de lectura que supuestamente ofrecía el encierro para millones de personas no parece que haya sido, a falta de datos más precisos, aprovechada.

Que apenas hubieran aumentado los nuevos lectores quizá resulte comprensible pero faltaba una explicación a la perplejidad de los que estando habituados a leer, no podían hacerlo aunque lo intentaran.

En situaciones de aislamiento en misiones espaciales, cuevas y bases en la Antártida ocurre, según explicó Betel Martínez Valdés, psicóloga del Instituto Nacional de Salud Pública de México y de cinco posibles misiones a Marte; "el llamado estado de hibernación psicológica, debido a la privación sensorial y habitar espacios limitados a menudo en situación de hacinamiento". Betel puntualiza "la diferencia es que estas personas se someten a ello voluntariamente y saben cuándo acabará. En cambio, el aislamiento forzado al que se ha sometido a la población, no se sabe cuándo terminará".


Martínez Valdés, cuya webinar junto a Tania Robles puede verse aquí  habló acerca del impacto que esta hibernación psicológica causa: los recursos cognitivos están bajos y esto influye en una capacidad menor de concentración, de memoria y ejecución de procesos: la misma tarea intelectual que antes podía realizarse en una hora, ahora es mejor "partirla en dos y tomarse un café o descansar unos instantes".

Si a ello se suma problemas de sueño, "en la permanencia en cuevas es en donde mejor se ha estudiado la ruptura de ritmos circadianos"; el impacto sobre nuestras capacidades cognitivas es aún mayor.

Gracias a la neurociencia ahora tenemos la certeza de que leer literatura de cierta densidad, alta literatura o como prefiramos denominarlo exige un gran rendimiento a nuestro funcionamiento cognitivo.
"El equipo de Nicola Molinaro ha puesto de manifiesto cómo determinadas imágenes (en concreto el oximorón) estimulan intensas descargas eléctricas en las células nerviosas en ciertas regiones del lóbulo frontal, al contrario de lo que sucede con expresiones carentes de esa riqueza fonética". La lengua y la literatura, armas de creatividad masiva. María Victoria Reyzabal. Ediciones ACCI
En las misiones espaciales, en la permanencia en cuevas o las bases de la Antártida se ha comprobado los efectos del aislamiento "tras dos semanas", según los datos facilitados por Martínez Valdés. Nosotros hemos sido sometidos a dos meses de duro encierro. 

A pesar de lo que afirmaba Manuel Vilas en su artículo: "la literatura no funciona en mi cabeza en estos momentos porque la vida ha dejado de existir". Lo cierto es que nuestro cerebro se concentra, al igual que el de un espeleólogo o un astronauta, en seguir a flote en esta situación de aislamiento traumático y no malgasta energía en tareas que no le son esenciales.

"Prepárate para lo que se avecina", finaliza la psicóloga mexicana en esta charla en la que desarrolla hasta diez recomendaciones. "Cuando acabe la cuarentena si no te has cuidado no sólo físicamente sino emocionalmente, existirá un punto de bajón en el que estaremos irritables o muy tristes. Si has llegado bien al final y te has cuidado no sólo del contagio sino de tus emociones, el golpe postcuarentana va a ser menos de lo que pudo haber sido. Esto ha sido estudiado al salir de las simulaciones, una especie de bajón emocional".

En 1934, el aviador Richard E. Byrd se encerró en una cabaña en la Antártida para recoger durante seis meses, datos metorológicos y disfrutar de tranquilidad y soledad. Hubo de ser rescatado al borde de la muerte:
"Un hombre puede aislarse a sí mismo de las costumbres y comodidades (...) y obligar a su mente a olvidar. Pero el cuerpo no se adapta tan fácilmente, sigue recordando. (...) No creo que una persona pueda vivir sin sonidos, olores, voces; al igual que no puede vivir sin fósforo y calcio. Esto es, en general, a lo que me refería con el término impreciso de monotonía". Solo, Richard Byrd. Editorial Volcano. 

"El deber de un escritor hoy es recordar que hemos perdido la libertad. Bien poca gracia me hace cantar el Resistiré del Dúo Dinámico y pensar que estoy viviendo una aventura épica, porque lo que en verdad estoy viviendo es un delirio de subdesarrollo político, sanitario y económico". Manuel Vilas. 


sábado, 9 de mayo de 2020

Jueves, Don Quijote de la Mancha - Club on line Biblioteca Municipal Soto del Real


La Biblioteca de Soto del Real ha emprendido una lectura, de 10 en 10 capítulos del Quijote. Cada jueves, a las 18.30h. de manera gratuita y en abierto a todo el que quiera participar o sólo escuchar, basta con clikar en este enlace:  https://sotodelreal.eternity.online/videoconferencia.php?sala=ActividadesBiblioteca

Mientras dure el encierro al que nos tienen sometidos y hasta que nos dejen recuperar nuestras vidas, continuará esta puesta en común virtual de Don Quijote de la Mancha, bajo la coordinación del bibliotecario Juan Sobrino.

El próximo jueves, 14 de mayo a las 18.30h; diez primeros capítulos de la Segunda parte.

Más información aquí. 

domingo, 26 de abril de 2020

Club Lectura Fortuna y Jacinta,Tomo II - Benito Pérez Galdós - En abierto, 29 de abril, 18.30h. - Coordinadora, Maribel Orgaz


El próximo miércoles, 29 de abril a las 18.30h. tendrá lugar la segunda sesión del Club de Lectura sobre el segundo tomo de Fortunata y Jacinta, una de las grandes novelas de Benito Pérez Galdós (1843-1920).

La sesión de libre acceso forma parte del Club de Lectura de la Biblioteca Municipal de Soto del Real en donde coordino, el último miércoles de mes, uno de los grupos. En estas circunstancias de encierro, el Ayuntamiento ha ofrecido libre acceso a sus actividades culturales. Se puede simplemente escuchar si se carece de cámara o no se quiere intervenir en la sesión: 

https://sotodelreal.eternity.online/videoconferencia.php?sala=ActividadesBiblioteca

Finalizadas las dos primeras series de los Episodios Nacionales, Galdós quiso dedicarse sólo a las novelas y comenzó a escribir en 1881 las llamadas novelas contemporáneas. La calidad de esta producción, ceñida a ocho años que incluye 11 títulos es suficiente para que ocupe un lugar en la literatura española.

Cuando escribió Fortunata y Jacinta (1887), una novela de novelas como la califican algunos especialistas, Benito Pérez Galdós tenía 44 años; la edad en la que se considera que un novelista tiene una trayectoria de vida suficiente para comenzar a abordar sus empeños mayores. Físicamente aún no estaba debilitado, había adquirido la técnica suficiente a través de escrituras anteriores y sabía qué tipo de escritor quería ser.


"Galdós refleja con fidelidad y pasión la realidad histórica de un momento específico y ha tenido el talento de hacer vivir esa realidad (...). Crea centenares de personajes que vibran con vitalidad y son creíbles (...) pero por encima de esto ha sabido transcender la temática de sus novelas y ha sabido llegar a lectores de otros países y otros momentos". John Kronik, galdosista.




miércoles, 22 de abril de 2020

Abres un libro, lees y sueñas - Día del Libro, 2020

El del 2020 va a ser un Día del Libro atípico y habrá que esperar a que todo vuelva a la normalidad para visitar nuestra librería favorita o pasear por las casetas del Retiro durante la Feria del Libro. Estos días extraños, los libros han sido amigos fieles y grandes compañeros. "Gracias a ellos podemos escapar con la mente de las cuatro paredes que encierran nuestra actual realidad". Y por eso, hemos querido hablar con quienes los crean: escritores, poetas, editores… para saber sobre su confinamiento, sus recomendaciones literarias.

Desde «Leer en Madrid» hemos celebrado el Día del Libro hablando de ellos.


¿Cómo definiría la importancia de los libros en estos momentos insólitos en los que parece que solo existe el coronavirus?

Luis Alberto de Cuenca
—Son nuestro consuelo, nuestro bálsamo, nuestro mejor amigo en esta ola de terror que estamos padeciendo.

Carlos Augusto Casas
—Los libros son importantes siempre. Ha tenido que llegar esta plaga bíblica para que volvamos a recordarlo. Para darnos cuenta de que si queremos salir, viajar, ser otros, basta con abrir un libro. Es imposible permanecer encerrado si avanzas por las páginas impresas. Cuando todo esto pase, y la rutina nos arrebate de nuevo el tiempo libre, espero que no olvidemos lo que los libros han hecho por nosotros. He cambiado el nombre a mi tiempo libre, ahora es mi tiempo libro.

Julián Ibáñez
—Los libros sirven para cantidad de cosas. Lo abres, finges que lees y sueñas.

Alicia Arés
—Hace unas semanas mi hija Brianda, de 5 años, me preguntó de sopetón «¿Mamá, qué es la poesía?». Me quedé sorprendida ya que llevo 15 años siendo editora de poetas, pero nadie me había consultado esto nunca, y menos con esa naturalidad exenta de ningún escrúpulo intelectual.
La respuesta me salió directamente, igualmente sin ninguna pretensión intelectual: «Poesía es cuando me dices que me quieres».
Evidentemente surgió mi cimiento más becqueriano, pero este mínimo diálogo me hizo plantearme durante días la naturaleza de muchas cosas que damos por sentadas.
Igualmente de directa es la respuesta sobre la importancia de los libros: «La literatura me salva».

Paloma Serra Robles
—Se está demostrando una vez más que en los momentos de soledad la compañía de los libros nos hace sentirnos menos solos. Se multiplican las recomendaciones de libros, de accesos a bibliotecas online. Al final, igual hasta aprendemos algo.

Ángela Martín del Burgo
—Siempre la literatura ha sido una felicidad. Leer significa soñar, viajar por otros mundos, aunque se hallen también en este, pero en épocas de confinamiento como la que estamos viviendo por la pandemia del Coronavirus leer es más que nunca una ventana abierta, o mejor, una puerta, una puerta abierta al infinito. Podemos atravesarla y seguir soñando. Hay que dar las gracias a todos los que se han dedicado a las buenas letras, porque siguen siendo una amistad de inestimable valor, incalculable, y nunca sustituible. Como decía Quevedo «escucho con mis ojos a los muertos». Y es que la literatura es un espacio en el que cabemos todos, los vivos y los muertos. Y gracias también a los lectores que lo hacen posible completando el acto de comunicación, sin ellos nada sería posible.

Carlos Tejero
—El libro como producto intelectual es imprescindible en cualquier momento y en este precisamente es aún más necesario si cabe, porque permite acercarse de una manera tangencial o profunda a lo cotidiano o bien alejarse de esa realidad y adentrarse en otros mundos, incluso imposibles.

Clara Andreu
—Los libros nos permiten abrir las ventanas y saltar desde el balcón, volver a pisar la calle, coger barcos y trenes y volar. Más allá de los distintos escenarios alegóricos a los que nos permiten viajar, nos acercan, palabra tras palabra, al mundo interior de nuestras ideas que hoy es tan importante visitar. Conocernos, conocer y aprender a relativizar.

Antonio Perán Elvira
—Los libros nos harán comprender dos cosas: primero, que la realidad puede superar cualquier ficción, y, segundo, que hubo un tiempo en el que podíamos salir a la calle sin restricciones, y que esa debe ser la próxima ficción a convertir en realidad.

Juanjo Braulio
—Toda nuestra civilización se basa en la escritura y la lectura porque en ellas hemos construido relatos, mitos, religiones, leyes y ciencia y gracias a todo lo que hemos codificado con palabras escritas y leídas lo hemos superado todo. En esta época donde la oferta de ocio es la mayor de toda la Historia, los libros —que no necesitan cargador, ni conexión wi-fi, ni actualizaciones de software— vuelven para recordarnos por qué son uno de los grandes éxitos de la Humanidad desde hace dos mil años.

Claudio Cerdán
—Los libros son nuestra tabla de salvación. En prisión la biblioteca es fundamental para la evasión de los internos y en estos días de reclusión forzada también lo son para nosotros. Eso es algo que no va a cambiar.

Ignacio María Muñoz
—Si los libros son importantes en cualquier momento de nuestra vida, si son compañeros inseparables para aprender, para expandirnos, para viajar hacia fuera y evadirnos, o para viajar hacia dentro y conocernos, cuánto más en estos días... Si, además, disponemos de más tiempo para la lectura, podemos aprovechar para abrirnos a temas, géneros y estilos que no frecuentamos.

Montserrat Cano
—En estos momentos en que nuestro espacio vital se ha reducido tanto, es más necesario que nunca ampliar el horizonte de la reflexión y acercarnos a la experiencia particular, cosas que parece que se nos están negando. La lectura debiera servirnos hoy  para entretenernos pero también para recordarnos que nuestra renuncia a lo que somos como individuos solo puede ser temporal y excepcional, que esta uniformidad en comportamientos y sentimientos a la que nos hemos sometido por necesidad no puede convertirnos en seres gregarios sino en personas conscientes del valor de las relaciones personales.

Pedro Amorós Juan
—Los libros, sobre todo los buenos libros, son un sostén emocional e intelectual que nos aferra a la vida y nos permite establecer un diálogo fructífero con experiencias del pasado. La lectura de libros contribuye a no sentirse abrumado ante las circunstancias adversas porque es fuente de equilibrio y serenidad, lo que permite luego afrontar la realidad exterior con otra perspectiva.

José Félix Valdivieso
—Un libro siempre me ha parecido una pieza de puzzle, que hay que elegir, crear, si nos falta, y colocar, en el gran puzzle del mundo. Hay momentos, en los que parece más urgente colocar las piezas, pero la verdad es que siempre es necesario estar colocando piezas, siempre es necesario un libro para intentar completar, ese gran puzzle del mundo.

Juanma Ruiz
—En una situación tan insólita como esta se está demostrando la importancia de la cultura y del entretenimiento, que son dos cosas distintas pero que en muchas ocasiones van de la mano en una misma obra. La gente está recurriendo en masa a los libros, a la música y al audiovisual, y por suerte vivimos un momento en que hay una enorme oferta de todo ello al alcance de la mano. Pero lo importante es pensar, también, que la literatura, y la cultura en general, van a verse durísimamente golpeadas por la pandemia; que hace falta empezar ya la reconstrucción del tejido cultural que se está perdiendo.

Álvaro Fierro Clavero
—Mis dos hijos se han aficionado a la lectura a raíz del confinamiento, lo cual no puedo decir que compense lo que estamos viviendo, pero creo que les va a ser de ayuda en lo sucesivo y eso me alegra. Una vida sin libros es siempre menos de lo que podría ser.

Julián Garvín
—Los libros, en esta y el resto de situaciones, son una auténtica ventana al exterior. Nos transportan a otros lugares, nos hacen sentir otras vidas... son verdaderas válvulas de escape. Es fundamental, en momentos como este, rodearse de buena lectura. Aquellas historias que nos permitan pensar en algo más constructivo que este maldito coronavirus.

Ester Bueno Palacios
— Los libros son los salvadores de las soledades, veleros que nos llevan a lugares lejanos o a otros cerca de casa y ahora inaccesibles, nos dejan entrar en espacios de otros, en los cuerpos de otros y sentir lo que otros sintieron en inimaginables situaciones o momentos de vida, de destinos distintos. Por eso,  aventurarse entre páginas de libros, relatos o poemas, sencillas historias o grandes aventuras, nos libera no solo del yugo de las malas noticias sino del desamparo.

Jesús Urceloy
—El libro es un antiviral estupendo contra la idiocia, que es la enfermedad más terrible de cualquier sociedad anterior, presente o futura.

Recomiéndenos un libro para este confinamiento.

Luis Alberto de Cuenca
—«Historia de la Piratería», de Philip Gosse. Sevilla, Renacimiento, tercera edición, 2020.

Carlos Augusto Casas
—Un clásico poco conocido de la novela negra norteamericana: «El nombre del juego es muerte», de Dan Marlow. Una de las novelas más negras que he leído nunca. Una deslumbrante reflexión sobre el mal. Una de esas obras para las que no hay vacuna.

Julián Ibáñez
—Cualquiera donde salgan Sandokan y Morgan rumbo a los Mares del Sur.

Alicia Arés
—«La gloria de don Ramiro», de Enrique Larreta. Y sin duda, la edición ilustrada por Sirio.

Paloma Serra Robles
—«Un viejo que leía novelas de amor» para recordar al recientemente fallecido Luis Sepúlveda, que es maravilloso.

Ángela Martín del Burgo
—El libro que voy a recomendar es la novela «El desprecio», de Alberto Moravia (Il disprezzo), que es la novela que estoy terminando de leer en estos momentos. Publicada en 1954; de ella se hizo una versión cinematográfica por el director francés Jean-Luc Godard en 1963, Le Mépris, protagonizada por Brigitte Bardot en el papel de Emilia y Michel Piccoli en el de Ricardo. Las secuencias rodadas en Capri están filmadas en la fantástica casa de Curzio Malaparte al borde de un acantilado y sus alrededores.

Carlos Tejero
—«Verde agua», de Marisa Madieri, publicado en España en el año 2000 por Editorial Minúscula.
Es un breve diario de los tres años que transcurrieron desde noviembre de 1981 a ese mismo mes de 1984 en que Marisa Madieri nos relata el exilio que vivió con su familia desde Fiume —actual Rijeka en Croacia—, a Trieste y algunos momentos y reflexiones de los años en que escribe el diario.

Clara Andreu
—«Walden», de Thoreau. Para oler el bosque y aprender a sobrevivir, dándole a nuestro entorno natural la importancia que merece. Nos ayuda a desencadenarnos de la frialdad de la sociedad industrial y trascender en nuestra espiritualidad más profunda.

Antonio Perán Elvira
— Recomiendo para este confinamiento el libro de David Safier titulado « Jesús me quiere», que algunos pueden tachar de irreverente, pero que a mí me parece, aparte del humor con que está escrito (propio de David Safier), un libro entrañable.

Juanjo Braulio
—«El nombre de la rosa», de Umberto Eco.

Claudio Cerdán
—«La transmigración de los cuerpos», de Yuri Herrera. Una novela escrita hace años pero que parece transcurrir hoy. La pandemia ya existía en el género negro antes de toda esta locura.

Ignacio María Muñoz
—Me voy a permitir recomendar tres, según tres propósitos distintos. Para aprender, la biografía de Erasmo de Rotterdam, «Triunfo y tragedia de un humanista», de Stefan Zweig (Paidós, 2005). Para la evasión, «El hombre que pudo reinar, y otros cuentos», de Rudyard Kipling (Vallenar, 2003). Y para la introspección, «Hijos de la ira», de Dámaso Alonso (Castalia, 1986).

Montserrat Cano
—Si me lo permiten, recomendaré dos.
El primero es «Todo queda en casa», una espléndida recopilación de relatos de la gran Alice Munro editada por Lumen. Todos sus textos son un maravilloso ejemplo de cómo la literatura puede convertir lo local en universal y lo particular en general.
El segundo es un clásico necesario en este momento concreto: «Fahrenheit 451», de Ray Bradbury. Nos habla de lo que no debe ser una sociedad y, ahora más que nunca.

Pedro Amorós Juan
—«Las pequeñas virtudes», de Natalia Ginzburg.

José Félix Valdivieso
—«He leído que no mueren las almas»,  de Anna Ajmátova, que supo como nadie de silencios, confinamientos, y destierros.

Juanma Ruiz
—Personalmente, estos días estoy recurriendo a la literatura pulp y de ciencia ficción de hace casi un siglo. Y de ahí recomendaría, por ejemplo, los relatos de Edgar Rice Burroughs o de Robert E. Howard. Especialmente Howard, porque (sobre todo si se encuentra una buena traducción o se recurre al original) tiene una capacidad formidable de evocar una sensación de libertad en sus aventuras y sus paisajes que ayuda a contrarrestar la claustrofobia de las cuatro paredes. Para mí sus reinos fantásticos de Aquilonia, Estigia o Zamora con sus reyes, sus piratas y sus ladrones son oxígeno puro.

Álvaro Fierro Clavero
—Voy a recomendar el que estoy leyendo en este momento: «Herzog», de Saul Bellow, un novelista extraordinario.

Julián Garvín
—Quiero recomendar (sin miedo alguno a equivocarme) «Ya no quedan junglas adonde regresar», de Carlos Augusto Casas. No sé qué más decir que no se haya dicho ya de esta espectacular novela. Es ágil, directa y cuenta una historia que atrapa. Se habla mucho en estos tiempos de las personas mayores. Se habla ahora no para reflejar lo que verdaderamente representa este colectivo: la experiencia y sabiduría. La vida vivida y la que queda por vivir. En estos tiempos de coronavirus se nos presenta a la gente de cierta edad como una suerte de individuos débiles a los que hay que confinar. Como si no sirvieran para otra cosa que esperar la muerte o, con suerte, esquivarla temerosamente desde sus casas o residencias. El personaje principal de esta novela es un hombre mayor que tiene mucho que decir... y que hacer. No defrauda, palabra.

Ester Bueno Palacios
—Invitaría a  adentrarse en las páginas de «Suite Francesa», de Irene Nemirovsky. Maravilloso libro que habla de Francia durante los años de la ocupación alemana, un relato que fue escrito casi en directo y que habla de amor, de odio y de supervivencia.  El título hace referencia a la música de piano que guía la trama y la ensambla parte a parte haciendo de hilo argumental a lo largo de toda la novela. También os llevaría (como relectura) a mediados del siglo XX, al año 1957, a un premio Nadal y a la que es la primera novela de la gran Carmen Martín Gaite, «Entre Visillos» .  Escrita por una mujer y haciendo un retrato fidedigno e impagable de la vida de las mujeres españolas y de sus impuestos roles en la sociedad de  los años 50.

Jesús Urceloy
—Tres italianos fundamentales:
«El desierto de los tártaros», de Dino Buzzati.
«El gatopardo», de Lampedusa
«El caballero inexistente», de Italo Calvino.

¿Cómo va a celebrar el Día del Libro desde su casa?

Luis Alberto de Cuenca
—Como todos los días a lo largo del confinamiento: leyendo. Es el mejor homenaje que puede tributarse al libro.

Carlos Augusto Casas
— Abriendo dos cosas: la novela «América», de James Ellroy; y una botella de vino para compartir con mi mujer.

Julián Ibáñez
—Sueño que salgo de casa a las cinco de la mañana. Sueño que camino. Camino por caminos vacíos. Regreso, me meto en la cama y me duermo. (Es solo un sueño, señores guardias civiles)

Alicia Arés
—Intentando poner en orden mi biblioteca y disfrutando de la botella de vino que mi marido abrirá para conmemorar nuestra primera cita, allá por abril del 2010.
Ahora veo que eso que dicen las abuelas de que la vida pasa muy rápido es totalmente cierto.

Paloma Serra Robles
—Leyendo, enviando rosas virtuales a mi gente  y esperando que esto, como todo, pase.

Ángela Martín del Burgo
—Como todos los días, con libros. Pero es que mi vida desde hace muchos años está dedicada al libro, al libro de papel, no digital. Desde pequeña he visto cómo los libros iban ocupando estantes en el despacho de mi padre, y estos se prolongaban fuera del despacho en pasillos y otras habitaciones. Entonces, estaba prohibido tirar uno solo de sus papeles; siempre podía contener algo valioso. Durante este confinamiento, en el que no he vuelto a salir desde el 14 de marzo, por la mañana escribo y por la tarde leo. La lectura de los libros, uno tras otro, se va sucediendo. Y todos los que voy escogiendo de mi biblioteca y leo me gustan mucho. Tan solo en algunos instantes salgo al balcón y me recreo contemplando los colores del día —me enternece el rosa de la tarde— y el poco tránsito de la gente que pasa y los autobuses, casi siempre vacíos.

Carlos Tejero
—Será un día normal, habrá tiempo para todo: aseo, limpieza, respuesta a los amigos, visita desde la ventana a nuestros vecinos aplaudidores y, por supuesto, lectura, continua actividad que nos llena de gozo y aún más en este momento tan crítico.

Clara Andreu
—Empezando un nuevo título y brindando con el espejo. Pasar hojas con avidez es el mejor homenaje a nuestros autores.

Antonio Perán
—Muy parecido al resto de los días, ya que mis actividades apenas si se han visto afectadas por el confinamiento, aunque procuraré rendirle homenaje al escribir, como siempre, y leer, también como siempre.

Juanjo Braulio
—Leyendo y escribiendo.

Claudio Cerdán
—Leyendo. Y participando en una actividad online para el colegio de mi hijo.

Ignacio María Muñoz
—Como todos los Días del Libro desde hace muchos años, ojearé y buscaré hasta encontrar algunos que me gusten, y los compraré... Pero esta vez tendrá que ser en internet.

Montserrat Cano
—Leyendo. Me parece la mejor manera de hacer un verdadero homenaje al libro, a los escritores y a los lectores. Naturalmente, participaré en alguna actividad digital a la que me han invitado pero eso me ocupará solo una pequeña parte del día. No quiero olvidar que, si el movimiento se demuestra andando, el amor a los libros se demuestra leyendo.

Pedro Amorós Juan
—Leyendo, tomando café o bebiendo una copa de vino, sentado en el sofá, encerrado en casa y saludando a la vida, porque como decía el poeta «hay un solo placer, el de estar vivos».

José Félix Valdivieso
—Dejaré que un libro me lleve de viaje. Tengo ganas de cambiar de aires. Leeré alguna historia de la fascinante Ruta de la seda.

Juanma Ruiz
—El Día del Libro no lo voy a pasar en mi casa: lo pasaré en la Aquilonia de Howard, el Marte rojo de Burroughs o el Arrakis de Herbert. O resolviendo un asesinato con Sherlock Holmes, o con la inspectora Delicado de Alicia Giménez Bartlett, que ahora mismo me pone ojitos desde la estantería… Lo que tengo claro es que ese día voy a salir de viaje.
sus piratas y sus ladrones son oxígeno puro.

Álvaro Fierro Clavero
— Ese día tengo un taller de lectura que celebraremos por videoconferencia . Al terminar me incorporaré a una lectura de El Quijote.

Julián Garvín
— Seguramente con un buen libro de poemas en la mano y tiempo para visitar esas estanterías tan olvidadas. Ese es el mal de nuestro tiempo. Tenemos libros a montones... pero no tenemos lo fundamental: tiempo para leerlos. Esta cuarentena nos va a brindar esto último. ¡Yo lo pienso aprovechar!

Ester Bueno Palacios
—Lo celebraré haciendo un programa para mi espacio radiofónico De Almas y Palabras que emite la Radio de la Universidad de Salamanca, en esta ocasión leyendo poemas de la antología «Esta Luz», de Antonio Gamoneda. Seguramente también habrá unas horas en el día para la escritura.

Jesús Urceloy
—Como cualquier día normal. En silencio un poco. Contestando algún wasap- Hablando por teléfono con mi hija. Leyendo unas páginas de Poderes Terrenales, de Burguess. Cantando algún motete renacentista. Escribiendo unos versos. Escuchando a Steve Reich. Y tomando un poco de wisky de malta y un par de onzas de chocolate. E intentando no ver ni un solo minuto de televisión. Y pidiendo a mis dioses familiares que me echen una mano para que Marisol Huerta se lo piense un poco mejor y vuelva a ser el amor de mi vida.

¿Quiénes han participado?
Luis Alberto de Cuenca
(Madrid, 1950). Helenista, filólogo, poeta, traductor, ensayista, columnista, crítico y editor literario español.
Autor de, entre otros libros, «La vida en llamas», «Libros para pasártelo bien» o «Cuaderno de vacaciones».

Carlos Augusto Casas
(Madrid, 1971). Escritor y periodista. Autor de «Ya no quedan junglas adonde regresar», que revolucionó el género negro español, y que próximamente dará el salto a las pantallas.

Julián Ibáñez
(Santander, 1940). Considerado uno de los padres de la novela negra española. Autor de emblemático personaje Bellón.

Alicia Arés
(Ávila, 1970). Editora de Cuadernos del Laberinto, especializada en poesía y género negro.

Paloma Serra Robles
(Figueras,1976). Diplomática desde 2005. Actualmente vive en Sudáfrica. Poeta. Su último libro publicado es «Poemas sin tierra (Recuerdos de la India y Nepal)».

Ángela Martín del Burgo
(Morón de la Frontera, Sevilla).
Novelista y poeta, es también doctora en Filología y profesora de Lengua española y literatura. Autora de, entre otros libros, «Asesinato en la Gran Vía» o «Dónde la muerte en Ámsterdam».

Carlos Tejero
(Madrid, 1958). Poeta y autor teatral. Recientemente se ha editado su último poemario «El eco de las voces».

Clara Andreu
(Alicante, 1991). Autora del poemario «Escala de Mohs».
Combina su labor de correctora literaria con su trabajo en el Museo del Prado.

Antonio Perán Elvira
(Lorca, Murcia. 1954). Fue galardonado con el Premio Tiflos de Poesía, convocado por la ONCE; y con el Premio de Poesía de la Asociación El Arka de Colombia. Su último libro publicado es el poemario «Vía crucis».

Juanjo Braulio
(Valencia, 1981). Periodista y escritor. Entre sus obras destacan «La escalera de Jacob», «Sucios y malvados» o «El silencio del pantano», que ha sido llevada al cine.

Claudio Cerdán
(Yecla, Murcia. 1981). Escritor de novela negra. Autor de novelas como «El país de los ciegos», «Cien años de perdón» o «Los señores del humo».

Ignacio María Muñoz
(Bilbao,1959). Autor de las novelas «Mía», «Partido de vuelta» y «Mañana ya no es fiesta»; y del poemario «Crónica de ausencias y De la luz y del olvido».

Montserrat Cano
(Vilafranca del Penedés, Barcelona. 1955). Ha publicado, entre otros, los libros «Retrato de la felicidad», «Pequeñas piezas de la gran máquina», «La Gomera y el arrebato», «Arqueología» o «Los viajes inútiles».

Pedro Amorós Juan
(Murcia. 1966). Historiador, escritor y crítico literario. Especialista en Platón. Entre otros ha publicado los libros «Un aire de extrañeza», «La tradición en Platón» o «Beatriz Cenci, una historia romana».

Félix Valdivieso
(Bruselas). Políglota y Executive MBA de IE Business School. Es autor de los libros «La geografía del erizo», «Cosas y murciélagos» y «Dibugrafías».

Juanma Ruiz
Recientemente se ha editado su tercer poemario «Materiales de derribo».
También es redactor y crítico cinematográfico en la revista Caimán Cuadernos de Cine y profesor de narración audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos.

Álvaro Fierro Clavero
(Madrid, 1965). Comentarista sobre literatura, música y novela en radio. Recientemente se ha publicado su poemario «Los otros mundos. Poemas sin verbos».

Julián Garvín Serrano
(Talavera de la Reina, Toledo. 1984)
Ejerce la profesión de periodista como Coordinador de Cadena y Jefe de Informativos
en Kiss FM. Poeta. Su último libro publicado fue «Los versos vivos».

Ester Bueno Palacios
(Martínez, Ávila. 1966). Colabora como articulista en diferentes medios de comunicación y dirige la escuela de lenguas y saberes «Alma Mater». Poeta con dos libros en su mochila «La velada impaciencia» y «Nada es lo que decías».

Jesús Urceloy
(Madrid. 1964). Poeta, escritor y editor literario. Profesor de Escritura Creativa especializado en Poesía desde 1997. También es profesor y animador a la Lectura y a la Música Clásica.