sábado, 28 de febrero de 2026

Bajo los cielos de Madrid - José Miguel Palacios. Naturaleza de asfalto - Museo de Historia de Madrid

 



Maribel Orgaz - @leerenmadrid
Hace unos días, me acerqué a ver la exposición del pintor hiperrealista, José Miguel Palacios. Naturaleza de asfalto que estará abierta hasta el 24 de mayo y es de acceso libre.

A los madrileños, y quien está en Madrid lo "es", nos encanta cualquier exposición que tenga que ver con nuestra ciudad. 

Ya sea de juguetes de principios del siglo XX, de cantaoras para las que Madrid fue un antes y un después o ésta, de José Miguel Palacios, en la que reconocemos los trenes de cercanías, los puestos de los mercados o la Gran Vía.

En cualquier muestra de nuestra ciudad se produce, además, un fenómeno curioso. La gente habla entre sí, se pregunta, se corrige. ¿Qué barrio es éste? ¡Este juguete lo tuve yo! ¡Hasta los cables están perfectos! Y entabla conversaciones en el recorrido. Después, la recomienda a otros y muy pronto se convierte en un éxito de visitantes. Si se quiere llenar una sala, que el tema sea Madrid.

En Naturaleza de asfalto me llegaron recomendaciones de ir a verla y una vez allí hubo, como era de esperar, conversaciones espontáneas.

Pero algo me ha fascinado esta vez, se ha tenido el detalle de añadir dos vitrinas makingof . En la fotografía, la de sus lápices y pinceles. En la contigua la de su minucioso detallado de su planilla horaria. 

"Para conocer el tiempo invertido en cada cuadro y para mantener la disciplina comprobando si el tiempo semanal dedicado se ajusta a lo planificado", dice la cartela.


A qué se debe que tantas exposiciones tengan ahora un espacio dedicado al proceso de trabajo del artista, a los materiales que utiliza, al tiempo que emplea. En la bellísima Vitae de Leticia Reyero no ha faltado una vitrina con sus útiles de trabajo y sus bocetos.



Las razones tradicionales por las que nos gustaba asomarnos al estudio del pintor o ver su cuaderno de bocetos eran sabidas: desmitifica al artista, valora más su esfuerzo, nos planteamos que al fin y al cabo, comenzaron con una hoja en blanco o una piedra en bruto y quizá nosotros también seríamos capaces de hacerlo.

Sin embargo, hay aspectos nuevos en el tiempo de Internet. Los youtuber han descubierto que nos gusta ver pintar, ver comer, ver estudiar, ordenar e incluso ver abrir paquetes. Ver, en resumen, contenido anodino sin guionizar. 

Estos vídeos se denominan ASMR y se han especializado en vídeos con sonido o sin sonido.

Incluir vitrinas con lapiceros gastados, pinceles, un mazo o virutas es otro aspecto de la tendencia ASMR. 

Pero quizá hay algo más, nuestra búsqueda de autenticidad. 

En un mundo en el que los grandes emisores de fake news son los propios gobiernos y sus endoparásitos, los poderosos grupos de interés; los políticos et al se dieron cuenta de que las campañas y los engaños no podían presentarse bien encuadrados, bien enfocados, bien acabados y bien terminados porque algo estaba ocurriendo en Internet. 

Ahí estaba la guerrilla youtube con un móvil grabando como podía y logrando millones de visitas, publicando contenidos que a un mastodonte televisivo convencional ni se le había ocurrido que podían interesar al público. El tufo de lo relamido comenzó a ser sospechoso por falso. 

Mientras que lo imperfecto y lo casero, lo precario y las buenas intenciones con resultados quizá algo chapuceros se habían abierto paso. Nos parecieron más reales, creímos que eran auténticos.  

Acudimos a una exposición, contemplamos el detallado obsesivo de las horas de trabajo, los papeles de acuarela, sus cuadernos atiborrados, los restos de lapiceros, sus tachaduras y sus correcciones. 

No hay atajos si quieres lograr estos resultados, hay que labrar piedra, hay que gastar lápices, hay que producir desechos, hay que dudar y corregir e intentar enmendar. Hay borrones y desconchones y, a veces, torpeza y lamentos. 

Como la tosca terquedad de la real vida misma. 


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Caligrafía en la BNE















sábado, 14 de febrero de 2026

Shein y Spotify también venderán libros

 


Maribel Orgaz - @leerenmadrid
Hace unos días, la periodista Karina Sainz Borgo, entrevistó al editor Constantino Bértolo y era inevitable leer el artículo como un canto de cisne a la edición tradicional, aquella en la que un escritor entregaba su manuscrito a la editorial y ésta se encargaba de todo lo demás: publicarlo, distribuirlo y promocionarlo.

El autor se sentaba en su casa y le llegaba la gloria... pero, ahora, el autor vive en la era Byung-Chul Han

El panorama en este siglo XXI ha cambiado para siempre. La autoedición, las pequeñas editoriales y las plataformas digitales han dado la vuelta a la vintage forma de dar a conocer un texto.

De esta variedad ha nacido la gran oportunidad para nuevos autores, algo sobre lo que el negocio tradicional se ha abalanzado sin remilgos: se escudriñan los más vendidos en Amazon, se comprueban los seguidores de los autores en las redes sociales, se adquieren o se abren sellos de autoedición en las propias editoriales y a los autores que más venden se les ofrece entrar al catálogo tradicional.

De la misma bendita forma que Youtube permitió emerger a extraordinarios creadores de contenido que en la mastodóntica televisión no hubieran tenido una oportunidad. 

En la entrevista se citan con escepticismo los blog que ahora experimentan un resurgimiento a través de Substack si es que alguna vez dejaron de ser leídos. Ricardo Piglia se preguntó, mucho más lúcido y generoso, si el blog era el libro del futuro. Los egos se han ido a las redes y los blog se han quedado en el papel que siempre tuvieron, los contenidos de interés. 

Algunos aspectos del artículo son un tópico recurrente como el se publica mucho para a continuación citar los miles de títulos anuales que se ponen en el mercado. Se suelen citar así, a bulto, para que el lector sufra vahídos. 

Denle a la industria editorial alemana un mercado de más de 500 millones de hablantes de alemán con esos miles de títulos y a ver cuál sería su queja. 




El editor ha preguntado a las librerías cómo va la venta. El lector concede que quizá no es el tipo de entrevista para hablar con rigor de cifras y hay que conformarse con un parece que se venden más libros. 

Mientras, el ecosistema del libro digital y físico continúa a velocidad de crucero en sus cambios. 

En las últimas semanas un par de noticias han llamado la atención, dos nuevas empresas que influirán decisivamente desde lo que se escribe hasta cómo llega al lector. 

Las plataformas digitales han entrado en el negocio de la venta de libros con la misma fanfarria aterradora que Amazon décadas atrás dinamitando el canal tradicional de venta. 

La compañía de ropa low cost Shein ha comenzado también a vender libros. 

Shein está presente en 150 países con más de 100 millones de usuarios activos. 

«El cliente promedio de Shein lee de uno a tres libros al mes. Esto no es una moda, es un estilo de vida», declaró George Chan, gerente general de Shein en Estados Unidos".

El cliente promedio de Shein son mujeres de entre 16 y 30 años y los géneros más leídos son el romance, la fantasía y el misterio. ¿Se crearán libros para clientas de líneas de pijamas, pantalones de verano o con motivo de celebraciones especiales como halloween o el día de los enamorados? 

La segunda noticia es referida a Spotify que venderá libros en papel desde su plataforma, enviando al cliente a una aplicación que ordenará la compra en una librería tradicional.

En el caso de los audiolibros ¿qué ocurrirá con los derechos de autor, seguirán el mismo modelo que con su negocio musical?  

Qué papel tendrá la IA. Cuál será el siguiente paso tras su llegada a la distribución editorial. Era en este contexto en el que se ha publicado la entrevista a Constantino Bértolo. 



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Crear historias es crear mundos - El desacoplamiento creativo





 


viernes, 6 de febrero de 2026

Lo que funciona en España también lo hace en México y viceversa - Julio Martínez, editor de Océano Atlántico Editores

 


Maribel Orgaz - @leerenmadrid
Julio Martínez, periodista e historiador, recibió el año pasado el Premio Provincia de Guadalajara de Periodismo ´José de Juan García", autor de varias obras sobre la masonería, es también el editor de Océano Atlántico Editores y propietario del centro cultural y librería, Mareta en Guadalajara (España) en donde estuve hace unos meses. "Mi vida es un continuo transcurrir entre España, Francia y México", decía en El Asombrario, una de las revistas en las que ejerce de periodista. Compañero de APIA, en esta entrevista habla de su labor editorial y cómo sus libros cruzan los dos continentes.   


¿Cómo atender a los intereses de los lectores de dos países diferentes: España y México o más bien tres, Francia? 

Lo bueno de España y México es que compartimos tanto idioma fundamental como cultura. Por tanto, en este aspecto se nos facilita mucho el trabajo. Son intereses compartidos, quizá en México hay un mayor vínculo con toda la tradición literaria latinoamericana. 

Tenemos por ejemplo, el realismo mágico de Juan Rulfo y toda esa tendencia, pero realmente son muy muy similares y lo que suele funcionar en un país, de España a México, funciona en el otro, de México a España. Se nos facilita bastante tanto las continuidades culturales como idiomáticas.


Además de historiador, periodista, profesor y promotor cultural en Mareta, eres el editor de Océano Atlántico. Cuál es vuestra joya escondida y cuál es el más vendido. 

Prácticamente todas las editoriales tienen varias joyas escondidas, pero por seleccionar voy a mencionar Caras ocultas que es un thriller policíaco escrito por Vicente Camus y ambientado durante tanto el golpe de estado de Salvador Allende en Chile como en la transición a la democracia de este país latinoamericano. De hecho, el autor es chileno. 

Y por otro lado, con respecto a los más vendidos de la editorial, mencionaría tres. 

En primer lugar, Las hojas del ayer, escrito por Francisco de Asís Maura, una novela ambientada durante la Primera Guerra Mundial y que responde al concepto del idealismo mágico, a la corriente del idealismo mágico de Novalis. 

Y la verdad es que es tiene una escritura muy ágil y es muy amena de leer y está muy bien documentada. 

También quiero mencionar El niño que nunca regresó de José Alfonso Fernández, una novela que también tiene vinculaciones con la Primera Guerra Mundial, pero que está ambientada en la actualidad y de hecho vincula un pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara que se llama Miralrío con diversas regiones de Francia. También está muy bien documentada y la verdad que se está vendiendo muy bien. 

Y por último, Amal de María Bioque, la palabra amal significa esperanza en árabe, y narra las vicisitudes de la familia de Imad, desde la nakba palestina del año 1948 hasta la actualidad. Y en esta novela que relata la crudeza de la guerra de Israel desde los ojos de una familia palestina, también toca otros temas como la mujer en el mundo árabe o la homosexualidad en esa cultura.




La distribución sigue siendo el punto crítico de una editorial.

Efectivamente, como bien dices, Maribel, uno de los grandes problemas que tenemos las editoriales y sobre todo las editoriales pequeñas como pueda ser Océano Atlántico Editores, es el tema de la distribución. ¿Y por qué tenemos este problema? Evidentemente las empresas distribuidoras, que son las que nos permiten llegar a todos los lados, ponen unas condiciones que muchas veces son complejas y complicadas de asumir, pero al mismo tiempo eso es la seguridad de tener presencia en muchos lugares. 

En este aspecto, las editoriales independientes, como puede ser nuestro caso, Oceano Atlántico, apostamos por distribuidoras con trato directo, por la venta directa y a través de nuestra asistencia en ferias del libro o en presentaciones. Es cierto que es más trabajo, pero también nos permite una mayor rentabilidad.


De todo el equipo de la editorial, qué labor señalarías como esencial.

La verdad es que todo un conjunto, que el uno sin el otro, el diseñador sin el portadista, el portadista sin el maquetador, el maquetador sin el corrector tipográfico, verdaderamente sería un equipo incompleto.

Estas sinergias, por decirlo de alguna manera, entre los diferentes eslabones son esenciales todas ellas. Si falla uno de estos eslabones falla el producto final. Con lo cual, la labor del gerente o del editor es precisamente ésta, el poder generar esas sinergias y esa conciencia de grupo para que todos rememos en la misma dirección.