lunes, 15 de abril de 2019

Club Lectura Mediateca Anabel Segura, Alcobendas - Coordinadora, Maribel Orgaz


Maribel Orgaz- info@leerenmadrid.com
Comenzamos una nueva temporada en el Club de Lectura de la Biblioteca Anabel Segura, Alcobendas (Madrid). Si quieres consultar las temporadas anteriores, pincha aquí:

Cuentos, 2019 -   Abril-Junio, 2018 -   Cuentos, 2018 -   Octubre-Noviembre,2017 -   Mayo-Junio, 2017


En nuestra primera reunión y aunque algunos asistentes son veteranos, comentamos de nuevo que un Club de Lectura no son clases de literatura y que nosotros no somos filólogos. Nuestro objetivo es disfrutar de la lectura y convertirnos en lectores curiosos y apasionados; conocer a otros lectores, descubrir autores y géneros y disfrutar de una charla amena aprendiendo a mejorar nuestras habilidades lectoras. En resumen, "se trata de la cantidad de vida que un libro puede atraer".

Para ampliar estas ideas, escribí un pequeño manual Cómo coordinar un club de lectura. 


Reuniones otoño 2019 -  El Club está completo con lista de espera.                                                                                       

3 octubre.  84, Charing Cross Road,  Helene Hanff
17 octubre. El callejón de los milagros, Naguib Mahfuz
7 noviembre. Barrio de maravillas, Rosa Chacel
21 noviembre. La ciudad de la alegría,  Dominique Lapierre
12 diciembre. El dios de las pequeñas cosas,  Arundhati Roy

21 noviembre. La ciudad de la alegría,  Dominique Lapierre y un poema de Javier Bozalongo.

En esta ocasión, leemos un libro que a pesar de los años transcurridos desde que se editó, nos impresiona como si hablara de hechos ocurridos hoy en día. La ciudad de alegría de Dominique Lapierre ha vendido millones de ejemplares, ha sido llevado al cine y traducido a decenas de lenguas.

Coincidimos en que hemos podido leer este libro sobre la pobreza más absoluta de los suburbios miserables de Calculta porque junto a ella existe la solidaridad y la compasión, ayudar al otro y consolarlo. Incluso, a veces, belleza.

Nos conmueve y nos horroriza a partes iguales las historias de Hasari y su familia, un campesino que emigra junto a su mujer y sus hijos buscando alguna oportunidad en Calcuta en donde encuentra al menos, el poder tirar de un rickshaw. Las descripciones del olor pestilente de las miles de chabolas de La Ciudad de la Alegría, los insectos, las ratas y las inmundicias en las que viven estos desheredados de la tierra nos lleva a preguntarnos por qué las autoridades de su país no hacen algo por ellos.

¿Sería posible sumergirse en este lugar si no fuera con la fe del sacerdote Paul Lambert o del médico americano que por su profesión, ayuda a leprosos, niños desnutridos y hombres y mujeres atacados por la tuberculosis. ¿Si no es con una ideología o una fe o el sentido de una misión, puede soportarse ver cómo cientos de personas mueren sin salir nunca de una existencia en la más absoluta de las miserias?

A la reunión llevamos recortes de prensa, que denuncian hoy en día que hay más de tres millones de eunucos, que la pobreza de los suburbios sigue siendo terrible, que las mujeres continúan en una discriminación inimaginable.



Nos preguntamos acerca de cómo podría clasificarse este libro, ¿reportaje periodístico? ¿crónica novelada? La ciudad de la alegría continúa en la senda abierta por el llamado nuevo periodismo que ha recibido con el premio Nobel al trabajo de la biolorrusa Svetlana Alexievich por fin, el reconocimiento que merecía. Una crónica de hechos reales que utiliza los recursos de la literatura para transmitir a su audiencia un tema con profundidad y emoción.

Para finalizar leemos un poema de Javier Bozalongo.

Mundo vegetal de Javier Bozalongo



MUNDO VEGETAL
Cuando alguien de mi edad
cuenta cómo robaban nidos
al salir de la escuela,
nunca pienso en los pájaros
sino en mi propia infancia,
niño en ninguna parte satisfecho:
ajeno a la ciudad de los inviernos
y ajeno a los veranos en el pueblo.
Los árboles que guardo en la memoria
no custodian un río,
están en una plaza dando sombra,
hacen de portería en el colegio,
esconden los primeros besos.
Si son muchos, desde la ventanilla
confundimos sus nombres,
no hablen al conductor,
no escupan, no blasfemen,
rezaban los carteles de aquellos autobuses.

Mi mundo, vegetal, no es de este reino.

7 noviembre. Barrio de maravillas, Rosa Chacel con Ana Rossetti 


Esta sesión de nuestro club de lectura ha sido muy especial. Invitamos a la poetisa Ana Rossetti a que viniera a nuestra reunión a charlar sobre el Barrio de maravillas, ahora Malasaña, del que es vecina y también de Rosa Chacel, una de sus escritoras favoritas a la que conoció personalmente.

Ana nos habló de la escritura de Chacel, que es la definición de lo que consideramos literatura, de su dificultad para el lector y de la necesidad de leerla muy despacio e incluso volver a leerla varias veces para apreciar su singularidad. "Es una escritura sin anécdotas en la que aparentemente no pasa nada pero cuando vuelves sobre el texto te das cuenta de lo que, de manera elusiva está diciendo".

El carácter siempre irreductible de Chacel que no le favoreció nunca en su vida social, "y era así desde los diez años", la confianza de hierro en su vocación de escritura o su negativa a ser integrada en grupos, camarillas o etiquetas que la hubieran favorecido para ser más conocida en vida. 

"Ella estuvo fuera de España cuando aquí la Generación del 27 a la que pertenecía estaba escribiendo y dándose a conocer. Después, se fue a Grecia para acabar en el exilio en Brasil y allí se negó a ser etiquetada como exiliada".




Ana habló de sus otras novelas, Memorias de Leticia Valle o La sinrazón y dio la clave para apreciar a Chacel: simplemente disfrutar de su lenguaje. Hay que olvidarse de ir persiguiendo qué va a pasar, cuál es la trama.

Para finalizar, le pedimos que leyera uno de sus poemas y le dimos las gracias por su amabilidad al venir y su generosidad al compartir con nosotros su fascinación por Rosa Chacel. Cerramos la sesión con un gran aplauso. Éste fue el poema que nos leyó. 


Qué será ser tú
Qué será ser tú.
Éste es el enigma, la atracción sobrecogedora
de conocer, el irresistible afán de echar el ancla
en ti, de poseerte.
Qué será la perplejidad de ser tú.
Qué, el misterio, la dolencia de ser tú y saber.
Qué, el estupor de ser tú, verdaderamente tú y,
con tus ojos, verme.
Qué será percibir que yo te ame.
Qué será, siendo tú, oírmelo decir.
Qué, entonces, sentir lo que sentirías tú.

Ana Rossetti
(Punto umbrío, 1996)


El callejón de los milagros, Naguib Mahfuz y un poema de Juan Bonilla 
En esta ocasión, leemos y para muchos de nosotros es una relectura que no ha perdido con el tiempo, al gran novelista egipcio y Premio Nobel Naguib Mahfuz. El callejón de los milagros es una de sus novelas más reconocidas que fue incluso, llevada al cine.

Esta callejuela en donde conviven el dueño del café, los panaderos, un hacedor de mendigos, un joven aprendiz de barbero y un buen puñado de personajes, se presentan ante el lector con la habitual simpatía con que Mahfuz trata las vidas minúsculas, insignificantes de la gente. Sus conflictos, sus amores, su lucha por sobrevivir se despliegan ante el lector con los atributos que le dieron fama: extraordinaria precisión psicológica, un lenguaje a menudo poético, unos diálogos vivos y un profundo lamento acerca de la incapacidad del moderno Egipto para ofrecer vidas más dignas a sus empobrecidos habitantes.

En nuestra reunión elegimos nuestro personaje preferido: el bueno de Abbas o la ambiciosa Hamida, el doctor Bushi o Zaita el deformador, la coqueta señora Afifi, el botarate Housaini.

Leemos en voz alta algunos párrafos en donde Mahfuz explica el estado psicológico por el que el enamorado Abbas finalmente, desea vengarse de su amada o las esperanzas de la señora Afifi al volver a casarse con 50 años, el viejo Salim Alwan que tras un infarto se vuelve un amargado que rechaza a los hijos y a su esposa.

Destacamos el humor bondadoso y también la ternura con la que Mahfuz describe a un niño de 14 años alcoholizado.



Sólo la guerra y los soldados ingleses representan una posibilidad de ganar algo más de dinero, tener agua corriente y electricidad. El barrio que es un microcosmos de Egipto, parece por contraste anclado en un tiempo sin tiempo en el que las vidas de sus habitantes apenas pueden ir más allá de sobrevivir al día a día, quizá casarse y sacar adelante a sus hijos.

¿Azar o destino? Nos preguntamos durante nuestra tertulia. Es decir, ¿una visión del mundo moderna, racional, en la que somos hacedores de nuestro destino o religiosa en la que todo está escrito y sólo cabe exponernos a lo que nos deparen los cielos? ¿Comparte Mahfuz-autor, la creencia de que ambicionar algo más que la pobre callejuela en donde uno nace es tentar a los dioses, salir del destino prefijado y por tanto, habitar un infierno?

Para finalizar, como es habitual en nuestros clubes de lectura, leemos un poema del jerezano Juan Bonilla que cierra en esta idea, nuestra lectura.

No volverás a ser joven de Juan Bonilla



No volverás a ser joven (ni falta que te hace) - Juan Bonilla

Imitación de Gil de Biedma

Que la vida no va en serio
lo empezamos a comprender muy pronto.
Como todos los jóvenes vinimos
fundamentalmente a hacer el tonto.

Ni dejar huella ni
domar el lento potro
del miedo a envejecer, morir. Morirse
una fea costumbre de los otros.

Pero ha pasado el tiempo
y no nos divertimos en la feria
del mundo. Sólo aprendimos esto:
que la vida no es seria.

De todos los que pudimos ser
en el espejo no nos queda nadie.
Eso es envejecer:
cualquier futuro ya nos viene grande.

84, Charing Cross Road,  Helene Hanff y un poema de Ángela Vallvey   


Empezamos la temporada otoñal con un libro pequeño que narra los pedidos que una escritora de guiones americana hace a una librería londinense de segunda mano en 1950. 84 Charing cross Road se reedita año tras año y en diferente formatos lo que da idea de su popularidad.

Ha sido lleva al cine y al teatro en versiones que también han sido muy bien acogidas por los lectores, que tampoco es muy habitual. Helene Hanff, su autora, parece que acertó cuando se le ocurrió dar a su editor parte de la correspondencia que mantuvo durante más de veinte años con su librero londinense.

En general, nos ha gustado el libro y nuestra primera pregunta surge cuando especulamos hasta qué punto, las cartas se han retocado literariamente. Desde luego, se hizo un trabajo de selección pero ¿se las pulió después? y, entonces ¿lo que hemos leído es también ficción?

Charlamos acerca de si hay una historia de amor o sólo afecto entre Helene y Frank, el empleado de la librería que la atiende y de la sorpresa que nos ha producido el racionamiento draconiano que sufrió Gran Bretaña tras la II Guerra Mundial.

Helene al saber que tienen tantas carencias de alimentos y aunque no gana mucho dinero como guionista, envía a los empleados de la librería desde un jamón de tres kilos a unas medias de nylon. A todos les conmueven su generosidad.




Intercambiamos opiniones acerca de qué es lo que hace que funcione tan bien este libro: la personalidad llena de humor y simpatía de Helene frente a la contención de Frank, su lenguaje sencillo, ser una historia real. Leemos en voz alta algunos párrafos e incluso algunas cartas completas para apoyar nuestras opiniones.

A la reunión llevamos el poema Miniver Cheevy de Edwin Arlington Robinson porque Helene dice, en una de sus últimas cartas que se siente una mini Cheevy, alguien fuera de la época en la que le ha tocado vivir.

Para finalizar, el próximo 25 de octubre, La Asociación Literaria Paréntesis celebra su cineforum a las 1830h. en Casa de las Asociaciones, calle Cáceres, 18 con la versión para el cine de este precioso libro.

Finalizamos la reunión, como es habitual, con un poema, en esta ocasión de Ángela Vallvey.



Campesina europea en tiempos de guerra,  Ángela Vallvey 




Campesina europea en tiempos de guerra
(mediados del siglo XX)

Sé cultivar la tierra como un hombre.
He criado cinco hijos,
y todos fueron a la escuela
para aprender lo que está bien y mal.
Al mediodía, tengo la comida preparada,
hago ganchillo y vuelvo a los campos
tirando de la vaca,
con un cántaro de leche vacío
y un fardo de jaras secas a la espalda.
En la casa, cuido de los críos
cada atardecer.
Remiendo la ropa y doy
de comer a cerdos y gallinas,
cocino la cena, lavo los platos,
meto a los niños en la cama,
pongo un poco de orden.
Cuando él estaba,
esperaba a mi marido junto al fuego y,
si era necesario,
en el lecho saciaba su sed.
Ahora, él lucha lejos y,
si la guerra termina y sólo yo quedo con vida,
seré el caballo, si hace falta,
seré el buey y la esposa,
el hombre de la casa
y el cielo azul tras la ventana.



Reuniones primavera-verano, 2019

11 de abril. La muerte de Ivan Illich. Lev Tolstoi
23 de abril. El guardián entre el centeno. La reunión tiene lugar en Centro de Arte, Alcobendas.
16 de mayo. Farándula. Marta Sanz
30 de mayo. Un jardín en brujas. Charles Bertin
Junio. Salida

Un jardín en brujas de Charles Bertin y un poema de Anne Sexton 

En nuestra última sesión de esta temporada, leemos una miniatura: Un jardín en brujas de Charles Bertin editada por Errata Naturae. Un hombre en su vejez años rememora los veranos felices junto a su estrambótica abuela. De los 5 a los diez años, el autor pasó los meses estivales entre el frescor del jardín y su benevolente atención.

Bertin es un autor belga desconocido en España y este libro se ha traducido recientemente. Según parece, Charles Bertin tuvo una vida anodina como alto funcionario en el aparato del Estado francés pero es autor de una obra rara y exquisita.

En algunos momentos, a algunos de nosotros nos cuesta seguir las descripciones tan nostálgicas y poéticas del frescor del jardín, de la luz sobre la escalera, del olor del desván. Sin embargo, a todos nos parece conmovedora la relación entre la abuela y su nieto.

Al hilo de la lectura, señalamos cómo esta pequeña historia nos puede enseñar a escribir sobre nuestra biografía o marrar hechos que se han vivido en nuestra familia y que queremos rememorar.


En primer lugar, el libro comienza con su abuela tocando una trompeta subida a un taburete en el jardín para anunciar que es el cumpleaños de su nieto. Capta la atención del lector con mucho sentido del humor. Una constante en toda la obra.

Los pequeños hechos cotidianos como el traslado del abuelo, un ferroviario, son descritos con un enorme cariño pero utiliza palabras que dan a estas pequeñas zozobras cotidianas, la dimensión de una aventura épica. Y quizá sea así. ¿Acaso en la vida de la mayoría de nosotros no es un gran acontecimiento vivir en un lugar o en otro, tener un hijo o disfrutar junto a un nieto?

En una vida cotidiana que transcurre plácida, los momentos en que la rutina se rompe han de ser descritos con la significación que tienen. La abuela de Charles Bertin añadía en muchos casos, algo de teatralidad para intensificar algunos momentos. El mejor ejemplo es la excursión en bicicleta.

También charlamos acerca del estilo de su escritura. A pesar de que Bertín ha fallecido en 2002, parece escribir en una cadencia propia del Siglo XIX. Es un logro, puesto que el tiempo vivido con su abuela fue, efectivamente, antes de la II Guerra Mundial y ha sabido recrear muy bien la atmósfera de aquella época.

Nadando al desnudo, Anne Sexton

Para finalizar leemos un poema en prosa de Manuel Vilas y otro de Anne Sexton.

Nadando al desnudo
Anne Sexton
En el sudoeste de Capri
encontramos una pequeña gruta desconocida
donde no había nadie y
la penetramos completamente
y dejamos que nuestros cuerpos perdieran toda
su soledad.

Todo lo que hay de pez en nosotros
escapó por un minuto.
A los peces reales no les importó.
No perturbamos su vida personal.
Nos deslizamos tranquilamente sobre ellos
y debajo de ellos, soltando
burbujas de aire, pequeños
globos blancos que ascendían
hasta el sol junto al bote
donde el botero italiano dormía
con el sombrero sobre la cara. 
Un agua tan clara que se podía
leer un libro a través de ella.
Un agua tan viva y tan densa que se podía
flotar apoyando el codo en ella.
Me tendí allí como en un diván.

Me tendí allí como si fuera
la Odalisca roja de Matisse.

El agua era mi extraña flor.
Hay que imaginarse una mujer
sin toga ni faja
tendida sobre un sofá profundo
como una tumba.

Las paredes de esa gruta
eran de todos los azules y
dijiste: “¡Mira! Tus ojos son color mar. ¡Mira! Tus ojos
son color cielo”. Y mis ojos se cerraron como si sintieran
una súbita vergüenza.



Farándula de Marta Sanz y un poema de Juan Manuel Romero

Nuestra lectura de Farándula no nos ha dejado indiferentes. Algunos de los asistentes no han podido terminarlo, otros han terminado la novela sólo por debatir conociendo a fondo el texto. A una minoría les ha entusiasmado.

Es habitual que cuando planteamos textos premiados y que hayan causado impacto cuando los recibieron los lectores, Farándula es junto a Clavícula lo más leído de Marta Sanz; si no conseguimos conectar con el texto nos preguntemos el motivo.

En primer lugar está su manera de utilizar el lenguaje, amontonando descripciones, sinónimos, adjetivos... y que, sin embargo, no terminan de definir lo que se quiere decir. Es tarea del lector hacerlo. En algunas ocasiones, este exceso nos satura. Leemos en voz alta cuándo estas descripciones tumultuosas son un acierto.

Nos preguntamos si el acierto del texto es haber retratado de manera correcta el mundo del teatro y en concreto de los actores que apenas sobreviven en España ejerciendo su profesión. Aportamos algunos textos al respecto, el estudio de AISGE  y el realizado por Comess Group. La situación, concluimos, para los actores desde que Marta Sanz publicó Farándula es aún peor. En este sentido, la novela es fiel a la realidad.


Sobre la trama, nos hacemos la pregunta de qué va la novela, si tuviésemos que recomendarla a alguien ¿cómo la resumiríamos? Tenemos dudas. Descartamos que sea una novela coral. Sabemos el tema, podemos citar un personaje pero no describir una trama a la manera convencional como hacemos con otras novelas.

En la reunión, llevamos un extracto de entrevistas a la escritora en donde explica prolijamente el fondo de Farándula: la precariedad en la profesión, los excesos de los actores, si han de ser de escasa inteligencia para desempeñar su trabajo, sin han de tener buen físico, qué ocurre cuando se posicionan políticamente. Cómo el poder los tiene siempre bajo vigilancia. 

En esta posición ideológica que Marta Sanz siempre explica en sus entrevistas subyace en sus textos pero también en cómo intenta formarlos. Sanz renuncia en Farándula a la trama en la idea de que una manera de contar una historia es una manera de imponer una única forma de abordar un tema. De imponerse al otro con una sola visión. Recordamos a Chimamanda Ngozi Adichie quien lo ha explicado en una charla de manera atractiva. 

En ocasiones el texto nos entusiasma: la descripción, de un personaje atrapado en una rejilla en el suelo, de la puerta del Sol; la vieja dama del teatro y su manera de fastidiar a quien la cuida, los actores comprometidos que han luchado por la dignidad de la profesión y su vida cotidiana.

Igual que quien injerta... un poema de Juan Manuel Romero

Para finalizar y como es habitual en nuestros clubes de lectura, leemos un poema que contrasta con el tono del texto de Marta Sanz, para darnos un bello respiro.


Igual que quien injerta
sobre la rama abierta el brote nuevo,
así te llevo en brazos al dormirte.

Me ha pesado entender que dando vida
estás atándote a la vida,
y creces cuando ayudas a crecer.

Cada día me ato más a ti
para que corra el tiempo por nosotros.

Te llevo en brazos
pero eres tú quien me sostiene.

  El guardián entre el centeno, J.D. Salinger y un poema de Robert Burns 

En esta ocasión, celebramos nuestra reunión sobre El guardián entre el centeno en el Centro de Arte, en su sala de exposiciones, repleta de obras de arte y con una luz natural extraordinaria porque la pared en donde están nuestras sillas es de cristal. Es un lugar precioso y lo comentamos antes de empezar.

Esta lectura, en abierto, a la que acuden otros lectores que no pertenecen al club de lectura, se incluyó en la programación de la Semana del Libro de Alcobendas.

Como es habitual, se ha preparado en fotocopias para los asistentes una entrevista del autor y algunos datos en torno a la novela, además de los versos del poeta romántico escocés Robert Burns del que J.D. Salinger toma el título.

Para empezar comentamos de manera breve la biografía del autor y la fecha de la publicación del libro. También algunas anécdotas en torno a este texto que es prácticamente una leyenda en la que hay lectores que afirmaron asesinar por él, negativas a que se lleve al cine, más de 60 millones de copias vendidas al año y unas 250.000 al mes hoy en día.

En cuanto a las cifras de ventas, surge la pregunta de si no seguirás siendo tan altas porque es texto obligatorio en muchos institutos de Estados Unidos. Algunos de los asistentes comentan que también aquí, en algunos centros de secundaria o bien es lectura obligatoria o, al menos recomendada.

Nos planteamos si el libro también tiene como mérito haber captado por primera vez la voz de un adolescente. Si la infancia es visible a partir del Siglo XVIII -antes los niños en el Arte eran adultitos y no niños-, la Sociología considera que la adolescencia es una etapa vital nueva de experiencias compartidas comunes después de la II Guerra Mundial por tres razones: la educación secundaria masiva, la legislación laboral que deja fuera a esta edad del trabajo nocturno y las jornadas extenuantes; y las nuevas leyes penales que los separan de los adultos.

Otros aspectos del libro nos llevan a valorar la calidad del texto: cómo refleja la pérdida de la inocencia, las repeticiones del lenguaje de Holden que son las de cualquier adolescente, su comportamiento a ratos infantil y a ratos como un adulto, el encuentro con su hermana pequeña, su deseo de salir al mundo y volver a casa, su relación ambivalente con sus profesores.

Comentamos también, los diferentes títulos que tuvo la obra antes del definitivo y cuál nos parece más apropiado.


Intentamos separar si este libro es para nosotros, adultos y lectores, un texto sin interés pero con mérito para merecer la pena su lectura o consideramos que, finalmente, está sobrevalorado.

Salinger, puede afirmarse, es autor de un solo libro de cuyos derechos vivió toda su vida. Su comportamiento excéntrico, aislado en una zona apartada, ¿fue por que no tenía nada más que decir? o ¿ese encierro le apartó de la posibilidad de la escritura sumiéndole en una auto-contemplación estéril hasta su fallecimiento?

A lo largo de la reunión, charlamos sobre cómo es posible escribir un texto como éste, con su ternura y sus imágenes poéticas, mientras se lucha en una guerra tan atroz como la II Guerra Mundial, una participación que le supuso al soldado J.D. Salinger estrés postraumático del que nunca, según sus biógrafos, se recuperó. Una paradoja que, apreciemos o no el texto, es digna de mencionar.

A través del centeno, Robert Burns

Para finalizar, leemos el poema del que J.D. Salinger extrae el título de su novela, aunque el episodio al que se refiere, no es una interpretación literal del texto.



A través del centeno, pobre chica,
A través del centeno,
Arrastraba las enaguas.
A través del centeno.
Si dos personas se encuentran
A través del centeno,
Si dos personas se besan.
¿Tiene alguien que llorar?
Si dos personas se encuentran
A través de la cañada;
Si dos personas se besan,
¿Tiene el mundo que saberlo?
Jenny es una pobre chica empapada;
Jenny casi nunca esta seca;
Arrastraba las enaguas,
A través del centeno.
La muerte de Ivan Illich de Lev Tolstoi y poemas de Anna Ajmátova y Marina Tsvetáyeva 

Esta primera reunión de nuestro club de lectura es toda una prueba para un lector ya que nos enfrentaremos a uno de los más angustiosos textos que ha dado la literatura: un hombre moribundo es consciente de que su vida, entregada a lo que la sociedad espera de él, es una impostura.

El protagonista nos inspira a veces compasión y otras, nos resulta antipático por su única preocupación vital: ser miembro de éxito de los altos funcionarios del estado.

Nos preguntamos acerca del motivo de Tolstoi para comenzar la narración anticipando que el protagonista ha fallecido. Comentamos que nos recuerda a Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez y que quizá, de esta manera, al invertir el orden lógico de los hechos, el lector queda atrapado en la lectura porque quiere saber el motivo del fastidio que la muerte de un hombre provoca en su familia y sus amigos sin que, al menos uno de ellos tenga un pensamiento caritativo.

Reparamos en la habilidad de Tolstoi para presentar en apenas un comentario y nada más comenzar el texto, a la única persona que le trató con humanidad en su agonía, un criado. Este siervo tendrá después, en la narración gran importancia.

Intercambiamos opiniones sobre la enfermedad que causa la muerte de Illich, según parece, una pancreatitis causada por el golpe que se da al caerse, mientras cuelga las cortinas nuevas. Este salón y su mobiliario son su gran orgullo y los cuida con esmero.

Algunos de nosotros habíamos leído con anterioridad, Toda una vida de Robert Seethaler, una pequeña novela en la que un campesino pobre austriaco, tras una infancia de maltrato y una vida durísima, muere tranquilamente y con agradecimiento. El contraste con el relato de Tolstoi no puede ser mayor.

En nuestra reunión, hablamos sobre los problemas de la traducción de la literatura rusa al español, de Emilia Pardo Bazán que fue la introductora de la literatura rusa en España con sus artículos y su conferencia en el Ateno sobre los grandes novelistas rusos del Siglo XIX. Charlamos sobre la labor de Selma Ancira, una de las mejores traductoras de Tolstoi al español y repasamos de manera somera algunos de los datos de la biografía de Tolstoi.



Poemas de Anna Ajmátova y Marina Tsvetáyeva 

Finalizamos nuestra reunión con dos poemas de dos grandes autoras rusas.

Cuando escuches el trueno me recordarás...

Cuando escuches el trueno me recordarás
y tal vez pienses que amaba la tormenta...
El rayado del cielo se verá fuertemente carmesí
y el corazón, como entonces, estará en el fuego.

Esto sucederá un día en Moscú
cuando abandone la ciudad para siempre
y me precipite hacia el puerto deseado
dejando entre vosotros apenas mi sombra.



                                         Marina Tsvetáyeva

Abandonados en el polvo de la tienda
(¡donde nadie los compraba ni los compra!)
mis poemas, como vinos exquisitos,
esperan su tiempo.                                 



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